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Dama que el cine no entendió

Quien vio la película «La dama de negro» protagonizada por el ex Harry Potter, Daniel Radcliffe, y dirigida por James Watkins, pueden leer tranquilos esta novela (si eso cabe para un relato gótico) porque no tiene nada que ver. Los exploradores de la relación entre literatura escrita y guión de cine se divertirán encontrando las diferencias y coincidencias, y preguntándose por qué la guionista Jane Goldman (que se hizo famosa con un ciclo de investigaciones de temas paranormales, fantasmas, clarividencia, astrología, etc. por la televisión británica) convirtió este extraordinario relato de misterio en las peripecias de un fantasma.
Hace casi 30 años la novelista inglesa Susan Hill publicó «The Women in Black» un relato donde concentra aquellos elementos que en el siglo XIX y comienzos del XX consagraron las historias de terror y misterio. Puso algo de la mansión lejana, aislada que oculta un pavoroso misterio, al estilo de Bram Stoker; puso algo del Henry James de «Otra vuelta de tuerca» con niños temibles y fantasmas que rondan una mansión, algo de ese clima hostil de las novelas de Daphne du Maurier que apasionaron a Hitchcock. Y todo eso lo cocinó con una estructura rigurosa y constantes toques de humor, donde desliza autocríticas, donde el protagonista Arthur Kipps siente que lo están haciendo entrar en una novela victoriana.
El tiempo ha pasado, ha corrido mucha agua bajo los puentes, y Arthur, un hombre mayor, viudo, abogado de profesión, se ha vuelto a casar. Su nueva mujer, una viuda con muchos hijos, le ha dado una familia amplísima. Es Nochebuena y el grupo se reúne junto al hogar, al lado del pino de Navidad, a contar, como es un hábito, historias de fantasmas. Arthur no quiere participar, porque lo que se está contando son puras fantasías, historias para asustar a los niños con tonterías, y lo que él tiene es una historia real, el encuentro con «una pobre mujer, enloquecida y perturbada, cargada de tristeza y de dolor, llena de odio y que con un ansia de venganza que la había conducido a quitarles, a matarle, los hijos a otras mujeres porque había perdido el suyo», porque él se había encontrado con un fantasma real que hasta se había ensañado con él.
Toda la historia de «La dama de negro» está contada como un largo monólogo donde, cada tanto, hay diálogos con otros personajes. Eso ha permitido que sea fácilmente llevada a la radio y exitosamente al teatro, y luego a la televisión con criterio de serial, y finalmente al cine, sin monólogo, sin fiesta, sin esa ambigüedad que da una cierta verosimilitud a aquello que resulta inconcebible, haciendo que lo que podría ser alucinatorio se vea excesivamente materializado.
Cuando Susan Hill publicó su primera novela, publicada a los 18 años, el «Daily Mail» señalo que tenía «un contenido sexual que no era conveniente en una escolar, en una primera obra». Hill siguió provocando literariamente, y buscando hacer de su literatura un modo de empleo, un trabajo que le permitiera vivir holgadamente. El atractivo de sus novelas, muchas de ellas best sellers, hizo que lo lograra ampliamente.
M.S.


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