17 de febrero 2011 - 00:00

Decepcionó un film argentino en Berlín

El director Rodrigo Moreno y Esteban Bigliardi, protagonista de «Un mundo misterioso», el film «de autor» que dejó fríos a crítica y público al proyectarse ayer en la sección oficial del Festival de Berlín.
El director Rodrigo Moreno y Esteban Bigliardi, protagonista de «Un mundo misterioso», el film «de autor» que dejó fríos a crítica y público al proyectarse ayer en la sección oficial del Festival de Berlín.
Berlín - «No sé qué estoy haciendo acá» se pregunta el desorientado protagonista de «Un mundo misterioso», segundo largometraje de Rodrigo Moreno, que compite en esta 61 edicion de la Berlinale. Pregunta que también se hacen muchos aquí frente a una película que se percibe deshilvanada, formal y temáticamente. El control que se adivinaba detrás de la cámara y el tratamiento de la historia en «El Custodio», opera prima de Moreno, premiada en Berlín en el 2006, se reemplazan en ésta por un manejo aflojado, incluso parsimonioso, del lenguaje cinematográfico. «Un mundo misterioso» explora las reacciones catatónicas de Boris (un monocorde Esteban Bigliardi) frente al derrumbe inesperado de su vida en pareja (una larga toma inicial, que sella el destino del menciondo Boris, obligado a instalarse en un hotel modesto, y del propio largometraje).

En la conferencia de prensa posterior a la proyección, Moreno describió al decepcionado periodismo la médula narrativa del film, «el periplo errante del protagonista», exponiendo sintéticamente su propuesta estética: la forma imita el fondo, es decir el lenguaje cinematográfico -el movimiento de la cámara , el montaje, el andamio narrativo- describen por analogía el parate existencial de Boris. Pero la idea y su ejecución, tal como las propone el director, resultan muy distintas en una sala cinematográfica a oscuras. Lo que se vio en la pantalla fueron 107 minutos de agonía, desgranados en una película minimalista, huérfana de humor, ironía y diálogos interesantes.

Coproducción con Alemania, que ofrece generosos fondos públicos de fomento a proyectos locales y extranjeros, «Un mundo misterioso» costó seiscientos mil euros, una bicoca en el negocio cinematográfico internacional. «No necesitamos muchos espectadores para tener una ganancia», contestó el productor argentino Hernán Musaluppi. Frase que coloca a director y productor sin ambages y desafiantes en el bando del «cine de autor»; el público y la taquilla son factores secundarios, porque lo que prima es la expresión personal.

En competencia se han visto estos días largometrajes interesantes que se las arreglan para combinar la gratificante expresión personal con el deseo sensato de agradar al público. No extraña que dos films «Nader y Simin, una separación» y «Nuestra gran desesperación», uno iraní y otro turco, que exploran las relaciones de pareja y familia en tiempos de crisis, directa o indirectamente, sean las favoritas de la crítica hasta hoy.

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