Aquí, a pocos kilómetros de la combatida ciudad de Slaviansk, también hubo muertos tras los ataques de las tropas de Gobierno procedentes de Kiev.
"Somos invencibles", afirma el comandante de los uniformados enmascarados y fuertemente armados que ocuparon el ayuntamiento. El hombre dice llamarse Kaban y porta un fusil Kalashnikov. Dice que el "Ejército de Liberación Donbass" luchará hasta el final por la "República Popular de Donetsk".
Las banderas negras, azules y rojas de esta república ficticia ya se pueden ver en toda la región. La sede del "gobierno popular" es la ciudad de Donetsk, a 90 kilómetros, donde también han sido ocupados edificios públicos.
Kaban, un hombre que ronda los 40 años, cuenta con voz áspera que trabajaba como gerente antes de sumarse a la resistencia contra la "junta fascista" de Kiev. Las armas y las municiones las consiguieron en edificios de la Policía y los servicios secretos que tomaron por asalto. Sin embargo, no dice quién les da las órdenes ni de dónde provienen las "donaciones de dinero".
Algunos reconocen ser mercenarios. El presidente interino de Ucrania, Alexander Turchinov, cree que la familia del depuesto presidente ucraniano Viktor Yanukóvich financia los levantamientos. "Servicios secretos rusos usan a la exdirigencia ucraniana no sólo financieramente, sino también para la organización del levantamiento", dice. Eso está tan poco comprobado como la acusación de los rusos de que la revolución prooccidental en Kiev es financiada por Estados Unidos.
Los activistas que se encuentran en el municipio esperan que las tropas rusas estacionadas en la frontera ucraniana les ayuden. El jefe del Kremlin, Vladimir Putin, amenazó con hacer ingresar sus tropas en el peor de los casos. Pero las filas internas en el este de Ucrania se muestran resueltas: "No descansamos en Putin y estamos dispuestos a luchar", dice un joven armado. "No vamos a permitir que la junta de Kiev asuma las decisiones".
Un veterano de la guerra en Afganistán de 55 años dice que acaba de unirse a la resistencia hacia el Gobierno central. "Ya no me podía quedar tranquilo en casa", afirma. Cree que desde la desintegración de la Unión Soviética impera el caos en Ucrania. "Quiero que a mis hijos les vaya mejor", confiesa mientras descansa en la sala de conferencias del municipio.
En el sótano, Svetlana Buch, de 37 años, hace un recuento de las donaciones de alimentos. "Somos personas comunes que luchan por conservar su cultura y tradiciones", explica. Afirma que el Gobierno en Kiev no sólo quiere desplazar el idioma ruso, sino introducir valores occidentales. "Renuncié a mi trabajo como bibliotecaria para luchar por la independiencia, contra una dictadura de Estados Unidos", dice.
Svetlana tiene a su lado a su hijo de 18 años como "protector". En una cocina, varias mujeres cocinan para los combatientes. Una señora mayor dice con la mirada encendida que por las mañanas trabaja como profesora de matemática y por la tarde para la resistencia.
"Todos roban cuando están en cargos altos. Y se aferran al poder. Son debilidades del ser humano...", dice Svetlana, que está a favor de una "mano dura" como la de Putin. "Los eslavos somos un pueblo rebelde, que tiende a las revoluciones, y para eso se necesita un liderazgo". Sin embargo, agrega que todas las personas allí, al igual que en toda la región de Donetsk, ansían recuperar la estabilidad.
También en la capital de la región, Donetsk, las personas intentan cumplir con su rutina en lo posible. "Seguramente nadie disparará contra civiles desarmados. Pero está claro que todo esto de la 'República Popular' no se disolverá tan fácilmente", dice la vendedora Tatiana, en una tienda en el bulevar Pushkin.
Por la calle caminan unas 40 mujeres cantando con figuras religiosas en la mano. "Ruego a Dios que todo salga bien...", dice una de las mujeres. "No estamos a favor ni de una ni de otra parte. Rezamos por la paz".
| Agencia DPA |


Dejá tu comentario