17 de septiembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Periodista: El cielo no puede esperar. Las Bolsas desataron otra estampida alcista y escalan nuevos picos. Fuera de temporada.

Gordon Gekko: Es una suba potente. Con mucho dinero disponible en las gateras, esperando una corrección que pegó el faltazo, y que finalmente decidió volver al ruedo.

P.: Lo ganó la impaciencia.

G.G.: Tal cual.

P.: ¿Cuánto sustento puede tener un avance en estas condiciones cuando los mercados ya treparon, desde marzo, más del 50%?

G.G.: No se le ponga adelante. Piense que existe hoy una gran cantidad de variables que regresan a sus niveles pre-Lehman con notable facilidad.

P.: ¿Por ejemplo?

G.G.: Spreads (diferenciales de tasas) que causaron grandes dolores de cabeza, como la brecha entre los rendimientos de los depósitos bancarios y las Letras del Tesoro. O, en el otro extremo de la curva, las tasas que se les requerían a los bonos basura por encima de los papeles largos del Tesoro. Los bonos municipales, otro foco de conflicto (que no ha cesado), también superaron sus precios promedio de un año atrás.

P.: Y la Bolsa todavía no.

G.G.: Échele un vistazo al S&P500. Desde los mínimos absolutos de marzo, trepó aproximadamente un 60%.

P.: ¿Le parece poco?

G.G.: Desde ya que no. Es una cifra que alcanza para montar un mercado alcista («bull») de varios años. Pero la canasta de las 500 acciones más representativas todavía cotiza un 15% por debajo del umbral que pisaba cuando colapsó Lehman.

P.: Las condiciones de la economía eran mejores entonces que ahora. Aun contabilizando a valor pleno todos los signos de recuperación.

G.G.: No lo discuto. ¿Pero quién quiere pagar por un asiento en un avión que cae en picada?

P.: ¿Tiene más sentido subirse al pesado avión de madera de Howard Hughes? El Spruce Goose.

G.G.: Seguro. Al menos, si tiene la confianza de que los gobiernos no retirarán pronto sus políticas de incentivos.

P.: ¿No tiene la impresión de que otra vez la liquidez empuja todo?

G.G.: ¿Cómo no tenerla? La acción de Lehman subía hoy el 15%. La idea del estímulo, en lo que concierne a los mercados, era que los inversores se animaran, nuevamente, a tomar riesgos.

P.: Y se cumple a rajatabla. Pero un cadáver es un cadáver por más que el Gobierno lo estimule y lo conecte a la red eléctrica. Lo veremos moverse, pero no resucitará.

G.G.: Si lo dice por Lehman, es obvio que tiene razón. Pero ésa es la anécdota extrema. La Bolsa apostó fuerte por la rehabilitación de la economía. Y acertó un pleno. Por eso subió tanto.

P.: No está claro que, librada a su suerte, la economía logre seguir avanzando.

G.G.: A esta altura, es obvio que la recuperación abortaría.

P.: Pero la Bolsa redobla su postura. Lejos de cobrar en ventanilla e irse, apila más fichas sobre el paño.

G.G.: La declaración de Londres de los ministros de finanzas y banqueros centrales del G-20 fue importante. No sembró sospecha alguna sobre la continuidad de su apoyo. Si la recuperación se sostiene, o no, de manera autónoma, es un tema que pasó a la agenda del año próximo. A menos que el rally sea tan impetuoso que haya que buscar una excusa para bajarse antes de tiempo.

P.: ¿El discurso de Obama -marcando los tiempos inminentes de la reforma regulatoria de Wall Street- no hizo mella?

G.G.: Júzguelo con sus propios ojos. Tiene la prueba sobre la mesa.

P.: ¿Por qué fue tan inocuo?

G.G.: Entre otras razones, porque la reforma que a Obama sí le importa es la del sistema de salud. Ahí sí se juega la presidencia. Paradójicamente, cuanto más suba Wall Street, mayores son las chances de que el cambio regulatorio se diluya y permanezca en un segundo plano.

P.: La semana comenzó con un ingrediente indigesto. Obama cedió a la presión de los sindicatos -los precisa de su lado para empujar la reforma de la salud- y decidió aplicarle aranceles a la importación de neumáticos de China. ¿Eso tampoco perturba?

G.G.: Es un tema ríspido. Debería preocupar. Si los inversores dudaron, sus temores se evaporaron en un par de horas. Este mismo tema, tres meses atrás, hubiera sido una bomba. Y seis meses atrás, hubiera instalado la idea de que el Obama de campaña, el que planteaba renegociar el NAFTA, hablaba en serio cuando despotricaba contra el libre comercio. Las circunstancias hoy son muy distintas y ello permitió que el asunto pasara sin consecuencias. Pero no descarte que las tenga más adelante.

P.: Warren Buffett, que como inversor tiene intereses en un abanico muy amplio de compañías, que van desde los seguros hasta los servicios financieros o los productos de consumo masivo, dice que la economía se amesetó. Pero no está tan seguro de que haya comenzado una recuperación. ¿No será que la gente confunde la suba de la Bolsa con lo que esto suele significar? Si la Bolsa corre tan deprisa, será que la economía también avanza.

G.G.: No, no. Hay mucha evidencia que permite afirmarlo, independiente de la Bolsa. No creo que Buffett discuta si la economía crecerá o no en el tercero y cuarto trimestres. Lo que debe pensar es que más allá de fenómenos puntuales

-como el impacto del plan canje de autos-, los signos son todavía frágiles y precarios como para cantar victoria. Aun así, le diría que si examina las ventas minoristas de agosto, por primera vez se detecta un derrame del gasto de consumo sobre un espectro más amplio de bienes. Es auspicioso, aunque sea sólo una golondrina. Pero tampoco debe impacientarse. A un paciente que recién abandona la terapia intensiva, usted no puede exigirle mucho más que una buena respuesta de sus signos vitales. Más adelante tocará indagar cuánto de sus capacidades previas logra recuperar.

Dejá tu comentario