- ámbito
- Edición Impresa
Diálogos en Wall Street
Comenzó la temporada de balances, con una pobre presentación de Alcoa. Pero para Gordon Gekko, el nombre de guerra del especialista en temas financieros que opera en Wall Street, el carrusel recién comienza a girar. Los bancos constituyen la apuesta fuerte y se develará -en los próximos diez días- si ya dieron vuelta a la página de la crisis y si pueden mostrar, por fin, una franca mejoría.
Gordon Gekko: Esto recién comienza. Alcoa es sólo una anécdota.
P.: Que suele prestarse siempre a una bienvenida calurosa. Pero, esta vez, no fue el caso.
G.G.: Tampoco resultó un drama. La ganancia operativa -luego de segregar los renglones extraordinarios- dio en la mitad del rango esperado. Un registro tibio.
P.: Pero es lógico, después de tantos preparativos y la consiguiente suba previa, que a los balances se les exija más.
G.G.: De acuerdo. No se discute.
P.: Es un llamado de atención, ¿o me equivoco? Quizás las previsiones se inflaron en demasía. La realidad puede ser más mezquina.
G.G.: Por eso mismo, que pase el que sigue. La procesión no se cancela por la frustración de Alcoa. Habrá que examinar más evidencia.
P.: Los bancos lideran el rally. Me refiero, en concreto, a la pierna alcista que comenzó en febrero y ya acumula un avance de más de mil puntos en el Dow Jones.
G.G.: Todos los balances importan. Cuando el mercado está posicionado para trepar, como sucede ahora, cualquier contratiempo puede arruinar la fiesta. Pero los bancos importan el doble porque la historia detrás de la suba general es que los bancos van a dar vuelta la página y mostrar una franca mejoría.
P.: JP Morgan, Bank of America, GE difundirán sus estados contables antes que finalice la semana. La incógnita se despejará rápido.
G.G.: La apuesta fuerte es sobre el Citi. Y se conocerá el lunes próximo.
P.: Me llama la atención cierta aprehensión que surgió últimamente. El informe de la Fed de Nueva York sobre el sistemático maquillaje de los balances bancarios al fin de cada trimestre. El impacto negativo que se baraja por las pérdidas en los home equity loans, préstamos garantizados por el valor neto de deuda de la vivienda propia. ¿No es acaso un intento tardío de abrir el paraguas?
G.G.: Tal vez. Pero no hay manera ya de retirar la apuesta sin producir un desparramo. Y, si uno mira las cotizaciones, entiendo que lo que el mercado hizo es pisar el freno. Desde el miércoles pasado.
P.: Son más nervios que arrepentimiento.
G.G.: Es el nerviosismo del que está invertido y sabe que se acerca una definición. En abril, los papeles bancarios treparon el 10% y desde que comenzó el rally, en febrero, el 27%. Le sacaron, en tres meses, una diferencia de 17 puntos porcentuales al propio Dow Jones. Como le dije, es una apuesta fuerte, que no se armó en un par de días y que tampoco se puede desarmar en un par de ruedas. Tendrá que soportar la prueba de fuego de los balances.
P.: Es una postura muy agresiva. Después de todo, lo que dejamos atrás es una crisis financiera muy grave que trituró a los bancos y los puso al borde de la zozobra.
G.G.: Así es. La clave será comprobar si el problema de los activos tóxicos está definitivamente bajo control. Si dejan de crecer, si se moderan las tasas de incumplimiento y si no se suman nuevos dolores de cabeza de similar envergadura. Si así fuera, los bancos ya constituyeron el grueso de las reservas necesarias para terminar de absorber los quebrantos remanentes. Y, en cambio, la expansión de la rentabilidad no está limitada. Los márgenes de intermediación, que ya son generosos, van a continuar creciendo. Con un fondeo amplio y casi gratuito, aunque no aumenten los préstamos, el negocio es atractivo. Basta con montarse en la curva de rendimientos del Tesoro y ganar el diferencial de tasas, sin tomar un mayor riesgo de crédito.
P.: Si la Fed de Nueva York encontró que los bancos principales podían esconder el verdadero nivel de su endeudamiento, trimestre tras trimestre, sin violar las normas legales, ¿cómo saber que la información positiva que viertan no es también, en última instancia, un conveniente espejismo contable?
G.G.: Me gustaría demostrarle que no es así. Pero tengo bien claro que un banco es una gran caja negra. No es fácil penetrar en su interior -aun para los reguladores-, y las gafas que le acerca la contabilidad de la propia entidad no están hechas para mostrar los defectos. Juzgar a los bancos por sus balances -y eso es lo que Wall Street se prepara a realizar exhaustivamente- es un examen sesgado a favor de la banca.
P.: Debería arrojar saldo favorable.
G.G.: No se puede tapar el sol con la mano. En plena crisis, los balances bancarios no pudieron ocultar la catástrofe. Pero ahora amanece. La economía repuntó. De enero a marzo, no se destruyó empleo, por primera vez desde diciembre de 2007. Se trata de resaltar la mejoría. Ver cómo derrama en la banca, aun sabiendo del peso de una mochila que llevará mucho tiempo descargar por completo. La flexibilidad que admiten los estados contables ayudará en ese empeño. Vikram Pandit, el mandamás de Citi, sugirió hace más de un mes que los activos tóxicos de Citi hasta podrían aportar rentabilidad. Importa, sobremanera, la orientación, la visión del futuro que den las compañías. La ventaja del momento es que una visión positiva es creíble; quizás, por primera vez desde que empezó la recesión.
P.: ¿Cuánto influirá Grecia -y el anuncio del salvamento europeo- en la percepción de la salud de los bancos?
G.G.: Siempre es bueno -cuando se trata de un problema- cerrar el grifo de la volatilidad. Grecia y los PIGS tienen directa incidencia sobre la banca europea. Los bancos de los EE.UU. son jugadores de segundo orden en la región. Y son los bancos de los EE.UU. los que motorizaron el alza. Pero aun así, es bueno aquietar un factor de riesgo potencialmente de gran efecto desestabilizador.

