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Diálogos en Wall Street
ä Mientras la Bolsa duda, y no se define, las acciones de los bancos treparon casi el 10% desde que arrancó setiembre. El especialista en finanzas personificado como Gordon Gekko, el héroe de la película «Wall Street», prevé una resolución amigable de las nuevas normas de Basilea que encontrará bien parados a los bancos de EE.UU. y Gran Bretaña. Y piensa que si la economía no se hunde primero, y simplemente flota, el rally de la banca podría reeditar la experiencia positiva de comienzos de año.
Gordon Gekko: Agosto no había sido malo, sino pé-simo. Y, como usted dice, el cambio de mes produjo un clic. Los bancos treparon el 9,5%.
P.: ¿Cuál es la razón?
G.G.: No hay buenos argumentos para justificar un quiebre tan contundente. Menos que menos en un mercado al que gobierna la vacilación.
P.: Todo indica que finalmente se cocina un acuerdo sobre las normas bancarias de Basilea III.
G.G.: Así parece. Aunque quizá no haya un anuncio oficial hasta noviembre, hasta la reunión del G-20 en Seúl.
P.: Es una eternidad. ¿Por qué tendría que incidir ahora?
G.G.: Porque la discusión -referida a los incrementos en las exigencias de capitales mínimos- va de mayor a menor. Si hay un preacuerdo ahora, se sabe que ya no van a empinarse más.
P.: Y, de aquí a noviembre, podrían bajar.
G.G.: No es descabellado pensarlo.
P.: Deduzco, por la suba de los precios de las acciones, que los bancos otra vez se salieron con la suya y lograron atemperar las exigencias.
G.G.: Está claro que los requerimientos van a subir de manera sustancial. Pero todo indica que en la pulseada entre las autoridades, finalmente los «duros» concedieron un respiro.
P.: ¿Quiénes son los duros y quiénes los blandos? ¿Los alemanes y los estadounidenses, respectivamente?
G.G.: Ése es el cliché. En este tema, sin embargo, los roles están cambiados.
P.: ¿Los alemanes son los blandos?
G.G.: Alemania es el líder, y lo secundan Francia, Italia y Japón.
P.: No lo imaginaba. ¿EE.UU. quería más rigor con los bancos?
G.G.: También Gran Bretaña y Suiza.
P.: ¿Por qué?
G.G.: Tome estas posiciones como un indicador de fortaleza relativa. Como si fuera un tácito examen de estrés.
P.: Me quiere decir que la situación patrimonial de los bancos del continente europeo es más frágil.
G.G.: Tienen menos capital genuino -lo que se conoce en la jerga como capital núcleo tier 1- y ajustarse a los nuevos estándares los obligará a un mayor sacrificio. En cambio, los principales bancos estadounidenses e ingleses ya cumplen con ese piso.
P.: No es el caso de los bancos alemanes y franceses.
G.G.: Hay una diversidad de situaciones particulares. Pero, en general, la respuesta es no.
P.: De ahí que Deutsche Bank considere la posibilidad de lanzar una nueva emisión de acciones. Se habla de 9 mil millones de euros.
G.G.: Tal cual. Con dos propósitos: aumentar la participación en el Deustche Postbank y reforzar su nivel de capital.
P.: Al mercado no le gustó la noticia.
G.G.: A los accionistas actuales, no. El papel cayó el 3%. Pero que la institución se fortalezca es un paso acertado. Mientras esta cotización retrocede, la de los bancos que ya están bien capitalizados subió el 1,5%.
P.: ¿Cuánto capital demandará Basilea III?
G.G.: Se afirma que el requisito de capital mínimo será del 7% de los activos (ponderados por riesgo). Aunque no hay una versión oficial aún.
P.: ¿Antes no era del 8%?
G.G.: Hablamos de capi-tal genuino, verdaderamente disponible para absorber pérdidas de lleno. Lo que constituye el núcleo duro del capital tier 1: acciones ordinarias más ganancias retenidas.
P.: ¿No entran las acciones preferidas o la deuda subordinada de muy largo plazo?
G.G.: No cuentan. Es una definición más restringida. Se exigía que fuera del 2% y pasaría al 7% (incluyendo una capa de capital que oficiaría de amortiguador).
P.: Es un salto nominal muy fuerte. Pero ¿qué nivel de capital tienen los bancos en la actualidad, en exceso del umbral mínimo demandado?
G.G.: Ahí está el punto. Los bancos de los EE.UU. y los británicos están cómodamente instalados por encima. Muchos por arriba del 10%.
P.: No necesitan tomar más capital ni licuar a los accionistas presentes.
G.G.: Una de las razones por las que trepan sus cotizaciones es porque un analista de Wall Street señaló que, a su juicio, van a poder distribuir más dividendos y recomprar sus propias acciones en circulación.
P.: La historia es diferente en Alemania. ¿O se ob-tuvo una rebaja de las exigencias que eliminan la dificultad?
G.G.: Los halcones querían poner un umbral mínimo del 8%. Y parecería que se cierra un acuerdo, como le dije, en el 7%. Aun así, la asociación de bancos alemanes estima que considerando sólo los diez bancos principales se necesitará una inyección patrimonial superior a los 100 mil millones de euros.
P.: Entonces me parece que la colocación de acciones del Deutsche Bank se queda corta, no será la última.
G.G.: Tiene buen olfato. Siempre quedan, sin embargo, otras alternativas.
P.: ¿Como cuáles?
G.G.: Achicar el negocio. Desprenderse de activos o abandonar actividades no estratégicas y poco rentables. En el tiempo, formarán parte del menú de adaptación.
P.: Lo devuelvo al mercado. No es la primera vez que un rally alcista comienza por el lado de los bancos.
G.G.: La última vez fue en febrero. ¿Se acuerda?
P.: ¿Le ve chapa para repetir?
G.G.: Lo que no mata, fortalece. Si la economía no se hunde, será difícil pensar que los mercados se quedarán todo el tiempo de brazos cruzados. Esto, por ahora, es un precalentamiento. Pero es obvio que in péctore abriga expectativas más ambiciosas.
P.: El contexto no es nada bueno.
G.G.: En febrero tampoco era alentador. Los bancos subieron inmediatamente después de la andanada que les disparó el presidente Obama con el anuncio de la reforma financiera, el impues-to a los pasivos extraordinarios de los bancos principales y la regla Volcker. En plena crisis europea. Si la economía no se hunde antes, aunque sólo se limite a flotar, no se sorprenda si se ensaya una embestida más audaz todavía.


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