23 de noviembre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

EE.UU. «hace» todo lo posible por desatar una crisis fiscal y no lo consigue. Su último intento: el fiasco del «supercomité». Los bonos del Tesoro no destiñen su papel como refugio. Las subastas de deuda son un éxito en EE.UU. y un calvario en la eurozona. Allí hay que mirar: Europa sigue con la luz roja y, para peor, la corrida se aceleró.

Periodista: Cuando Europa se toma el día libre, el golpe viene de los propios EE.UU. Cuando no es la política europea, y una Alemania demasiado rígida para frenar la exuberancia de la corrida contra la deuda de sus vecinos, la noticia es la intransigencia que domina Washington. ¿Cómo juzgar el fracaso del «supercomité» que debía acordar una reducción consensuada del déficit fiscal estadounidense para la próxima década?

Gordon Gekko: No como una novedad, por cierto. Ya comprobamos la impotencia cuando se discutió el «techo» de la deuda pública.

P.: Nadie está dispuesto a negociar. No se quiere ceder un ápice.

G.G.: El Gobierno lo haría. Los republicanos, no. Y el poder está repartido de manera tal que existe un mutuo bloqueo. Así lo determinó el voto de la población.

P.: ¿Cómo romper este cerrojo?

G.G.: No con el ultimátum de fechas límite. Es aportar todo el inconveniente de la zozobra y ninguno de sus beneficios.

P.: Por fortuna estos límites no los pone el mercado.

G.G.: ¿Cuánto rinde la letra del Tesoro a tres meses después de la certificación de inutilidad del «supercomité»?

P.: Nada.

G.G.: Dos milésimos. Y la de un año, once milésimos.

P.: Y el bono de diez años rinde menos del 2% anual.

G.G.: Así es. Y porque es así el fracaso del «supercomité» queda limitado a una mera anécdota. Una buena excusa para justificar el desmayo del lunes (aun sabiendo que, últimamente, los lunes tienen un sesgo negativo marcado sin necesidad de que haya un motivo válido).

P.: Se temía una nueva rebaja de la calificación crediticia de los EE.UU.

G.G.: Este camino nos lleva en esa dirección.

P.: Por ahora no se produjo.

G.G.: No. Pero sucedió en agosto. Y estamos sobre aviso. Nadie debería protestar si ocurriera (al menos nadie de los que criticó a las agencias por responder con rezago al deterioro crediticio de los instrumentos subprime).

P.: ¿Qué hay que esperar del déficit fiscal de los EE.UU.? ¿Que siga acumulándose a la buena de Dios? Por un lado no hay una crisis; pero por otro, si no se atiende la cuestión, es una invitación permanente a que, tarde o temprano, surja el problema.

G.G.: La inoperancia del «supercomité» gatilla recortes automáticos de gasto a partir de 2013. Y el año próximo hay elecciones. Uno imagina que de allí saldrá un nuevo reparto de poder. Y el tema se atacará recién ahí, con la soga al cuello, después que se pronuncien las urnas.

P.: Si antes no estalla una crisis fiscal.

G.G.: Seguro. Pero como usted habrá visto, aun con todas estas generosas facilidades, no es sencillo fabricarla.

P.: En Europa no cuesta nada.

G.G.: Mire, el lunes, cuando el «supercomité» tiró públicamente la toalla, la colocación de notas del Tesoro a dos años tuvo un récord de sobresuscripción. Y hoy (por ayer) se repitió el fenómeno con las notas de cinco años.

P.: Más de tres veces sobreofertadas.

G.G.: Y vendidas, por primera vez, a una tasa inferior al 1% anual.

P.: El contraste es increíble. Cada subasta de deuda pública en la zona del euro se convirtió en un calvario anunciado. España acaba de dar la nota nuevamente. Ya no se trata del bono a diez años (emitido al 7%). Son los instrumentos de cortísima duración los que ahora resultan trabajosos de ubicar.

G.G.: La letra de Tesorería a tres meses se colocó al 5,11%. En la última licitación España había tenido que pagar el 2,29% anual. La letra a seis meses salió al 5,23% (en alza notable con respecto al 3,30% anterior).

P.: Entiendo que los países de la eurozona que están conectados al respirador artificial del rescate, cuando acuden a los mercados, pagan, a esos plazos, tasas más bajas.

G.G.: A tres meses Grecia y Portugal pagan menos del 5%.

P.: El triunfo rotundo del Partido Popular no significó nada para los mercados.

G.G.: Mariano Rajoy pidió que le dieran una tregua de media hora. Y como ganó el domingo, ya al día siguiente se había esfumado.

P.: Esto no pinta nada bien.

G.G.: Hace tiempo.

P.: Pero ahora se aceleró. La hipótesis de que la crisis podía avanzar por una autopista de dos carriles -atacando a la vez a Italia y a España- ya es una realidad.

G.G.: Se hizo realidad en una semana. Y le diría que la ruta está ensanchando las banquinas peligrosamente.

P.: Bélgica no la está pasando bien.

G.G: El riesgo-país a diez años ya atravesó el umbral de los 300 puntos base (España: 470 e Italia: 485).

P.: No tener Gobierno, hasta ahora, no había sido un contratiempo. Y eso que ya vamos para los dos años de acefalía.

G.G.: 19 meses. El mercado está quisquilloso con el Presupuesto de 2012.

P.: Austria también quedó «tocada» en este último cimbronazo.

G.G.: Pero no tanto. Está al mismo nivel que Francia. Con unos 150 puntos base de sobretasa con respecto a los bonos de Alemania.

P.: La corrida se acentúa. ¿Cuándo habrá reacción? ¿Cuándo los títulos alemanes sean el blanco?

G.G.: Está de moda en Alemania ridiculizar a Gran Bretaña, pero el costo de proteger la deuda pública germana del riesgo de incumplimiento ya es más alto que el de las islas. Yo diría que entramos a la zona crítica. Y, si no lo queremos ver, cada subasta de deuda nos lo recuerda. La dirección es de colisión y la corrida aceleró la marcha. Está en manos de los dueños de la eurozona pegar el volantazo.

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