30 de noviembre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Qué es lo que Alemania se trae entre manos? Los mercados husmean que se prepara una respuesta contundente a la crisis, y han frenado su embestida. Pero no es la primera vez que Europa concita expectativa y luego se dispara una decepción. La entrevista con Gordon Gekko -el seudónimo de un veterano rastreador de los mercados- rescata que tampoco los países de la unión monetaria tienen claro si cuando arranque la unión fiscal podrán ser de la partida.



Periodista: Gracias a Europa, Wall Street registró la peor semana de Acción de Gracias desde 1932.

Gordon Gekko: O sea, desde la Gran Depresión. Con el euro en la picota, no es la señal más constructiva.

P.: Y, sin embargo, esta semana la furia se detuvo.

G.G.: Es un respiro. Parcial. La subasta de notas italianas a 3 años rozó un rendimiento del 8%. La golpiza continúa, aunque no esté en la primera plana por no ser generalizada.

P.: Los mercados le dan una chance a Europa.

G.G.: Olfatean que algo importante se está cocinando.

P.: No es la primera vez que ocurre y luego los domina la decepción.

G.G.: Europa se especializa en crear, en intercalar, atmósferas de suspenso y expectación. Lo que le cuesta es poder ratificarlas.

P.: Así vamos de cumbre en cumbre. Pero cuando la reunión se realiza y se devela el misterio, siempre falla el contenido.

G.G.: Ha sido la regla. Demasiado poco, demasiado tarde.

P.: Cuando no se avanza a trasmano.

G.G.: Esa es otra debilidad.

P.: Las tres promesas que se hicieron tras las cumbres presidenciales de octubre, un mes después, ninguna de ellas se cumplió.

G.G.: Es lamentable, pero rigurosamente cierto.

P.: ¿Por qué creer que la situación cambiará el próximo cónclave, el 9 de diciembre?

G.G.: Por la misma razón, equivocada, por la que se pensó que octubre podía marcar un punto de inflexión. La Unión Monetaria tiene todo en juego como para dar un paso en falso.

P.: Y, sin embargo, no tiene empacho en darlo. ¡Qué horror!

G.G.: Es así.

P.: De todos los rumores que se propalaron, el más creíble habla de la intención alemana de apostar fuerte por la unión fiscal como sostén de la unión monetaria. Se sabe que demandará una cesión de soberanía fiscal, parcial pero importante, y muy poco más. No se sabe, por ejemplo, si Alemania tiene en mente crear un club cerrado con muy pocos miembros. Los diarios españoles temen que sea «un euro del norte».

G.G.: Piense en la reunión de Estrasburgo: Merkel, Sarkozy y Monti. ¿Qué es lo que le huele raro?

P.: Que Italia se codee con Alemania y Francia. No es lo habitual en estos últimos tiempos. A Berlusconi -directamente- no lo hubieran invitado.

G.G.: Uno diría, Italia no se quedará afuera. Monti ya conversó, o cerró un trato.

P.: Habiendo visto cómo trabaja Europa dudo que exista un diseño definitivo.

G.G.: De acuerdo, pero habrá trabajado un borrador. Y Monti tiene la ventaja, por cierto, de que puede aportar buenas ideas.

P.: ¿Cree que si la unión fiscal parte con el apoyo limitado a un núcleo duro de países, España e Italia estarán a bordo de movida?

G.G.: Debería ser el caso. La performance fiscal de España ha sido muy superior a la de los promotores visibles del acuerdo.

P.: Su deuda es menor que la de Alemania o Francia.

G.G.: Y nunca antes de la crisis había incumplido el tope que estipuló Maastricht. Lo que no puede afirmarse de los otros dos.

P.: Entiendo que la respuesta es sí.

G.G.: Mi impresión es que España misma no lo sabe.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.: Hoy (por ayer) la vicepresidente Elena Salgado, al acudir a la reunión del eurogrupo, criticó la idea de una zona del euro de dos velocidades. Lo hizo con especial énfasis.

P.: ¿Cola de paja?

G.G.: Se presta a esa interpretación. O quizás tenga que ver con el recambio de Gobierno. Con que Merkel y Sarkozy hablarán con Rajoy y no con los que ya se van.

P.: No debería ser así. Son los países y no las personas los que cuentan.

G.G.: Seguro. Pero la experiencia indica otra cosa. Todo el sainete de Lorenzo Bini Smaghi, el miembro italiano que se negó a renunciar al Consejo Ejecutivo del BCE y que luego tampoco Berlusconi quiso despachar ofreciéndole el puente de plata de la presidencia del banco central en Roma, fue un corrosivo fuerte en contra de Il Cavaliere.

P.: No exagere.

G.G.: Mire, la misma semana que Merkel acabó con Papandreu y Berlusconi, oh casualidad, también Bini Smaghi presentó su dimisión. Estaba en la misma lista.

P.: Dijo la portavoz del Gobierno francés, hace un momento nomás, que la condición para formar parte del nuevo pacto de estabilidad (el nombre de fantasía de la unión fiscal), será la regla del déficit cero.

G.G.: El compromiso de apuntar al equilibrio fiscal para 2016.

P.:¿Es realista? ¿Lo ve factible?

G.G.: No en vano Europa es la cuna del surrealismo. La Unión Monetaria no sabe si estará en pie el mes que viene.

P.: Con más razón, entonces, los países hostigados por la crisis estarán dispuestos a hacer la promesa.

G.G.: Berlín no lo dirá abiertamente, pero se reservará el derecho de admisión. Y yo le creo a la preocupación de Salgado. Alemania los tiene a todos bien agarrados y, esta vez, va a imponer sus condiciones.

P.: No hay mal que por bien no venga. La corrida contra la deuda debería llegar hasta la muralla de la unión fiscal. Y terminar allí.

G.G.: La crisis no debería haber llegado tan lejos. O existido, siquiera. Todo el mundo tiene mucha deuda, pero la crisis de la deuda pública es una exclusividad de la eurozona. Si en Europa algo puede fallar, piense que fallará y hará más complicada la faena.

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