Dibujos de gran calidad y tono algo melancólico

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«La máquina que hace estrellas» (Arg., 2011, habl. en esp.). Dir.: E. Echeverría. Dir. 3D: S. Sempronii. Dir. Animac.: M. Sister. Guión: E. Echeverría, G. Pranteda. Dibujos animados.

Buenas noticias para el espacio estelar. Y para los cultores locales del dibujo animado. Este es el primer largometraje animado de 3D hecho enteramente en el país, y directo en 3D. Pero además es el primero pensado para adultos tanto como para niños, no porque incluya chistes de grandes, sino por su calidad artística y su tono algo melancólico. Y, tercera buena noticia, en algunas partes esa calidad alcanza niveles superlativos.

La historia es sencilla. Desde su asteroide, un niño mira el firmamento y escucha y transmite los relatos de su abuelo. Se sabe miembro de una familia responsable de la lejana máquina que permite la existencia de luz en el sinfin, como llaman ellos al infinito. Una noche, las circunstancias lo impulsan a realizar, él solito, un enorme viaje hacia esa máquina, en busca del misterio. No lleva ni un cortaplumas suizo, y parece que alguien peligroso está acaparando su luz para venderla. Aún más: peligroso, petiso, y energúmeno resentido. Pero perdón: el chico no está tan solo. A su servicio ocasional puede aparecer un robot que divide a los seres en orgánicos y autómatas. Y a su lado, como un alma pura, una cosita azul simpática, inocente y trabajadora, un pandabás. ¿Qué son los pandabás, o pandabases, o como se diga? ¿De qué están hechos? ¿Dónde se venden?

Solo sabemos la tercera respuesta: lamentablemente no se venden en ningún lado. De las otras, ha de enterarse cada espectador a su debido tiempo. La familia del asteroide tiene una particular teoria creacionista, y los autores del dibujo una señalable capacidad para reelaborar las raíces eternas de los cuentos: el viaje de conocimiento y desafío, la recuperación del padre mitificado, la amistad y la capacidad de sacrificio de los espíritus nobles, el placer del trabajo cumplido.

Para contar esto, tienen también gran capacidad técnica, entusiasmo, dedicación, y talento artístico. La película, de apenas 74 minutos, puede parecer algo lenta para públicos acostumbrados a la agitación, pero da gusto, es toda una experiencia artística, ver esos cielos en pantalla grande, la iluminación particular, que casi nunca es de día pleno, los diversos robots y seres medio gelatinosos que pueblan la historia, los aparatos de tecnologías medio vintage, por decir una palabra de moda, los ojos tan reflexivos de algunos personajes. Y el enorme paisaje en tres dimensiones bien marcadas, por supuesto. Y escuchar la música, medio vintage también, con melodías que parecen de los 20.

Autores principales, dos socios dedicados al cine publitario y el perfeccionamiento de videojuegos canadienses, Esteban Echeverría, director, y Sebastián Sempronii, con doble i, director de 3D. Con ellos, Mariano Sister, director de animación con ya larga experiencia, y otros que merecen ser citados: Ignacio Flores Aguirre, director de arte, Juan Cruz Lima, composición, Gustavo Schiaffino y Lucila Heinberg, fotografía, Hernán Reinaudo, música, otros dos Sempronii en sonido y modelación, en fin, más de 80 personas trabajaron en esta obra. La semana pasada, no es poca cosa, recibieron la bendición de los japoneses en el Hiroshima Film Animation Festival.

P.S.

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