Dieron 35 años al torturador estrella de los jemeres rojos

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Phnom Penh - El jefe torturador del antiguo régimen del Jemer Rojo, Kaing Guek Eav, uno de los mayores genocidas del siglo XX, fue sentenciado ayer a 35 años de cárcel por el tribunal internacional de Camboya, tras ser declarado culpable de crímenes contra la humanidad y asesinatos. No obstante, Guek Eav sólo deberá pasar 19 años tras las rejas luego que la corte restó 16 años a su condena por el tiempo que ya pasó en prisión y por su cooperación con la Justicia.

Conocido como «Duch» y con 67 años a cuestas, es el primero de los cinco ex destacados cargos que el tribunal condenó por su implicación en las atrocidades cometidas durante aquel régimen que causó la muerte de al menos 1,7 millón de personas en 44 meses, desde abril de 1975 hasta enero de 1979.

La Fiscalía de las Cámaras Extraordinarias de los Tribunales de Camboya, órgano judicial dependiente de la ONU, había pedido 40 años de prisión, la máxima pena contemplada por la legislación camboyana. Por su parte, la defensa pidió la absolución de «Duch», a quien pintó como servidor de la jerarquía del Jemer Rojo, a la vez que cuestionó que el tribunal tuviese «jurisdicción» para procesarlo.

Con «Duch» de pie y aparentemente inquieto, el fallo fue dado a conocer. «Todas las personas detenidas en la S-21 tenían el destino de ser ejecutadas de acuerdo con la política dictada por el Partido Comunista de Kampuchea para aplastar a los enemigos», dijo Nil Nonn, el juez que presidió la audiencia.

Mirada

Vestido con una camisa de azul claro y una Biblia sobre la mesa, «Duch» cambiaba continuamente la dirección de su mirada y se llevaba a la boca un vaso de agua.

El tribunal encargado de investigar y juzgar las atrocidades del Jemer Rojo se pronunció tres años después de que se inició el caso y cuando ya transcurrieron más de tres décadas desde que el brutal régimen fue derribado por las tropas vietnamitas que invadieron Camboya.

El ex director de la prisión de Tuol Sleng fue juzgado por crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos mientras estuvo al mando del penal. Entre 14.000 y 16.000 personas, entre ellas unos 2.000 niños, fueron interrogadas y torturadas en el lugar antes de ser asesinadas en los campos de exterminio de Choeung Ek, a unos 15 kilómetros de Phnom Penh, la capital.

Al amanecer, y antes de que el tribunal abriera sus puertas, varios cientos de camboyanos, observadores, diplomáticos y periodistas aguardaban en el exterior para acceder al recinto y seguir el desarrollo de la sesión.

En Camboya, un país en el que la superstición está muy extendida, el hecho de que la semana pasada se derrumbase el techo de una de las naves de la prisión de Tuol Sleng, hoy el Museo del Genocidio, fue interpretado por muchos como una señal de que los «espíritus de las víctimas estaban reclamando justicia».

En espera

La condena fue considerada leve por la mayoría del público que acudió a la sesión, proveniente desde diferentes regiones del país. «Esto no es justicia. El tribunal decepcionó», dijo Bou Meng, de 69 años y uno de los sobrevivientes que declaró durante el juicio.

«Duch» es el único de los cinco acusados que expresó remordimiento y pidió perdón. Esperan su turno para ser juzgados Khieu Samphan, ex presidente de la República Democrática de Kampuchea; Nuon Chea, «hermano número dos» e ideólogo de la organización; Ieng Sary, ex ministro de Relaciones Exteriores; y su esposa, Ieng Thirit, ex titular de Asuntos Sociales. Pol Pot, el «hermano número uno» y máximo dirigente del Jemer Rojo, murió en la jungla camboyana en abril 1998.

Agencias EFE, Reuters y DPA

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