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Dramático: “¡Mátenme si tienen el valor!”
En un gesto que se recordará por lo dramático, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, fustigó a los policías rebeldes y se abrió la camisa desafiando a que le disparen.
Allí se dirigió el presidente ecuatoriano para intentar dialogar con los reclamantes. Al tornarse imposible, subió a un primer piso para hablar con un micrófono asomado a una ventana. Intentaba en un tono sereno explicar lo que, según el Gobierno, era un error de interpretación de la Ley Orgánica del Servicio Público.
Ante las interrupciones y los silbidos de los policías que estaban mezclados con otros manifestantes, Correa se exaltó: «Señores, si quieren matar al presidente, aquí está: mátenme si les da la gana, mátenme si tienen valor, en vez de estar en la muchedumbre, cobardemente escondidos». Correa lo dijo gritando al tiempo que se desajustaba con vehemencia la corbata, mostrando que no tenía chaleco antibalas.
«Si quieren tomarse los cuarteles, si quieren dejar a la ciudadanía indefensa, si quieren traicionar su misión de policías, su juramento, traiciónenlo, pero este presidente y este Gobierno seguirán haciendo lo que tiene que hacer», prosiguió un Correa fuera de sí. Terminó en forma abrupta: «Si quieren destruir la patria, destrúyanla, pero este presidente no da ni un paso atrás, viva la patria».
Lo más dramático se vivió momentos después, cuando Correa intentaba dejar el lugar, mientras un helicóptero procuraba, en vano, aterrizar para trasladar al mandatario al gubernamental Palacio Corandelet.
En medio de empujones y tumultos, uno de los policías amotinados disparó un explosivo de gas lacrimógeno contra el grupo que rodeaba a Correa, a la altura de sus cabezas. El presidente caminaba con extrema dificultad, ayudado con una muleta canadiense, debido a que se recupera de una complicada operación de la rodilla derecha. Un grupo reducido de guardaespaldas repelía como podía, en el transcurso de la caminata, los intentos de agresión física por parte de los policías.
Sofocado y en conmoción por la explosión y los efectos del gas, el presidente de Ecuador fue trasladado al hospital de la Policía de Quito. Allí volvió a quedar en peligro, cuando efectivos rebeldes rodearon el edificio y lo dejaron «secuestrado», en términos del presidente. Los médicos informaron que a Correa se le colocó suero por un cuadro de asfixia, mientras las autoridades del hospital negaban la privación de la libertad.
«Protección Ciudadana me informa que están tratando de introducirse aquí a la habitación por medio de los techos estos policías en rebelión. Si algo me pasa la responsabilidad es de ellos», clamó Correa en entrevista telefónica.
El secuestro del presidente en el hospital terminó por complicar la situación, mientras, convocados por funcionarios y el canal público Tele Ecuador, que transmitía en cadena nacional, miles de ecuatorianos se dirigieron a tratar de romper el cerco policial.
El transcurso de las horas congeló la situación, con los policías reprimiendo violentamente a los manifestantes que se acercaron. Entrada la noche, el jefe de Estado ecuatoriano relató: «En realidad, en las primeras horas no podía salir porque tenía suero y porque me estaban tratando la pierna. Pero hace unas horas estaba listo para hacerlo y no he podido porque no han despejado las salidas. Obviamente eso es secuestro, tener secuestrado al presidente», sentenció.
Agencias AFP, EFE, ANSA,
Reuters y DPA


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