2 de mayo 2011 - 00:00

Duhalde canceló aventura PF para polarizar con Cristina

Eduardo Duhalde, Alberto R. Saá, Ricardo Alfonsín
Eduardo Duhalde, Alberto R. Saá, Ricardo Alfonsín
El último ensayo, al mediar la semana, descarriló: Eduardo Duhalde propuso reactivar la interna del Peronismo Federal, pero olvidar la votación por regiones para concentrar la disputa en un día. Alberto Rodríguez Saá desechó la idea. Se firmó, esa tarde, la defunción del PF.

Unas horas después, el bonaerense presentó Unión Popular, un sello que nació con la proscripción del PJ, amparó su primera candidatura -a concejal, en Lomas, promovido por las 62 Organizaciones- y con el que ganó, en 1962, Andrés Framini una gobernación que jamás asumió.

No consiguió que los hermanos Rodríguez Saá contemplen sus argumentos. Trasmitió, vía Miguel Ángel Toma y Juli «Chiche» Aráoz, que en las votaciones del Litoral intervino, a favor de los puntanos, el Gobierno. En particular, la tropa de Sergio Urribarri en Entre Ríos. Juran que Jorge Capitanich prometió, y cumplió, con su neutralidad.

Pero, sobre todo, que en el turno norteño se montaba un esquema monumental de intromisión: apuntaron a José Alperovich, en Tucumán, donde hasta -según el relato que expusieron ante los hermanos de San Luis- detectaron la presencia de funcionarios nacionales. Antes, a escondidas de los Rodríguez Saá, Duhalde tuvo un encuentro reservado con Ricardo Alfonsín.

-Sé que vos tenés reservas para charlar con Mauricio (Macri) pero te pido, con todo respeto que al menos hagamos un intento -lo tanteó el ex presidente.

-Podemos vernos pero, por favor, te pido extrema reserva. Si trasciende, voy a tener problemas -aceptó el radical.

-Sí, claro. Ya lo hablé con Mauricio. Todo reservado -prometió.

Alfonsín supo, desde el principio, que cualquier acercamiento con Duhalde o el macrismo detonaría una crisis dentro del radicalismo pero, sobre todo, entre sus socios menores: el GEN de Margarita Stolbizer y el socialismo bonaerense, referenciado en Rubén Giustiniani.

Le anotan al porteño el fracaso de esa triple cumbre. Cuando convocó a un acuerdo nacional, aunque pareció un atajo para degollar su presidencial, la progresía filorradical estalló tal como sospechó Alfonsín, que levantó el teléfono, habló con Duhalde y anuló la gestión. Se cuenta -anécdotas de café- que el bonaerense recurrió a adjetivos nada amigables para referirse a Macri. Pero celebró, con las horas, lo que ahora considera irreversible: que el jefe del PRO descenderá a la Ciudad para tratar de reelegir como intendente.

Ese expediente tiene derivaciones. Los coqueteos de Macri con el radicalismo, en detrimento del peronismo asociado, puede parir un incidente: el duhaldismo agita la posibilidad de una candidatura local de Martín Redrado para la eventualidad de que el macrismo no los contenga.

En rigor, Duhalde fantasea con que el economista sea su compañero de fórmula pero, entre tanto, lo patrocina en la Ciudad como oferta autónoma. En su búnker, dicen que tiene intención de voto que oscila entre 4 y 7 puntos. «Lo podemos hacer perder a Macri», amenazan.

Esta semana, el viernes, en el Luna Park, el bonaerense tratará de darle una vuelta más a su candidatura: reunirá a su tropa y como único orador, prepara un discurso que tendrá dos ejes específicos enfocados sobre las formas K más que sobre la agenda de Gobierno.

«Voy a terminar con Moyano y su metodología del apriete», destaca, en mayúscula, una de las frases opcionales del discurso que dirá desde el emblemático escenario del Luna. El camionero es uno de los ítems sobre los que Duhalde quiere militar antikirchnerismo. El otro es su crítica a lo que se menciona como «capitalismo de amigos», en referencia a los empresarios que se expandieron, a tasas chinas, en la era Kirchner. «Les vamos a ganar, con votos, y después actuará la Justicia», advierte, otro de los «giros» incluidos en el borrador del discurso.

Duhalde afirma que Macri se corrió de la presidencial y que sólo quedan él y Alfonsín. Seguirá intentando una unidad de la oposición pero, mientras tanto, su obsesión es «polarizar» con la Casa Rosada con el argumento de que él, sobre el radical, puede «gobernar» mejor.

Martilla sobre ese karma radical. Juzga, y a su lado nadie lo contradice, que su «encanto» radica en el imaginario de que gobernó en medio de la peor crisis de las últimas décadas mientras que gobiernos radicales -en un caso, en particular, un Alfonsín- fueron devorados por esos conflictos.

No es casual la elección de Moyano como blanco móvil: la UCR, entre otras vulnerabilidades, no pudo soportar la presión sindical. Duhalde, que proviene de esa cuna -toda su primera etapa política fue con auspicio de «Las Seis-Dos»- quiere venderse como el domador de esa fiera.

En paralelo, según su hoja de ruta, continuará con el relato público de la conformación de un polo opositor contra los Kirchner. Sostiene que, antes o después, ese ensamble alumbrará: antes de la primaria o luego en el balotaje, que considera -nadie sabe con qué datos- inevitable.

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