11 de octubre 2010 - 00:00

El 16 de abril, día clave para definir relación

Washington - El encuentro en el que la Argentina y el FMI discutirán si habrá sanciones para el país por la no aceptación de las revisiones del organismo del artículo IV ya tiene fecha y lugar. Será el 16 de abril de 2011, cuando se organice la asamblea de primavera del Hemisferio Norte en esta ciudad. La entidad que conduce el francés Dominique Strauss-Kahn se autoimpuso ese plazo para definir la aplicación de penalidades ante lo que ya es una decisión política dictada desde Olivos: no se permitirá en Buenos Aires la presencia de fiscalizadores del FMI.

Así se dispuso en el comunicado final de la «Vigésima Segunda Reunión del Comité Monetario y Financiero Internacional de la Junta de Gobernadores del Fondo Monetario Internacional», presentado por el propio Strauss-Kahn y el número dos del organismo, John Lipsky. En su segundo punto del quinto capítulo referido a las reformas del FMI, el organismo indicó: «Instamos a los miembros a cumplir con sus obligaciones en virtud del Artículo IV del Convenio Constitutivo» y que «aguardamos la oportunidad de examinar el avance realizado a este respecto en nuestras próximas reuniones». Si bien no se menciona a la Argentina, en esta situación sólo se encuentran dos Estados más: Venezuela y Somalia, este último con intervención directa del Fondo en su economía. El 16 de abril será el día en que el Gobierno de los Kirchner decidirán si se quedan o no en el FMI, ya que las sanciones parecerían inevitables, salvo intervención política al más alto nivel internacional. Por ejemplo, con ayuda directa de Barack Obama o Angela Merkel.

Para el Gobierno se trata de una situación más política que económica. Néstor Kirchner dio la orden hace tiempo de que no se podía permitir durante el primer trimestre de 2011 la circulación de inspectores delegados del FMI olfateando las cuentas públicas y planteando dudas sobre ellas, especialmente en el caso de las mediciones de inflación del INDEC, intervenido desde enero de 2007 por Guillermo Moreno.

Esta última posición fue repetida casi hasta el cansancio durante el fin de semana tanto por Mercedes Marcó del Pont como por Amado Boudou. El ministro de Economía reiteró todas las veces que pudo que vino a esta cumbre conjunta entre el FMI y el Banco Mundial, «preparado, tranquilo y seguro de defender los intereses de la Argentina». Lo hizo antes, durante y después de los dos encuentros más importantes que mantuvo en Washington, ayer con el número dos del FMI, John Lipsky, y el sábado con el director para el Hemisferio Occidental del organismo, el chileno Nicolás Eyzaguirre.

Política y económicamente, Boudou participó de esta reunión desde una posición diferente al encuentro anterior de Estambul del año pasado, cuando debió penar en las calles de esa ciudad frente a Eyzaguirre. Se recordaba dentro del gabinete que en la anterior cumbre, el ministro de Economía y el director del Fondo se habían trenzado por la falta de apoyo del organismo para que el país pudiera salir al mercado financiero voluntario y solucionar la situación fiscal de 2010.

La falta de respuestas positivas desde el Fondo hizo que al regreso a Buenos Aires, Boudou, el viceministro Roberto Feletti y el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, desarrollaran lo que luego fue una de las propuestas más polémicas de Cristina de Kirchner: el uso de reservas para cumplir con los compromisos de todo el año.