- ámbito
- Edición Impresa
“El amor es una metáfora de la fe en una sociedad descreída”
Silva: “Conseguí ir a Afganistán y afortunadamente pude hablar con un francotirador español, un veterano, que estuvo antes en Irak, y me cambió la perspectiva, dio profundidad a mi personaje de ´Música para feos´”.
Periodista: Entre los setenta libros que lleva escrito, ¿cuántas veces tuvo que convertirse en mujer como en "Música para feos"?
Lorenzo Silva: Tengo tres novelas juveniles protagonizadas por tres chicas adolescentes, en la novela "El blog del inquisidor", la protagonista es una historiadora, y en la primera novela que escribí, con 19 años, que está inédita, una mujer mayor recordaba su vida. "Música para feos" es la sexta incursión en la narración femenina, y en ella aprovecho ese clásico del rol histórico de la mujer, donde ha sido no quien vive la Historia sino quien la padece, y aguarda a quien vive la Historia. Penélope aguarda a Ulises que ha salido a recorrer el mundo. Pero no es ese el caso de Mónica, la periodista de "Música para feos".
P.: Su novela propone que sea leída escuchando música...
L.S.: La música es un lenguaje complementario de la relación amorosa, funciona como un código compartido entre personas, parejas, amigos, grupos, transporta sobreentendidos. La utilizo como un modo de intercambio entre Mónica y Ramón. Una especie de pasarela que solventa una de las brechas que hay entre ellos dado que son de generaciones y vidas muy diferentes. El escritor empieza haciendo las cosas por una razón, por un cálculo, y luego la escritura te desborda. Las canciones se convirtieron en parte de la estructura de cada capítulo. Y la secuencia de las canciones sigue la secuencia sentimental de la novela. Descubrí que estaba haciendo una novela paralela hecha por canciones, y que se podía tener un resumen de la novela escuchando esas canciones. La editorial tuvo la idea de poner al final la lista de esos 21 temas que se inicia con "Embrujada", de Tino Casal, y "Back to Black", de Amy Winehouse. Y hay otros temas mencionados al pasar. En todos los casos es música popular, reconocible por la mayoría de los lectores. Diría que es una poética complementaria a la poética literaria, y una parte importante del texto.
P.: Una intriga de la novela es a qué se dedica Ramón, que tanto lo ha marcado. Es un secreto que Mónica intenta develar.
L.S.: En la novela hay una historia individual, personal, intimista. Una historia de amor que interfiere un gran relato colectivo, una guerra que ya no es internacional sino mundial. Vivimos un conflicto mundial no declarado. Hay un misterio, pero para mí no es tanto que el hombre sea militar, aunque ella no lo quiera ver, sino que el secreto que lo convierte en una persona distinta, le imprime un carácter diferente, es que es un militar que ha matado gente. Y él es consciente de haber acabado con la vida de personas. Muy pocos son los militares españoles que han ejercido esa violencia en tiempos recientes. Pero en Afganistán, esa intervención impuesta, que no ha servido para nada, han muerto españoles, sufrieron la violencia de los talibanes. Ese es el verdadero secreto de la novela. Para mí lo interesante era intentar dos aventuras individuales en un conflicto global. Un conflicto que toma decisiones que desbordan y desbaratan a los individuos, que no sólo escapa a su comprensión sino que tienen muy pocas razones para justificarlo.
P.: Su novela muestra como insoluble el conflicto en Afganistán, y lo que allí sucede lo que transforma a su protagonista.
L.S.: "Música para feos" tiene un cierto paralelismo con "La flaqueza del bolchevique", mi tercera novela, donde un personaje de vuelta de todo se implica en una turbia relación con una chica muy joven y todo acaba muy mal, y él echa su vida a perder, pero revive como individuo, vuelve a creer en lo que creía en su juventud. "Música para feos" es una experiencia traumática, terrible, para la protagonista, que la hace recuperarse cuando había dejado de creer en todo. Le hace no sólo recuperarse como ser humano sino también como periodista. En tiempos en que el periodismo se ha degradado. Una profesión que está llena de vocacionales. Y es sobrecogedor que una profesión llena de profesionales vocacionales se depaupere a la velocidad en que se ha depauperado el periodismo. Eso genera un conflicto intenso. Cuando se entra por vocación y se encuentra haciendo algo que desprecia, que aborrece, se vive en un permanente estrés. Esto pareciera que lo viven aún más duramente las mujeres. Pero hay quienes renuevan su fe de dejar filtrar la verdad del modo que puedan. Reúno a una periodista que se abandonó a una tarea más fácil, que poco le corresponde, y un militar que no ha dejado de tener su conciencia moral. Uno me dijo: "mi mujer no sabe lo que yo hago, no quiero cargarla con mis horrores y mis culpas". Por un lado yo soy periodista desde hace décadas, y por el otro conseguí ir a Afganistán, y me fue muy importante convivir en la claustrofobia de un destacamento militar en territorio extranjero con la posibilidad constante de poder ser bombardeado, atacado. Afortunadamente pude hablar con un francotirador español, un veterano, que estuvo en Irak antes de estar en Afganistán, y me cambió la perspectiva, dio profundidad a mi personaje. Supe que no era un psicópata de película de Hollywood que se dedica al tiro al blanco, sino alguien que le pasa por su cuerpo lo que debe hacer para defender a los suyos de un feroz ataque. Echa en su mochila personal lo que tiene que hacer, algo que yo sé, como la mayoría de la gente, que no podría hacer de ninguna manera.
P.: A esa experiencia de la decepción, de la violencia y la muerte, usted lleva al azar del encuentro del amor entre dos personas que parecieran estar ya lejos de eso.
L.S.: El amor es para mí una metáfora de la fe en una sociedad descreída, escéptica, que lleva a los individuos a resbalar por la pendiente del cinismo. Para amar hay que creer. Y en "Música para feos" hay dos personas con un itinerario amoroso accidentado, desdichado, que ni son ingenuas, ni están desprevenidas, pero que pese a todo lo vivido eligen volver a creer. Y eso, aunque siempre estará el fantasma de la tragedia de algún modo sobrevolándolos.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora? ¿Volverá a contar de Bevilacqua, ese subteniente de la Guardia Civil, que investigando homicidios, le ha dado fama como autor de policiales?
L.S.: Después de mi experiencia en un frente de guerra, quería hacer una novela de Bevilacqua en Afganistán, pero tenía muchas dudas. En uno de mis encuentros de campo me contaron que, no sé si fue en Irak, a un oficial muy odiado por los soldados lo mataron por la espalda, y que habían utilizado un arma del enemigo para que pareciera que había muerto en combate. Ahí tenía un homicidio en una instalación militar de frontera. Pero eso no me cerraba. Cuando estaba en la base española en Afganistán se me ocurrió un móvil verosímil, creíble, que tiene que ver con la realidad. Así se me ocurrió "Donde los escorpiones", que aparece ahora en España. A Bevilacqua. el responsable de operaciones internacionales reclama su presencia en la base española de Herat, en Afganistán. Han degollado a un militar español con una hoz de las que usan los afganos para cortar amapolas, de la que extraen la droga que es la principal riqueza del país. ¿Fue un atentado de un talibán infiltrado o hubo algún motivo personal? Con la investigación policial pude contar muchas cosas de Afganistán, del mundo afgano, de la terrible situación de las mujeres afganas, que no están en "Música para feos". Todos los personajes son veteranos y veteranas de guerra. El asesinado es un veterano de misiones bélicas en el exterior que guarda más de un cadáver en el armario. Y en ese ámbito cerrado se esconde el asesino.
Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario