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El arte de crear los menús más exclusivos
El azuleño Junior Castiglione es un verdadero trotamundos de la cocina. Junto con su socio y amigo se dedica desde hace más de cuatro años a desarrollar los menús de prestigiosos restaurantes del mundo. En su lista de comensales aparece nada más ni nada menos que el presidente ruso Vladímir Putin.

P.: ¿Qué factores tienen en cuenta a la hora de desarrollar la cocina de un restaurante?
J.C.: El proceso en sí es complicado porque implementar una cocina determinada depende mucho del tipo de lugar y la cultura, que uno no conoce. Hay que poner muchas cosas en la balanza para desarrollar el proyecto. Por ejemplo, cuando vas a trabajar a países musulmanes que no consumen alcohol, y no comen puerco, tenés que desarrollar un proyecto sin esos productos y como uno está acostumbrado a la cocina mediterránea o latina es proceso complicado. Hay que dejar de lado el ego de tu propia cocina porque cada país es distinto y necesita comer diferentes menús. En Moscú, donde trabajé hasta hace muy poco, al haber bajas temperaturas necesitan comidas más calóricas. En cambio, en Dubái cuando hace mucho calor requieren de comidas más livianas, como frutas y vegetales. No bien llegamos a cada país, vamos a comer a los restaurantes más típicos o los mejores y recibimos opiniones de gente conocida que viene en esos lugares. Además, suelo ir a comer a la casa de familia de mis cocineros. Siempre trato de hacer una cocina muy sana, muy casera, con técnicas modernas pero con sabores autóctonos y lo más orgánico que se pueda.
P.: ¿Cómo se lleva a cabo el proceso de contratación?
J.C.: Los inversores contratan una agencia que se encarga a su vez de convocarnos a nosotros, si encajamos en el perfil de cocina que se busca. La agencia planifica una reunión con el inversor y el CEO del futuro restaurante. Se abre una negociación en la que se definen el contrato y la estadía. Los contratos duran de dos a cuatro años, dependiendo del lugar y del proyecto. Un par de veces nos ha pasado que los dueños son multimillonarios que quieren el lugar exclusivo para ellos.
P.: ¿Cómo fueron esas experiencias?
J.C.: En Moscú trabajamos para un club privado en donde los comensales eran solamente los socios del lugar y sus allegados, no estaba abierto al público. Casi todos los que clientes eran gobernadores y ministros del Kremlin. Y alguna vez también asistió el mismísimo Vladímir Putin. Sólo la cocina costó u$s6 millones. Tenía porcelana francesa y vajilla inglesa. El menú era mediterráneo, muy italiano, con influencia rusa. Trabajamos para un hotel 5 estrellas de Dubái, cuyo dueño, un qatarí, quería tener en el último piso un restaurante de comida típica argentina, como empanadas y humitas.
P.: Más allá de este caso puntual, ¿suele utilizar ingredientes de la cocina argentina en cada menú que desarrolla?
J.C.: Sí, todo el tiempo juego con muchos ingredientes sudamericanos o inclusive argentinos. Mis técnicas son muy francesas, pero mis ideas son muy italianas, y mi paladar es muy latino.
P.: Y en este momento... ¿en qué proyecto se encuentra?
J.C.: Ahora estoy en Reino Unido a cargo de dos restaurantes. Londres es como mi base, siempre vuelvo para darle una mano a algún restaurante de conocidos. A la par, estoy analizando un proyecto de Indonesia.
P.: Yendo un poco a la coyuntura, ¿qué impacto ha tenido hasta el momento el "brexit" en Londres?
J.C.: Cuando se produjo el "brexit" comencé a percibir mucha discriminación y tensión con los inmigrantes. De hecho, varios de ellos se han vuelto a sus países de origen. En lo que respecta a la gastronomía, los precios de los productos han subido mucho por la devaluación de la libra y, por ende, la cantidad de comensales ha bajado.
P.: ¿Tiene pensado regresar al país en el corto o mediano plazo?
J.C.: Sí, tarde o temprano voy a volver, pero hoy no lo pienso, vivo más el día a día. Hay jornadas en las que estoy 16 horas en la cocina y no me doy cuenta, casi no tengo tiempo de pensar en más allá de mañana.


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