4 de mayo 2009 - 00:00

El Beso de Manuel Puig, sin faldas ni a lo loca

Rubén Szuchmacher: «El tiempo ha mejorado esta obra, ya que a nadie escandaliza hoy, como hace más de 30 años, el tipo de relación que cuenta».
Rubén Szuchmacher: «El tiempo ha mejorado esta obra, ya que a nadie escandaliza hoy, como hace más de 30 años, el tipo de relación que cuenta».
«De lo que más nos ocupamos en 'El beso de la mujer araña' fue de la desmariconización de Manuel Puig. Toda esa cosa que generó la película de Héctor Babenco con un ridículo William Hurt haciendo de loca, fue dejada totalmente de lado», explica a este diario el director Rubén Szuchmacher, responsable de la puesta que protagonizarán Humberto Tortonese y Martín Urbaneja en el teatro El Cubo (Zelaya 3053) a partir del 7 de mayo.

Se trata de la versión teatral de la novela homónima de Puig realizada por el propio autor en 1980. «¿Sabe por qué la adaptó para el teatro?» -continúa- «Porque la novela fue un exitazo cuando se publicó en 1976 y enseguida empezaron a llevarla a escena en todo el mundo sin pagar derechos de autor. Y para evitar que siguieran robándole el material, Puig escribió esta versión. Después vino la adaptación cinematográfica, que no lo conformó para nada, y la comedia musical, dos subproductos que no tienen nada que ver con su obra».

Periodista: ¿Qué lectura hizo usted?

Rubén Szuchmacher: Me parece que en su momento nadie pudo captar cuál era su verdadero tema porque fue tapado por otras cuestiones más escandalosas como la escena del beso entre Molina y Valentín. Muchos iban al teatro para ver cuando se daban el chupón. Pero esos temas hoy ya no escandalizan a nadie. Para mí Molina no es un travesti, ni un queer, ni un maricón, en el sentido tradicional del término.

Caracterización

P.: ¿Tortonese no se traviste en la obra?

R.S.: No, jamás. Además, la obra nunca dice que Molina se disfrace de mujer. Uno piensa en William Hurt que durante toda la película parece estar diciendo: «ojo, que yo hago de puto, pero no soy puto». ¡Es insoportable! Hace poquito vi dos escenas y no quise saber más nada. Es mucho más interesante verlo a Tortonese sin ningún disfraz y oírle decir: «Yo no soy homosexual, yo soy mujer», sin ninguna tipo de afectación. También me interesó revisitar el sustrato político desde el cual Puig escribe esto que tiene que ver con los años de militancia. Valentín es un idealista que habla de marxismo y lucha para que la humanidad sea libre mientras que su compañero de celda, que está acusado de corromper menores, habla desde el sentimiento y le cuenta películas de amores trágicos para aliviarle el dolor de las sesiones de tortura. Pero Molina es a la vez un traidor y está ahí para sacarle información...

P.: Todavía no nos dijo cuál es el tema de la obra.

R.S.: El gran tema de la obra es dar la vida por el otro sin pedir nada a cambio. En eso puse el acento.

P.: ¿Cómo llevó a la escena el glamoroso mundo de película que va creando Molina?

R.S.: Con la palabra. Yo confío en su poder de evocación. En la novela se relatan unas cuatro o cinco películas; pero acá, precisamente, Puig no está trabajando sobre el cine, sino sobre los recuerdos que una persona tiene sobre una película, en la que de algún modo proyecta sus propias fantasías, como en los sueños. Por algo Puig elige contar una película como «Cat people» (la historia de una mujer-pantera que decide abandonar al hombre que ama para no dañarlo) porque ésa es la que mejor representa este encuentro entre dos individuos de especies muy diferentes. Con el escenógrafo Jorge Ferrari y el diseñador de luces Gonzalo Córdova hemos «deshollywoodizado» la obra. Nada de estrellitas ni lentejuelas. Ahora me estoy dando cuenta que este espectáculo es de una sequedad increíble. Sí, es una obra dura que habla de un afecto que no se puede dar entre dos seres tan distintos y que de golpe se da. Y esto no tiene que ver con el sexo, porque la escena de la cogida prácticamente no tiene importancia. Pasa.

Entrevista de P.E.

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