4 de noviembre 2009 - 00:00

“El cine es equipo: nadie es el autor total de un film”

Arriaga se ofendió cuando González Iñárritu no lo reconoció como coautor de «Amores perros» y «Babel». Ahora dice que «Camino a la redención», su primer film como director, es colectivo.
Arriaga se ofendió cuando González Iñárritu no lo reconoció como coautor de «Amores perros» y «Babel». Ahora dice que «Camino a la redención», su primer film como director, es colectivo.
El escritor mexicano Guillermo Arriaga, guionista de «Amores perros», «21 gramos» y «Babel», está entre nosotros para presentar su primer film como director, «Camino a la redención», con Charlize Theron, Kim Basinger y Jennifer Lawrence. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Es cierto que se crió en un barrio bravo?

Guillermo Arriaga: Era un barrio de clase media no acomodada, de esos que, como dijo uno, «venimos de la cultura del esfuerzo». Mi padre siempre creyó en la educación, nos mandaba a escuela privada, nos llevaba los sábados a algún museo y los domingos al campo, nos crió bien, sólo que, es cierto, me peleaba yo mucho con los vecinos. Tenía déficit de atención, lo cual me llevaba a brotes de violencia, sin medir lo que podría pasar. Ese déficit, debido a la inmadurez del sistema neurológico, provoca exabruptos violentos, y dificultad para entender procesos lógicos. La ventaja es que entonces empiezas a desarrollar procesos intuitivos.

P.: ¿Cómo empezó su costumbre de escribir «historias cruzadas»?

G.A.: Eso se explica por tres razones: mi déficit, el modo en que hablamos, donde las referencias temporales van y vienen (cotidianamente, sin advertirlo, usamos estructuras narrativas muy sofisticadas), y los autores que me gustan, como William Faulkner y Pedro Rulfo, que difícilmente cuenten algo en forma lineal.

P.: ¿Cómo escribió «Amores perros» y demás trabajos para Alejandro González Iñarritu?

G.A.: Yo quería escribir tres guiones que comenzaran con un accidente cada uno. Escribí «A cielo abierto», y se lo dí a Pelayo González. «Es muy malo», me dijo, «mejor sigue escribiendo novelas». Eso fue un mes de junio. Seis meses después estaba de cacería con dos amigos excelentes, analfabetos ambos, y llegó un muchacho corriendo, que Pelayo quería hablarme. «¡Este guión es una obra maestra!», «¿Pero no me has dicho que es muy malo?», «Es que me dio flojera leerlo». Y me conectó con Alejandro, que entonces era conocido como director de anuncios comerciales chistosos. Esa era su fama. Él tenía la idea de hacer una comedia romántica. Le dije «Mira, Alejandro, me caes bien, pero yo sólo escribo originales. Y te los daré, a condición de figurar ambos a la par, y si hay un premio, subir ambos a recibirlo». Por supuesto, no me cumplió ninguna de esas condiciones.

P.: Igual siguieron trabajando juntos.

G.A.: No sé si es cierto, pero dicen que Mick Jagger y Keith Richards hace 20 años que no se hablan, y siguen solo porque deshacer los Rolling Stones es más costoso que mantener un matrimonio. Es como cuando te llevas mal con tu mujer, pero sabes que los niños nacerán lindos y ella va a criarlos bien, por eso sigues. Alejandro es muy buen director.

P.: ¿Y representa los nervios del DF?

G.A.: La cámara nerviosa no creo que sea del DF, es de Alejandro nomás. Muy distinto fue trabajar con Tommy Lee Jones y su director de fotografía Chris Menges, dos tipos muy calmos, de pueblo chico, en una historia de fronteras, «Los tres entierros de Melquíades Estrada».

P.: Con la que usted ganó el premio al mejor guión en Cannes. También su película, «Camino a la redención», es una historia de fronteras.

G.A.: Sí, pero yo no diría mi película. Demasiada gente colabora, da su aporte, como para que un director tenga la arrogancia de decir que es suya. Un film es un diálogo activo, con productores, técnicos, actores, amigos, compañeros de un proyecto. Si esta película va bien, es mérito del equipo, lo digo de corazón. Y si va mal, es culpa mía, como guionista y director.

P.: Aprovecho a preguntarle, ¿todavía hay muchas norteamericanas sexualmente trastornadas, como la que hace Charlize Theron?

G.A.: Las he visto en la vida real, en el sexo buscan un castigo. La sexualidad americana tiene un componente represivo muy fuerte. Ellas no olvidan que sus Padres Fundadores encontraron demasiado liberal la Inglaterra de su tiempo, y por eso fundaron América. Curiosamente, cuando son jóvenes, muchas norteamericanas cruzan la frontera, tienen su «Spring Break» hasta con diez mexicanos en la alberca del hotel (ni siquiera llegan a la habitación), y luego se vuelven, se casan, y crían muy puritanas a sus hijas, que apenas pueden hacen lo mismo. Yo quise dar una mirada crítica, irónica, a esa moralidad mal entendida, que a veces, como en el film, tiene consecuencias gravísimas. Y tuve una gran ayuda en las actrices. Estoy particularmente orgulloso de las más jóvenes, Jennifer Lawrence y la niña Tessa La, que no se intimidaron frente a Kim Basinger y Charlize Theron, dos actrices que saben cómo llevar sus Oscar.

P.: Actúan muy bien. ¿Pero por qué el galán mexicano de la Basinger es, en realidad, un actor portugués?

G.A.: ¡El personaje más difícil de «castear»! Sucede que los Bichir son más jóvenes que Kim. Vine a la Argentina, pero Darío Grandinetti estaba ocupado, Miguel Ángel Solá también. Por suerte di con Joaquim de Almeida, un tipo de gran experiencia, que parece mexicano del norte y tiene buena química con ella (porque para las escenas que hacen, no basta con ser buenos intérpretes).

Entrevista de Paraná Sendrós

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