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El déficit de Macri

Resulta paradójico, o más bien revelador, que el jefe de Gobierno con aspiraciones presidenciales, se presente comprometido con un discurso eficientista, de administrador responsable y previsible, cuando a la vez es noticia en los periódicos debido a la preocupante tendencia del desempeño fiscal y financiero de las cuentas públicas en la CABA. De los ocho años que va a gobernar Macri, sólo en uno (2010) se podrá anotar un resultado financiero positivo en la administración central. Luego, en 7 años incursionará sistemáticamente en déficits financieros, argumentando que la "explosión" de obra pública de la Ciudad requería aumentos incesantes de los impuestos, de la deuda y del déficit. Para tomar el último período cerrado (año 2013) se observa un resultado financiero negativo de 3.106 millones de pesos, que es 111%! mayor al de 2012 (o sea se duplicó en tan sólo un año alcanzando el 0,5% del PBG). Este es el "hecho", el "dicho" era un presupuesto que marcaba equilibrio (apenas 166 millones de déficit).
Para tener alguna comparación, miremos la provincia de Buenos Aires (donde actualmente ejerzo responsabilidades de gestión como presidente del Banco Provincia). Con un presupuesto tres veces mayor, cinco veces más población, un importante núcleo duro de población con NBI, más de un tercio del producto bruto y 135 municipios que reciben transferencias desde el Gobierno provincial como nunca antes, o sea un país dentro de un país como siempre señala el gobernador Daniel Scioli, la provincia presentó en 2013 un resultado financiero de - 1.028 millones de pesos (insignificante para el volumen presupuestario y equivalente al 0,1% de su PBG). Entonces CABA arroja un déficit financiero por habitante de unos 1.000 pesos y Buenos Aires de $ 63.
Atrás de este comportamiento fiscal en la CABA está un continuo patrón donde el ritmo de crecimiento de los recursos (a pesar del exorbitante aumento de impuestos) va por detrás del aumento de los gastos (corrientes y de capital), generando un endeudamiento creciente a contramano de la mayoría de los distritos del país.
El último dato de la deuda pública porteña (a fin del primer trimestre 2014) la ubica en más de 15.000 millones de pesos, siendo que cuando Macri asumió era de 2.700 millones. Si bien se ha mantenido la proporción respecto a los ingresos, resulta preocupante su perfil en el tiempo. Un 38% vence de aquí a diciembre de 2015 y, peor aún, el 99% del total de la deuda es en dólares, algo imprudente ya que casi la totalidad de la deuda resulta expuesta al riesgo de tipo de cambio. Desde diciembre de 2007 hasta la actualidad la CABA es el distrito subnacional que más aumentó su endeudamiento, un 466%. Para tener de nuevo una referencia con un distrito grande y complejo como la provincia de Buenos Aires, allí la deuda está diversificada un 50% en moneda extranjera y el resto pesificada sin cláusula indexatoria. De esta manera, la CABA pasó de ser en 2007 la décimocuarta jurisdicción del país con mayor endeudamiento a ubicarse actualmente como la tercera más endeudada. Por ese motivo, cada porteño hoy debe unos $ 5.100, cuando en 2007 debía $ 900.
Quienes estamos pensando en la Ciudad y aspiramos a gobernarla y gestionarla de manera distinta, debemos remarcar estas contradicciones de una administración que con rostro eficientista y desdén por lo público, sólo recurre año a año a aumentos desmesurados de los impuestos, que aun así no le alcanzan porque el gasto crece por encima de los recursos, factor que en parte explica el crecimiento de la deuda. Mientras tanto la población, especialmente la más vulnerable, no encuentra soluciones de fondo a sus demandas, ya que por ejemplo el déficit habitacional se agrava.
Lamentablemente la tendencia que hemos descripto nos deja para 2015 una transición en la Ciudad de Buenos Aires donde la sustentabilidad de las cuentas públicas no está garantizada en el mediano plazo. La recaudación se ha hecho más procíclica y dependiente del ciclo económico, los gastos son más rígidos, los vencimientos de la deuda son exigentes y en moneda dura, y no se guardó nada en la bonanza para enfrentar tiempos de vacas más flacas.
(*) Presidente del Banco Provincia de Buenos Aires.


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