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El Ejército egipcio reconoció las “demandas legítimas” del pueblo
Un hombre que solo se identificó como Fathi, vestido con el uniforme de capitán del Ejército egipcio, es llevado en andas por un manifestante en la plaza Tahrir de El Cairo, epicentro de las protestas por la democracia. Las FF.AA. serán el árbitro de última instancia en la crisis política.
Dirigiéndose al «gran pueblo de Egipto», el Ejército juzgó como «demandas legítimas» sus reivindicaciones y aseguró que «no recurrirá al uso de la fuerza contra el pueblo egipcio», en un comunicado citado por la agencia oficial Mena y la televisión estatal.
«La libertad de expresión de forma pacífica está garantizada para todos», afirmó el portavoz del Ejército.
La declaración tuvo lugar la víspera de «la marcha de un millón» de personas prevista en El Cairo y en Alejandría (norte) para reclamar la caída de Mubarak, quien ayer anunció nombramientos, en un gesto de apertura que no convenció a los manifestantes.
La Hermandad Musulmana, el grupo de oposición más influyente de Egipto, llamó a seguir con las manifestaciones hasta que caiga el régimen de Mubarak y anunció «su rechazo total» al nuevo Gobierno, en un comunicado publicado en el séptimo día de una rebelión que dejó por lo menos 125 muertos.
La principal novedad del nuevo gabinete es el reemplazo del ministro del Interior, Habib El Adli, denostado por los manifestantes. Su lugar lo ocupará el general Mahmud Wagdi, quien fuera jefe de Instituciones Penitenciarias, un dato significativo de que la apuesta de Mubarak sigue contemplando a los más duros de su régimen.
A su vez, el designado vicepresidente, Omar Suleimán, antiguo jefe de Inteligencia, dijo haber sido encargado por Mubarak para entablar inmediatamente un diálogo con la oposición para llevar a cabo «la reforma constitucional y legislativa».
Todo indica que ya es tarde para estos cortejos luego de haber desatado hace una semana una cruenta represión y de haber impuesto el toque de queda por 17 horas. Los participantes en las protestas de El Cairo van por más. Afirman que solo se darán por satisfechos cuando renuncie Mubarak.
Decenas de miles de personas volvieron a concentrarse el lunes en la plaza Tahrir del centro de El Cairo, epicentro de la rebelión, y varios cientos habían pasado la noche allí.
Los opositores enarbolaban pancartas con lemas como «Queremos la cabeza de Mubarak» o «Mubarak no te queremos».
El lugar estaba rodeado por tanques y los militares controlaban la identidad de quienes querían acercarse, aunque sin impedirles el paso, como en los últimos días.
En ese marco, los miembros de los comités populares verificaban que no hubiese policías infiltrados. «Buscamos a provocadores de la Policía que quieren infiltrarnos y quebrar nuestra unidad», dijo un miembro de esos comités.
El domingo por la noche, Mubarak había vuelto a sacar a los policías a las calles, en otra demostración de que dará pelea para no caer, pese a todo.
Las fuerzas opositoras, nucleadas en una coalición que incluye desde sectores laicos hasta la Hermandad Musulmana, pidieron el domingo al ex jefe de la agencia nuclear de la ONU (AIEA) y Premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, quien se ofreció a liderar un Gobierno de transición, que entable negociaciones con el régimen.
La comunidad internacional sigue con ansiedad los acontecimientos. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu dejó en claro el temor de su Gobierno. Rechazó que «un movimiento islamista organizado tome el control del Estado» aprovechándose del caos, en un camino similar al de la Revolución Islámica en Irán, en 1979 (ver aparte).
Estados Unidos parece haberle soltado la mano al «rais» egipcio, mientras lleva a cabo la evacuación de 2.400 de sus ciudadanos. La mitad de ellos ya dejó el país.
Ya el domingo, Barack Obama había abogado por una «transición ordenada». En línea, la Unión Europea pidió ayer «reformas democráticas sustanciales» y elecciones «libres y justas».
Los bancos y la Bolsa egipcios seguían ayer cerrados. En las estaciones de servicio faltan combustibles y los cajeros automáticos están vacíos. Los trenes no funcionaban, aunque se sospecha que para restar concurrencia a las manifestaciones.
La agencia de calificación financiera Moodys redujo la nota de Egipto, ubicándola en «Ba2». El final sigue abierto.
Agencias AFP, EFE, ANSA, DPA y Reuters


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