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El género documental sale del cine y encarna en vivo
Adrián Pascoe: «Mi forma de hacer teatro parte de la premisa de que cualquier historia de vida es siempre interesante».
Tras cursar Filosofía en la UNAM de México, retomó la actividad teatral, su pasión de adolescencia. También trabajó en España y ahora forma parte del circuito teatral porteño. Domina a la perfección la jerga local y nuestros peculiares códigos de convivencia; pero, aun así, sigue amarrado a su condición de extranjero. Ese desajuste social que él vive con entusiasmo -»salvo los domingos a la tarde, cuando uno empieza a extrañar la comidita familiar y a los amigos»-, lo llevó a crear «Mi única fe», una obra de teatro documental, en la que tres actores-investigadores (el colombiano Mario Henao, el mexicano Javier Aparicio y el propio Adrián Pascoe) analizan la vida de una inmigrante turca de 22 años.
El espectáculo se exhibe los sábados en El Excéntrico de la 18 (Lerma 420). Cuenta con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes y fue declarado de interés cultural por la Legislatura y el Gobierno de la Ciudad. Dialogamos con él:
Periodista: Su propuesta está muy relacionada con el formato Biodrama, creado por Vivi Tellas.
Adrián Pascoe: Inicié este proyecto antes de conocerla, pero reconozco que ella ha tenido una fuerte influencia en mi trabajo. Fui su asistente de dirección en «La bruja y su hija» que se exhibió este año en el marco del «Proyecto Manual» (Centro Cultural Rojas) y ahora estoy asistiendo a su taller de biodrama. Pero, mi perspectiva es distinta. Vivi trabaja con la persona documentada en escena; en cambio nosotros ponemos en primer lugar al documentalista.
P.: ¿Qué procedimientos utilizaron?
A.P.: Los recursos narrativos del documental clásico de cine y televisión, pero intermediados por la experiencia en vivo, que incluye dramatizaciones sobre las vivencias de Hatice en Buenos Aires. Fue un largo proceso de investigación. Recopilamos datos mediante entrevistas y en escena mostramos documentos, fotografías, proyecciones, grabaciones de audio en turco y un hermoso trabajo con paper cuts (papel calado) de la artista chilena Alexia Muñiz Braun. La música original es de Liza Casullo. Partimos de la premisa que toda historia de vida es interesante.
P.: ¿Y en este caso en particular?
A.P.: Hatice es una persona fascinante y con una cultura muy amplia. Como estudiante de ciencias políticas decidió viajar a Buenos Aires para terminar una tesis en la que compara a Mustafa Kemal Atatürk (un oficial del ejército turco, fundador y primer presidente de la moderna República de Turquía) con la figura del General Juan Domingo Perón. Este dato nos resultó de sumo interés, al igual que su condición de inmigrante de un país islámico que debe adaptarse a una gran ciudad como Buenos Aires. En este cruce de culturas, ella fue madurando y ampliando su mundo. Yo la conocí en 2008, cuando recién llegada al país le alquilé una habitación. Nos hicimos muy amigos e íbamos a todas partes. La decisión de hacer este documental fue suya, luego de ver el espectáculo de Federico León «Yo en el futuro» que combinaba cine y teatro. Todas las historias que ella me contó en los tres años que estuvo aquí fueron el puntapié inicial para realizar esta obra.
P.: ¿La historia de Hatice le espeja su propia situación de extranjero?
A.P.: Así es. Su historia arma un extraño espejo con nuestra experiencia de extranjeros. La obra es muy dinámica y graciosa. Hablamos de política y de historia, pero también de cuestiones sexuales y otros temas que dan cuenta de los cambios internos y sociales de una joven inmigrante camino a la adultez, que debe lidiar con las tradiciones y preconceptos típicos de su país y abrirse paso sola en una gran ciudad como Buenos Aires, que la fascinará y al mismo tiempo le resultará hostil. Cuando ella vuelve de visita a su casa natal no se siente cómoda porque ya no encuentra pares, y de pronto descubre que le toca estar sola. Ahí es donde los tres actores-narradores coincidimos con ella, porque después de vivir en otro país uno ya no vuelve al mismo sitio que dejó. Pese a ser hombres y latinoamericanos, en la obra nos convertimos en Hatice.
P.: ¿Qué relación encuentra entre Turquía, Argentina y México?
A.P.: En México somos bastante más retrógrados que los argentinos. Si tienes 30 años y no vives en pareja estás en problemas; en cambio acá, la soltería es más parecida a la serie «Friends» que a lo que puedes ver en México. Lo que sí extraño es la cortesía mexicana. Nuestra manera de vincularnos es mucho más cómoda. El mexicano te va a decir tres veces «por favor», «gracias» y «disculpe» antes de cualquier cosa. Tal vez eso explique nuestro gran éxito como destino turístico. Por otro lado, descubrí que la cultura mexicana, al igual que la turca, es una suma de civilizaciones. Turquía fue antes persa, y antes sumeria, después fue islámica y luego se convirtió en un país moderno. Lo vio pasar todo, diez veces. Y en México ocurrió algo similar. Cuando llegaron los españoles ya había clases sociales, escuelas, ciencia y una superposición de culturas, además de una gran violencia hacia las culturas marginales. Como ocurrió en Turquía con el pueblo armenio. De hecho la tesis de posgrado de Hatice está referida al tema de la justicia histórica: ¿por qué la hubo en la Argentina y no en España (en relación al franquismo), ni en Turquía. Pero dejamos este tema de lado para que nuestra documentada no tenga problemas con el gobierno turco. De todas maneras, su historia está narrada con bastante jocosidad.
P.: ¿A qué se debe el título «Mi única fe»?
A.P.: Todo cae sobre la misma piedra: occidente y la emancipación. Esa es su única fe, la que tiene en ella misma.
Entrevista de Patricia Espinosa


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