16 de junio 2016 - 00:00

El mundo de Marai vuelve a la escena

Víctor Laplace y Thelma Biral encabezan el elenco de “La herencia de Eszter”, con puesta de Barney Finn.
Víctor Laplace y Thelma Biral encabezan el elenco de “La herencia de Eszter”, con puesta de Barney Finn.
Subirá a escena esta noche, en el teatro de la Comedia (Rodríguez Peña 1062), "La herencia de Eszter", tercera adaptación en nuestro medio de una novela del húngaro Sandor Marai después de "La mujer justa" (2012), que hicieron Graciela Dufau, Hugo Urquijo y Arturo Bonín, y "El último encuentro", que al año siguiente interpretaron también en la Comedia Duilio Marzio, Hilda Bernard y Fernando Heredia. "La herencia de Eszter" estará protagonizada por Thelma Biral y Víctor Laplace, en un elenco que también integran Susana Lanteri, Luis Campos, Edgardo Moreira y María Viau, con dirección de Oscar Barney Finn.

La iniciativa de llevar a escena esta novela breve de Marai, que narra la historia del reencuentro entre una mujer otoñal y un hombre de quien ella estuvo y aún sigue estando enamorada, y que llega intempestivamente a su casa junto a su actual familia, partió de Biral, quien se ha confesado admiradora de la obra del húngaro. Ella convocó para la adaptación a María Mercedes Hernando.

Oscar Barney Finn,
cuya propia estética se adapta a la perfección al mundo, los personajes y la época de esta obra, le ha impreso su sello en el criterio de puesta y hasta en la música elegida para acompañar las acciones: composiciones de Reynaldo Hahn, el músico venezolano radicado en París y que llegó a ser amante de Marcel Proust, y "Morgen", el famoso lied de 1894 de Richard Strauss. Dialogamos con Barney Finn, a quien se ve con mucha actividad en estos días (hace menos de un mes estrenó "El Diccionario", sobre la vida de María Moliner).

Periodista: ¿Qué representó para usted llevar a escena "La herencia de Eszter"?

Oscar Barney Finn:
Es una obra extraordinaria que me permite seguir reflexionando sobre los sentimientos, en este caso sentimientos tan complejos, como el de la protagonista, que continúa amando a un hombre que no fue otra cosa que un ave de rapiña, que terminó casándose con su hermana, y que se propone seguir estafándola en todo sentido. Hay una frase esencial que se dice en la obra, "nosotros dependemos de nuestros enemigos como ellos dependen de nosotros". Es ese vínculo enfermizo entre Eszter (Thelma Biral) y Lajos (Víctor Laplace) la que sostiene este drama, que tiene desde luego características melodramáticas y románticas y que, según leí hace poco, fue empleado por un psiquiatra para desarrollar un concepto clínico sobre aquellas personalidades que se valen de la bondad, o la vulnerabilidad ajena, para destruir.

P.: El entorno y la ambientación contribuyen a acentuar este vínculo.

O.B.F.
: Desde ya. Además, ésta es una época y una cultura que siempre ejerció una enorme atracción sobre mí. Es la "Mitteleuropa" del fin del imperio austrohúngaro, de un mundo que llega a sus postrimerías antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, el universo de las novelas de Joseph Roth. Si bien Marai no establece de manera concreta ni un lugar ni una fecha, se sabe que transcurre entre 1912 y 1913, en los restos de ese imperio de esplendor, y no en una ciudad sino en una casa de campo.

P.: Como en "El último encuentro".

O.B.F.:
Exacto. Esa obra, que fue publicada tres años después de "La herencia de Eszter", tiene muchos puntos en común. Ambas dan cuenta del reencuentro de dos personajes que no se ven desde hace muchos años y que seguramente no pensaban volver a hacerlo. Es una persona que vuelve del pasado al presente de la otra, de manera amenazadora, y ese choque deja interrogantes sobre la conducta humana. Nos preguntamos el porqué del proceder de Eszter, que ya conoce a ese canalla que llega acompañado por dos de sus hijos, y sin embargo vuelve a caer en su encanto.

P.: No sólo la época, que habla de un decadentismo cultural, sino también la forma del vínculo puede evocar el mundo de Luchino Visconti.

O.B.F.:
Así es, pero también el de Chejov. Yo me preocupé por acentuar, en mi puesta chejovianos que veo en Marai. Fue así que esa larga jornada, porque la obra tiene unidad de lugar, de tiempo y de acción (se incia una tarde y continúa hasta la madrugada siguiente), está ambientada en mi puesta en un jardín, y comienza con un almuerzo también muy chejoviano.

P.. ¿La obra filtra referencias históricas concretas?

O.B.F.:
Ninguna, pero pese a ello los personajes responden con exactitud a ese período histórico que estaba viviendo Europa antes del estallido de la guerra, y en particular Hungría. Es un mundo que carece de futuro, porque el futuro es desesperante, y en tal sentido vuelve la cabeza con nostalgia a los esplendores del pasado.

P.: ¿La adaptación sigue fielmente a la novela?

O.B.F.:
Sí, es una versión muy fiel. Están los personajes principales, la mujer que acompaña a Eszter, su hermano, que tiene una pequeña librería, un notario, la hija de Lajos. A lo sumo hay algún personaje secundario, como un ex amante de ella, que no tiene presencia física en la escena pero está mencionado. Lo que cambia es el punto de vista: en la novela, los hechos están contados en primera persona por Eszter, y en la adaptación no; la mirada es objetiva, como la del narrador omnisciente. En un principio, a mí me atraía recuperar esa primera persona de la protagonista, pero decidimos mantener el nuevo punto de vista.

Entrevista de Marcelo Zapata.

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