20 de junio 2016 - 00:00

El recelo a la unificación se contagia al bloque

Sechengen - Cuando a mediados de mayo el techo del museo europeo de la ciudad luxemburguesa de Schengen se derrumbó, el alcalde rechazó rápidamente la idea de que ese accidente era un "símbolo" del hundimiento de Europa, enfrentada a una crisis interminable y al temor de un divorcio con el Reino Unido.

El techo se derrumbó debido a un error de construcción, a la utilización de tornillos inadecuados, explicó Ben Homan, el primer concejal de Schengen, ciudad donde en 1985 se firmó el acuerdo sobre la libre circulación de personas, una de las conquistas más tangibles de la construcción europea. Pero, al igual que el museo de Schengen, la frágil edificación de la integración europea no será reparada milagrosamente en un instante.

El desamor de la Unión es más fuerte que nunca por la mayor crisis migratoria desde 1945. "Necesitamos encontrar de nuevo estas visiones y estos sueños", declaró Ben Homan. "Aquí, vivimos el acuerdo de Schengen a diario: si caminás sólo 100 metros, podés estar en otro país. Es evidente que toda la región se benefició del acuerdo", aseguró. Situada a orillas del río Mosela, la pintoresca comuna de Schengen, fue elegida de manera simbólica por situarse en la triple frontera de Luxemburgo, Francia y Alemania.

Pero el hecho es que Schengen está actualmete resquebrajado, al igual que los cimientos del proyecto europeo, y que la utopía que llevó a la creación de la Unión sobre las ruinas de la guerra ya no funciona. Un estudio reciente del centro de investigación estadounidense Pew reveló el fuerte retroceso de las opiniones favorables a la UE. En Francia, en un año, descendieron 17 puntos a un 38%.

Los europeos "ya no sienten fervor o amor por el sueño europeo", sus ventajas son ahora consideradas como adquiridas, reconoció Janis Emmanouilidis, director de estudios en el Centro de Política Europea (EPC). "Durante los seis o siete últimos años, la UE ha funcionado pasando de una crisis a otra, y las cosas no se solucionan, empeoran", constató.

La crisis de migrantes llevó a varios miembros a suspender el principio de libre circulación ante la incapacidad de los dirigentes europeos de acordar una distribución equitativa de la carga. En cuanto al lento crecimiento, sigue pesando, provocando un aumento del desempleo entre los jóvenes. Sin olvidar la deuda griega que sigue preocupando a la zona euro. Y en toda Europa se extiende el euroescepticismo y el populismo.

Bruselas, burocrática e intrusiva, sepulturera de las soberanías nacionales, encarnación de las élites globalizadas contra el que avive el descontento popular, es cada vez más criticada. Los propios dirigentes europeos empiezan a admitir que los ciudadanos no comparten necesariamente sus sueños de una colaboración "aún más estrecha".

Incluso Jean-Claud Juncker, presidente de la Comisión y representante del federalismo, reconoció que el rechazo de los europeos se debía a una interferencia demasiado grande de Bruselas en sus vidas privadas. "¿Este sueño europeo, quién lo tiene? Incluso los que deberían personificarlo son cada vez más realistas", observó Janis Emmanouilidis.

El presidente del Consejo de la UE Donald Tusk activó la alarma, considerando que la Unión, "obsesionada con la idea de una integración instantánea y total", "no se dio cuenta de que la gente corriente, los ciudadanos europeos, no comparten nuestro euroentusiasmo".

Sin embargo, en Schengen, en este cruce de Europa, aún se quiere creer en la supervivencia del sueño comunitario.

Agencia AFP

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