26 de febrero 2009 - 00:00

Entretenido cóctel de géneros de Tarantino

Kurt Russell es el psicópata que acosa mujeres en «A prueba de muerte», rara mezcla de psycho thriller, road movie y comedia negra con momentos de acción sorprendentes hasta para el autor de «Tiempos violentos».
Kurt Russell es el psicópata que acosa mujeres en «A prueba de muerte», rara mezcla de psycho thriller, road movie y comedia negra con momentos de acción sorprendentes hasta para el autor de «Tiempos violentos».
«A prueba de muerte» (Death Proof, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: Q.Tarantino. Int.: K. Russell, R. Dawson, V. Ferlito, R. McGowan, Z. Bell, T. Thoms, K. Robins, Q. Tarantino
«A prueba de muerte» es la otra mitad de «Grindhouse», el experimento en «doble programa» que incluía «Planet Terror» de Robert Rodriguez, esta película de Tarantino y una serie de trailers de films ficticios que fueron eliminados del estreno argentino de ambos films, lanzados aquí por separado.
Por otro lado, esta comedia negra, mezcla de psycho-thriller y película del camino, se estrena con 22 minutos más que la versión original norteamericana incluida en «Grindhouse». La película es extraña, y su estructura inusitadamente rara se vuelve más extrema en esta versión extendida, lo que de algún modo la hace más interesante.
Kurt Russell, componiendo un psicópata que puede ser visto como una versión maligna de su antiheroico Snake Plisken de «Escape de Nueva York» y «Escape de Los Angeles» de John Carpenter, anda merodeando mujeres en un siniestro Chevy negro preparado para soportar choques como todo auto de stunts o dobles de riesgo de películas. Es un auto a prueba de muerte con el que puede chocar otros vehículos sin sufrir mayores consecuencias excepto horribles cicatrices que él parece ostentar con cierto orgullo y placer.
El film está dividido en dos partes perfectamente separadas que describen a este acosador del volante en dos andanzas que culminan con resultados totalmente opuestos. La idea ya rara de dividir la historia en dos fragmentos inconexos entre sí se vuelve más curiosa teniendo en cuenta que originalmente la película era parte de un doble programa. La primera parte es eminentemente nocturna y más dramática, con momentos de suspenso al estilo del juego del gato y el ratón entre el villano y sus víctimas. La segunda sucede íntegramente de día, y se va volviendo más y más al tono de comedia negra ultraviolenta con que el que culmina de lleno en un frenético, insospechado desenlace. La mejor estructurada es la primera parte, donde Kurt Russell acecha a un grupo de chicas pasadas de alcohol y marihuana, esperando el momento justo para cometer su crimen. La segunda parte es más disparatada, y mucho más divertida, al dar lugar a una de las secuencias de persecuciones y choques de autos más alucinante del cine reciente. Es que en esta parte, el villano no sabe que sus presas son también dobles de riesgo profesionales (una de ellas es Zoe Bell, la doble de riesgo de Uma Thurman en «Kill Bill»). lo que genera un hilarante cambio de roles.
Los típicos homenajes cinéfilos de Tarantino están muy bien aplicados a menciones de películas del camino como «La fuga del loco y la sucia» («Crazy Larry, Dirty Mary») o «Vanishing Point» (uno de los autos es una réplica del de este film de culto de Richard Serafian) y clásicos del kitsch como la célebre oda a la violencia femenina «Faster Pussycat, Kill kill!» de Russ Meyer.
La película tiene más diálogos que escenas violentas. Las largas escenas habladas están muy bien escritas y actuadas por el elenco básicamente femenino (donde sobresalen Rosario Dawson y Rose McGowan).Y si por momentos tanto diálogo frívolo parece excesivo, en realidad es un astuto ardid del director -también director de fotografía- para que la acción explote a decibeles sorprendentes aún en el autor de «Tiempos Violentos».

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