Si la primera temporada de Atypical significó una sorpresa, la segunda sirve para reconfirmar lo sabido: estamos ante una de las mejores series del año. En esta segunda parte, la serie enfocada en la vida de un chico con autismo abre el juego para evidenciar aquello que parece invisible: la normalidad que atraviesa una familia que gira en torno a lo que, en teoría, sería un problema. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de normalidad? De las miserias, claro. Porque ese es el disparador que sirve para correr el foco de Sam Gardner (genialmente interpretado por Keil Gilchrist), el chico en cuestión. Un poco del barro con el que tiene que lidiar cualquier familia que se digne de serlo. Entre la comedia, y unas dosis leves de drama, la serie toma partido a la hora de dejar claro que aquello que es atípico está más cerca de la cotidianidad.

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