“Costa Mujeres es el lugar ideal para las personas que quieren relajarse y estar en contacto con la naturaleza durante el día, y al final del día prefieran disfrutar de la movida nocturna en el centro de Cancún, con sus luces, sus shows y su frenesí tan característico”, destacó Águeda Iglesias, gerente de Marketing del Grupo Palladium Hotel Group para Latinoamérica, en diálogo con este medio.
Actualmente, Costa Mujeres cuenta con casi 10 hoteles all inclusive, que ofrecen la opción “Sólo adultos”, variados restaurantes a la carta y bares, zonas de flora y fauna protegidas, piscinas y solárium, parques acuáticos, club de playa privado y spa, entre otros muchos servicios.
A modo de referencia, la famosa Isla Mujeres, justo al frente, cuenta con 57 hoteles de diferentes categorías, desde resort hasta hoteles boutique.
A mediados de este febrero, por Estilo Á, tuve oportunidad de conocer Costa Mujeres y hospedarme en uno de los hoteles cinco estrellas de la ciudad, el TRS Coral. Destaco de mi paso por ahí la cordialidad de todo el personal del hotel, cada vez que me crucé con ellos (que es casi todo el tiempo) me saludaron con una amplia sonrisa y se mostraron serviciales en todo momento.
En relación a la gastronomía, el hotel cuenta con cinco restaurantes a la carta, con comida buffets internacional y asiática (indio, japonés y tailandés). Cualquiera sea el caso, la recomendación para los vegetarianos es armarse de paciencia: existen opciones de menú sin carne pero no siempre los mozos saben detallar cuáles son. “¡Y pescado, come pescado?”, es la frase que –les aseguro- más escucharán durante la estadía.
Las habitaciones, un miniparaíso, con instalaciones de última tecnología, aunque obligada es la charla con el mayordomo para que explique cómo se apagan cada una de las muchas luces. Si no puede que se tengan que restar horas al sueño en el intento de dejar el cuarto a oscuras.
Un punto a favor es la posibilidad de consumir los productos en el frigobar, pero debe tenerse en cuenta que no se reponen más durante toda la estadía. Sí, es posible comer todo del cesto de frutas, que se repone cada mañana.
Un capítulo aparte merece la bañadera con hidromasajes pero cuidado con tentarse lo suficiente como para no querer salir nunca de la habitación. El Zentropia Palladium Spa & Wellness brinda un servicio sencillamente increíble.
Además del TRS, en esta comunidad de 930 hectáreas que está localizada a lo largo de 3.2 kilómetros de playas, el ente turístico del estado recomienda a los complejos Belovend, Secrets, Dreams, Excellence, Finest, Gran Palladium Costa Mujeres, TRS Coral Hotel, RIU Dunamar y RIU Palace.
Para este año, la Secretaría de Turismo de Quintana Roo tiene el registro de nuevas inversiones privadas para la construcción de al menos otros seis hoteles.
La zona tiene una temperatura promedio anual de 27ºC; los meses de julio y agosto son temporada alta, mientras que en mayo y septiembre suele haber menos turistas porque coincide con la temporada de lluvias. La moneda oficial es el peso mexicano, pero no habrá problemas de pagar con dólares estadounidenses y con las principales tarjetas de crédito.
Turistas argentinos
La cantidad de arribos al estado de Quintana Roo –que incluye Cancún, Costa Mujeres y la zona de Riviera Maya, entre otras- creció casi 10% hasta los 308.400 pasajeros en 2018, con referencia a un año antes. La cifra representa al 4% del total de turistas que arriban a la zona desde distintas partes del mundo.
México es el segundo destino elegido por los argentinos, después de Brasil. La estadía promedio es de 7 días y la compra de los paquetes se realizan con tres meses de anticipación. La tarifa por noche, en base doble, es de u$s 350 por persona. A un tipo de cambio de $ 41, una pareja argentina debería desembolsar alrededor de $ 100.000 para vacacionar por una semana.
Iglesias comentó que “la fuerte devaluación de 2018 provocó una caída del 20 % en las ventas de paquetes, en relación a las estimaciones para ese año” y puntualizó que “en el inicio de este 2019, comenzó a reactivarse debido a la estabilidad del dólar, aunque supere los $ 40”.
Mi game con Nadal
Me tiemblan las piernas. Ese fue mi primer registro corporal después de la experiencia de haber peloteado con uno de los mejores de toda la historia del tenis. Decir que jugué con Nadal sería bastante pretencioso. Me tiró un par de pelotas suaves, al centro mismo de mi raqueta, para que pudiera devolvérsela. Estaba claro, no me quería ganar, parecía disfrutar que yo disfrutara de la experiencia de jugar con él. Sonrió, cuando en mi afán por hacer una jugada digna, potente, terminé sacando una pelota con destino a la estratosfera.
Ese día, el de la inauguración del Rafa Nadal Tennis Centre, fue agotador: primero una conferencia de prensa para más de 100 periodistas de todo el mundo, donde tuve oportunidad de hacerle una pregunta en representación de Estilo A. Fue mi primera experiencia en una cobertura internacional. De más está decir que mi voz salió estúpidamente temblorosa. Tampoco hace falta aclarar que no recuerdo su respuesta, obnubilada (nerviosa, para qué mentir) como estaba entre tantos micrófonos, cámaras y colegas. Por suerte, funcionó el grabador.
Después, salimos a la cancha: separaron a los periodistas que sabían jugar al tenis, de los que jamás habían tocado una raqueta, para una clínica con instructores de la academia.
Allá fui con mi raqueta prestada, al segundo grupo con el único objetivo –no ya de jugar bien- sino de no pasar vergüenza. De ese grupo, varios colegas se quedaron en el camino de intentar pegarle a la ‘pelotita’, y me sentí confiada porque por lo menos yo la embocaba, una vez cada tanto.
Los instructores, ya a esas alturas defensores acérrimos de nuestras dignidades, trataban de agarráramos bien la raqueta, que sacáramos logrando que la pelota pasara al otro lado de red. Hicieron lo que pudieron.
Así, sabiendo de mis debilidades me enfrenté a Nadal, confiada en la suerte del novato, pidiendo a Dios que el tenista tuviera un buen día con la prensa. Me puse en fila, qué hago acá pensé; quédate aquí, por esta experiencia no pasas nunca más, me auto arengué. La fila avanzó y sin darme cuenta, a los pocos minutos, tuve que meterme a la cancha teniendo en frente a Nadal. Lo próximo que supe es que ya había jugado, me temblaban las piernas y todavía me faltaba jugar con Carlos Moyá, quien supo ser Nº 1 del ATP. Por Dios, que esto se termine pronto, imploré en silencio. Nervios.
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