El primer ministro esloveno, Milo Cerar, recordó que su país "ya se había preparado para algo similar desde hace un tiempo", y dijo asimismo que "está decidido a levantar una barrera" en su frontera con Croacia si la considera necesaria.
La ministra del Interior austriaca, Johanna Mikl-Leitner, no dio detalles sobre cómo sería esa valla, la primera entre dos países del espacio de Schengen y miembros de la Unión Europea (UE), pero negó que sea un muro antiinmigrantes.
"Se trata de asegurarnos de que haya una entrada ordenada y controlada en nuestro país y no de cerrar nuestra frontera" con Eslovenia, por donde transitan miles de migrantes rumbo al norte.
Cerar, no obstante, relativizó la posición de Liubliana al mencionar "una barrera de baja altura, un obstáculo que permita regular el flujo de migrantes".
Las reacciones en cadena a lo largo de la ruta de los Balcanes, que parte desde Turquía y Grecia, son temidas por la UE, que el domingo llamó durante una minicumbre en Bruselas a los Estados a no tomar decisiones unilaterales.
"Esto demuestra que la política europea en cuestiones de migración y recepción de refugiados no funciona, lo que pone en tela de juicio los principios de Schengen", comentó Olivier Clochard, investigador del CNRS y presidente de la red Migreurop, respecto al anuncio de Viena.
El martes, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, advirtió que la crisis migratoria podría provocar "un terremoto en el paisaje político europeo" porque pone en peligro el principio de libre circulación, uno de los pilares de la UE.
El reglamento de Dublín, texto pivote de la política europea de asilo, que confía el examen de las demandas de asilo al primer país al que llegan los refugiados, también está en duda. "No funciona, hay que cambiarlo", afirmó el presidente de la Comisión europea, Jean-Claude Juncker.
La decisión de construir la valla ya ha tenido consecuencias en las relaciones tradicionalmente amistosas entre Austria y Alemania, y el líder conservador de Baviera, Horst Seehofer, acusó a sus vecinos de desviar a miles de refugiados hacia su país sin advertencia previa.
Por su parte, el ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, denunció un comportamiento "incorrecto" del Gobierno de Viena y le reclamó que lo cambie "inmediatamente", mientras que el portavoz del Gobierno federal en Berlín dijo que construir "vallas o muros" no es la solución.
Según la ministra austriaca de Interior, "la realidad es que la gente quiere ir a Alemania porque se siente invitada", una alusión a la política de recepción de refugiados de la canciller Angela Merkel, cada vez más criticada dentro de su propio país por los conservadores.
A pesar de su política aparentemente favorable a los migrantes, el Gobierno de Berlín ha anunciado nuevas medidas para expulsar a los migrantes económicos, en particular los de los Balcanes.
| Agencias AFP y EFE |


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