23 de abril 2012 - 00:00

Film israelí obtuvo premio principal en un gris Bafici

«Policeman» ganó los premios de mejor film y mejor director, lo que molestó a los «baficistas» extremos, ya que es una película comprensible, para todo público, y así será estrenada.
«Policeman» ganó los premios de mejor film y mejor director, lo que molestó a los «baficistas» extremos, ya que es una película comprensible, para todo público, y así será estrenada.
Con un cálculo de 230.000 entradas vendidas, más unos 120.000 asistentes a presentaciones, charlas, y funciones gratuitas terminó ayer el 14° Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Como es habitual, los premios causaron bastante perplejidad, y la organización sigue siendo buena, aunque este año el sistema de venta on-line y la proyección de digitales poco fiables causaron serias molestias. Otra molestia de este año fue la mayor falta de películas sólidamente buenas, o que al menos causen fuerte entusiasmo aunque sea entre sus adictos. El clima general fue poco entusiasta.

Israel, la Argentina y una francesa que ya se dio por cable fueron los mayores ganadores de la sección principal. La francesa es «Tomboy», de Celine Sciamma, donde una nena finge ser varoncito ante los chicos del nuevo vecindario, y se ganó cuatro premios: el de mejor actriz a la niña Zoe Heran, y los del público, la organización católica Signis y Fipresci. La israelí es «Policeman», de Nadav Lapid, donde un grupo especializado de tareas destroza un grupo aficionado de judeo-izquierdistas. Galardonada en Nantes y Locarno, acá ganó los premios de mejor film y mejor director, lo que molestó a los baficistas extremos, ya que se trata de una obra de estilo común, para todo público, y así será estrenada.

Más conformes quedaron con el premio nacional a «Papirosen», de Gastón Solnicki, un collage de filmaciones familiares, apuntes para el retrato de una familia judeo-argentina con dos personajes simpáticos (la madre que ante una separación se pone de lado del yerno y el hombre que se compra un autito alemán a cuerda, como el que habrá deseado en su infancia de posguerra). Y con el premio de la sección Cine del Futuro al portugués «É na terra nao é na Lua», de Goncalo Tocha, reiterativo vaivén de tres años y tres horas entre los viejos pobladores de una isla de las Azores. O la mención para «Ok, Enough, Goodbye», una de esas películas sobre gandules al divino botón que tanto se elogian todos los años en este festival. Y los premios Feisal (federación de escuelas latinoamericanas) y especial del jurado internacional para «Germania», también de gandules haciendo huevo pero con mayores aspiraciones artísticas. Esta al menos registra por primera vez en el cine el habla ruso-alemana de los descendientes de alemanes del Volga en Entre Ríos.

Nada discutibles, en cambio, los premios a Martin Piroyansky, mejor actor por «La araña vampiro» (que si fuera en broma sería buena), Luis Ortega, mejor director por la conducción de no-actores muy especiales en «Dromómanos», el documental de José Luis García «La chica del sur», mención especial del jurado y premio del público, el road-movie de Gonzalo Tobal «Villegas», que ahora sigue viaje a Cannes, premio de la Asociación de Cronistas y mención Feisal, el retrato de niños percibiendo crisis familiares en «Kauwboy», Holanda, que se ganó el premio del público del Baficito, es decir de los propios niños, y «De jueves a domingo», Chile, los directores de fotografía de las nacionales «Los salvajes» e «Igual si llueve», y, sobre todo, el premio Unicef para «A Place Of Her Own» (título original, «Reut»), de Sigal Emanuel, duro documental israelí sobre una chica cuya única ilusión es tener un hogar. Empieza mal. Madre adolescente, las autoridades le quitan al hijo recién nacido y lo dan en adopción a una familia ortodoxa. Termina peor. Pero está bien hecha.

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