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Fin para la meteórica carrera de un izquierdista nostálgico
Bo Xilai, uno de los rostros visibles del neomaoísmo en el Partido Comunista Chino. Su caída en desgracia salda una fuerte puja de intereses en la cúpula del poder.
El caso en torno al político de alto rango caído en desgracia Bo Xilai y de su mujer Gu Kailai, condenada por asesinato, no podía haber llegado en peor momento para la cúpula china.
El gobernante Partido Comunista pretendía prepararse con tranquilidad para el Congreso del partido previsto para septiembre, en el que llevará a cabo un cambio generacional. Y ahí Bo Xilai iba a desempeñar un importante papel: el «principito» de 63 años era uno de los favoritos para entrar en el gremio más poderoso del país: la Comisión Permanente del Politburó.
El affaire por el envenenamiento del empresario británico Neil Heywood llevó a Bo a una empinada caída, que lo despeñó de la cúpula del partido en la crisis más grave abierta desde hace más de dos décadas.
¿Pero qué papel desempeñó exactamente Bo Xilai? ¿Y qué ocurre ahora con él? Desde su destitución de la jefatura del partido de la ciudad de Chongqing y su exclusión del Politburó, las especulaciones cursan sobre todo en internet. Pero el proceso judicial contra la mujer, sólo accesible para determinados medios chinos, no aportó nuevas informaciones. Bo Xilai no fue mencionado ni una sola vez en el proceso, según los medios.
Drama
La condena a su mujer coincide con las expectativas políticas: una pena de muerte en suspenso a una de las mujeres más influyentes del país no ha hecho más que reforzar el drama político. Por un lado, con la condena el tribunal parece respetar el Estado de derecho. «Las circunstancias del crimen justifican la pena de muerte», escribía la agencia de noticias estatal Xinhua. Pero por otra parte, lo más probable es que Gu Kailai permanezca con vida e incluso podría salir de prisión por motivos de salud, aunque no antes de cumplir nueve años.
La caída de Bo es sobre todo un duro golpe para la «nueva izquierda» del Partido Comunista. Por su campaña «roja» y su línea neomaoísta, se convirtió en figura de referencia de los conservadores de izquierda, que con su ayuda esperaban ampliar su influencia y contrarrestar el curso de economía de mercado de los reformistas.
Y no a todos en Pekín les gustaba. El diario Global Times, editado en inglés, asegura que la caída de Bo es consecuencia de un «ansia exagerada de influencia». Sus buenas relaciones con otros «principitos», como se denomina a los hijos de los héroes del partido comunista chino, y con varios generales, hicieron brotar los rumores de que Bo había formado una fracción de izquierda que aspiraba a ampliar su poder.
Los críticos lo acusan de querer socavar la prevista transición de los puestos de la cúpla china. Está previsto que el vicepresidente Xi Jinping pase a ser el nuevo jefe del Estado y del Partido, sustituyendo a Hu Jintao, y que el viceprimer ministro Li Keqiang suceda al jefe de Gobierno, Wen Jiabao.
Pese a las acusaciones, numerosos miembros del partido y también ciudadanos de la calle apoyan abiertamente a Bo, lo que ha llevado a amonestaciones e incluso a detenciones.
Preguntas
«El precipitado proceso contra Gu ha traído más preguntas que respuestas», escribe el activista defensor de los derechos humanos He Weifang. «¿Ha recibido alguna amenaza sobre la que no puede hablar?».
En este mes también el exjefe de la policía de Chongqing Wang Lijun será procesado, tras haber sacado a la luz el caso en febrero. Entonces, Wang huyó al consulado de Estados Unidos en Chengdu y allí denunció amenazas de muerte contra la mujer de Bo.
«Wang protegió a China de un curso ultraizquierdista», escribió un comentarista liberal en Pekín. Su proceso cerrará otro capítulo. Pero sin información sobre qué ocurrirá con Bo, la opinión pública no aceptará el fin del escándalo. «Todo gira en torno a conflictos internos de partido. No tiene nada que ver con la ley», añadió el sociólogo Zhou Xiaozheng.
Agencia DPA

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