Dejando de lado el punto más sensible y menos estudiado, como es el efecto de la interconexión de las cámaras compensadoras -que además de incrementar los riesgos podría no aparejar ningún beneficio para los intermediarios y lo más importante: para los inversores; "Relaciones entre los sistemas de compensación: un acercamiento teórico oligopólico", K. Kauko 2002-, la raíz de los peligros y problemas que presentan acuerdos como el que acaban de firmar el Rofex y el Merval -que en un marco de relativa libertad podrían ser positivos-, vienen dados en que la decisión estatal -y la obsecuencia a ella- es lo que los impulsa. Esto hace que cualquier modificación que a estos acuerdos imponga la realidad, estará sujeta al lento yugo de la política partidista, condenándolos al fracaso. La realidad es que los beneficios de las consolidaciones entre mercados no provienen de los acuerdos en sí, sino de la competencia con terceros o entre las partes ("Competencia entre las Bolsas: una encuesta", S. Ramos 2003). Cuando estos cambios son fruto de la presión estatal, el nuevo mercado termina siendo más ineficiente que antes ("Cambio de gobernabilidad en las Bolsas", S. Hazarika, 2005), y si esta presión es significativa se tornan más riesgosos ("Cambios en el comportamiento dinámico de la volatilidad de los mercados emergentes. Revisando los efectos de la liberalización financiera" por J.Cuñado et.al 2006) hasta el punto que dejan de desarrollarse ("El rol limitado de las pequeñas Bolsas en el desarrollo económico: el caso de Mozambique y Suazilandia", B. Hearn y J. Peisse 2008) y pueden terminar desapareciendo ("La evolución histórica de las Bolsas financieras", B. N. Jorgensen et.al., 2011). Mañana seguimos. Mientras el Dow trepó un 0.2% a 16.583,34 puntos marcando un máximo histórico, el NASDAQ cerró la peor semana en un mes (lo que se llama: "rotación").
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