Los familiares de los obreros fallecidos en la mina de carbón de Soma, donde el martes se declaró un incendio, se abalanzaron sobre el primer ministro cuando visitó la ciudad. Erdogan tuvo que refugiarse en un supermercado, mientras que su entorno quitó la matrícula oficial a su coche para evitar que se convirtiera en blanco de la muchedumbre.
La rabia apenas contenida de los mineros se contagió a decenas de ciudades en el resto del país y se registraron choques policiales tanto en la capital, Ankara, como en Estambul y Esmirna.
Especialmente en la propia Soma, la ciudad minera de la provincia occidental de Manisa donde su produjo el accidente, la actitud de las autoridades inflamó los ánimos. Varios de los mayores sindicatos del país provocaron una huelga general para hoy así como marchas de protesta en solidaridad con los fallecidos y contra las políticas económicas del Gobierno. Los sindicatos creen que la causa de la tragedia es clara: las políticas de privatización y subcontratación, impulsadas por el Gobierno del AKP desde su llegada al poder en 2002. "Esto no es un accidente. Es un crimen", dijo a la prensa Tayfun Görgün, presidente del sindicato minero Dev-Maden Sen.
Ya no queda esperanza de hallar a supervivientes, y todo indica que el total de muertos superará los 300.
| Agencias EFE y Reuters |


Dejá tu comentario