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Ganar tiempo hasta el 9/12
José Siaba Serrate - Economista
La imagen es poderosa -y útil a los fines de ganar tiempo y desinflar la embestida- aunque el contenido concreto de la acción sea módico. Flota siempre la idea de que -si se hablan entre sí- el esfuerzo conjunto se podrá escalar cuando la situación lo amerite (idea que la experiencia de descalabro de la eurozona probó falsa, pero que es imposible refutar a priori). Como sea, si se trata de ganar tiempo, nada mejor que encender la bujía de un rally de los activos de riesgo. Y ese propósito vaya que se logró.
No es, por cierto, la primera vez que los bancos centrales entran a escena para descomprimir la debacle europea y no es casual que la última -a mediados de septiembre- hayan utilizado el mismo instrumento: los swaps cambiarios. La falta de dólares es un problema crónico de los bancos de la región -que aflora como una puntada en la ingle cuando la crisis arrecia- y es, a la par, un indicador visible del aumento de estrés en los ultrasensibles mercados monetarios. La medida adoptada ayer es muy simple: baja en medio punto el costo de los swaps entre bancos centrales, esto es, de las líneas de financiación en dólares (a cambio de euros en garantía). El BCE, el verdadero destinatario de la iniciativa, repasará esos dólares a los bancos comerciales que operan bajo su órbita a través de licitaciones periódicas, con plazos de una semana y tres meses, sin restricción de montos («asignación plena»). Y también rebajará el margen inicial en las colocaciones a tres meses del 20% al 12% con lo que, según los especialistas, el costo de fondearse en dólares será más barato para un banco europeo que acuda al BCE que lo que oblaría un banco estadounidense en su mercado interno (de ahí, la especulación de que podría bajar la tasa de descuento de la Fed).
Vender la citada operatoria como una medida que ayudará a descongestionar «la oferta de crédito a los hogares y a los negocios y así estimulará la actividad económica» es una exageración astronómica que no trepidaron en suscribir los seis bancos centrales intervinientes: la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco de Canadá y el Banco Nacional de Suiza. Señal de otra necesidad de los tiempos que corren: la de mostrarse juntos aunque más no sea en el afiche de una tarea de segundo orden.
Cuando la tormenta que desató Lehman Brothers estaba en su apogeo, los swaps cambiarios jugaron un rol vital. La Fed no tuvo empacho entonces en aumentar la base monetaria e inyectar por esta vía hasta 583 mil millones de dólares -en diciembre de 2008- para calmar la sed de dólares de los mercados internacionales.
En septiembre último, cuando se rehabilitó el programa (los swaps de la Fed habían bajado a cero a comienzos de 2010) la demanda resultó muchísimo más acotada. Al viernes pasado, la utilización de la línea apenas sumaba 2.400 millones de dólares, una gota en el mar. Aun así el gesto importa: en estos momentos de incertidumbre profunda, o de certezas que se borronean, queda claro que hay un prestamista de dólares de última instancia (y de las otras divisas) al que la eurozona (o cualquiera de los firmantes) puede echar mano en caso de necesidad. El sistema financiero europeo puede sucumbir de muchos males, pero no lo fulminará la imposibilidad de cubrir su descalce de monedas.
¿Significa esta iniciativa lo que implícitamente sugiere, que los bancos centrales se aprestan a bañar de liquidez la plaza internacional? En rigor, ayer, la única novedad tangible en ese terreno no la aportó el BCE, sino el Banco del Pueblo de China (como si estuviese más apretado por las circunstancias que sus pares de Francfort). ¿Fue casual? ¿O una contribución intencional para alentar las expectativas? Lo cierto es que las autoridades chinas -famosas por su enfoque paso a paso- le imprimieron el puntapié inicial a un nuevo rumbo de su política monetaria.
Tras una saga perseverante de suba de tasas de interés y coeficiente de encajes, dispusieron ayer, por primera vez en tres años, bajar en medio punto los encajes. Cabe esperar, pues, una sucesión de futuras mermas. ¿Forma parte el giro de China de una avanzada global en la misma dirección? Tocará al BCE -y al Banco de Inglaterra- aportar una respuesta rápida.
Sea cual sea, el objetivo principal, frenar la corrida hasta que Europa pueda difundir un plan de acción mejor hilvanado, el meneado proyecto de la unión fiscal, el próximo 9 de diciembre, en la enésima cumbre de sus presidentes, ese objetivo táctico pero no menor (cuando al euro se le daban diez días de vida), luce ahora impecablemente alcanzado.


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