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Guerra y el Ballet Mercosur avivaron el verano porteño
Maximiliano Guerra y Patricia Baca Urquiza, pareja ideal para «Carmen», lo mejor de un espectáculo con otros momentos no tan logrados, pero que el público ovacionó prolongadamente.
En un «impasse» de las presentaciones que están brindando en Mar del Plata, Maximiliano Guerra y su compañía, el Ballet del Mercosur, llevaron al escenario del ND Ateneo su doble programa integrado por «Tango paradiso» y «Carmen».
El primero es un compendio de coreografías sobre tangos, valses y milongas tradicionales alternados con los modernos (y no siempre felices) ritmos del género que se ha dado en llamar «tango electrónico», usando como escenografía imágenes turísticas de Buenos Aires. Ningún aporte novedoso en este collage -muy bien ejecutado, por otra parte- que parecería un poco pensado «for export» y que fue muy festejado por la audiencia.
Tras un breve intervalo llegó «Carmen», austera versión bailada de la música de Bizet para siete intérpretes, y protagonizada por Guerra y su mujer, Patricia Baca Urquiza. La coreografía, que lleva la firma del bailarín y de Gabriella Pucci, le debe mucho a la creación que Alberto Alonso realizó en 1967 para Maya Plisetskaya, tanto que utiliza el arreglo hecho por Rodion Shchedrin (marido de la magistrall bailarina rusa) de la partitura de Bizet, incluyendo la «Farandole» de otra obra del autor francés (la música incidental para el drama «La arlesiana» de Alphonse Daudet).
Aunque la novela de Mérimée pinta a una Carmen emparentada con la «mujer-niña» (de hecho la describe como pequeña y joven), tras la ópera de Bizet, que requiere una voz completamente desarrollada para el protagónico, la figura de la gitana ha ido mutando hacia un perfil de una mujer experimentada y madura, cuyo comportamiento nace más de su carácter libre que de la inconciencia adolescente.
En este marco, y aunando solvencia técnica y presencia escénica, Patricia Baca Urquiza realizó una buena labor, inmejorablemente secundada por el Don José de Maximiliano Guerra, que bien pasados los 40 conserva su eterno carisma y su excelencia artística, y es notable la química que muestra sobre el escenario esta pareja de la vida real. En el resto del elenco se destacaron Jorgelina Aguirre como El Destino y Javier Melgarejo como Escamillo. El numeroso público del ND Ateneo agradeció con una ovación prolongada un espectáculo que gracias a momentos logrados (y pese a otros que no lo fueron tanto) avivó el clima del verano porteño.
M.P.


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