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Historia de adulterio tibia pero bien actuada
Se luce Alba Rohrwacher en «Cosa voglio di piu», historia de una relación adúltera disuelta más por problemas económicos y escasez de temas en común que por culpa o por sentido de responsabilidad.
La historia es un poco menos vieja que el matrimonio. Lo mismo interesa, precisamente porque, real o fantaseada, forma parte de cualquier matrimonio. El que aquí vemos es de Milan, pero podría ser de cualquier otra ciudad. Una mujercita con pinta de casalinga, como dicen los italianos, vale decir un ama de casa cualunque, sólo que trabaja como empleada de una empresa de seguros, y un marido gordo, manso, laborioso, de buen carácter, que tiene su trabajo y también hace los arreglos del hogar. Salidas con una pareja amiga, planes de agrandar algún día la familia, lo habitual. Un día la mujer se engancha con un tipo.
No alcanzamos a ver detenidamente cómo se elabora el enganche. Quién seduce a quién. De pronto ella se le prende a la boca, y la vemos contenta. El tipo es un meridional atendible, pero tampoco nada del otro mundo. Bromea que es de la Calabria Saudita, pero tampoco es demasiado humorista. Ni demasiado pudiente. En fin, ya se sabe cómo son estas cosas. Encuentros breves para un rapidito en un telo, un rato breve en cualquier confitería, mensajes abreviados por celular, y el peso largo de la responsabilidad. El tiene mujer e hijos que atender y mantener, ella tiene alguien que la espera y le dice que la quiere (por si no se da cuenta). En algún momento ella deberá abandonar un regalo de su amante, abandonarlo también a él, apurar el paso hacia otro capítulo de su vida. ¿Hacia la posibilidad de otro amante, dentro de un tiempo? ¿O de una vida sin mayores emociones ni variaciones, pero estable? Quién sabe.
El director Silvio Soldini había hecho una graciosa historia de casalinga liberada en «Pan y tulipanes», pero ésa era una fantasía romántica. Lo de ahora es casi un registro de lo cotidiano, de la rutina cotidiana que permite cierta clase de escapadas, para que todo siga más o menos como siempre.
Bien Alba Rohrwacher, natural y expresiva, y el gordo Giuseppe Battiston en rol de marido buenudo, bien todo, incluso las escenas íntimas para quien quiera solazarse en esas cosas, pero el film vibra menos de lo esperado. La vida de esa gente vibra a media potencia. Son como esos motores que se encienden cada tanto, para un buen mantenimiento, y después siguen ahí nomás donde están. Buenos motores, por otro lado. En ese sentido hay que apreciar la capacidad de Soldini para mostrarnos cómo es cierta gente, o cómo somos. Ahora, para sentir algo, mejor volver a «Los días que me diste», con Inda Ledesma.
P.S.


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