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“Hollywood impuso pintar las dictaduras siempre de gris”
Nacido y formado en la ex RDA, Andreas Dresen cuenta que el primer premio que recibió fue «el del Festival Unica de Mar del Plata 1985. Yo era estudiante, y mandé mi primer corto. Pero el régimen no me dejó venir».
Periodista: ¿Cómo logró que actores septuagenarios se desnudaran e hicieran escenas sexuales frente a la cámara en «Nunca es tarde para amar»?
Andreas Dresen: ¡Yo tenía más miedo que ellos! Hablamos desde un primer momento, estuvimos de acuerdo, teníamos buena relación, dije «ensayemos» y enseguida se sacaron la ropa. A las dos horas ya lo tomábamos como algo normal, y espero que el público lo haya visto así. Apenas empieza la película ya hay desnudos, pero después uno lo toma como parte de la vida. Además, promediando la historia, no hay más escenas sexuales. ¡Como en los matrimonios!
P.: El año pasado filmó el drama de un enfermo terminal.
A.D.: El cine pocas veces toma la muerte en serio. Quise hablar, no solo de la muerte, sino de lo que pasa cuando enferma el jefe de la familia. Cómo reacciona cada uno. «Halt auf freier Strecke», que en Francia se llamó «Pour lui», por él, es también un himno a la fuerza de la familia.
P.: A propósito, usted se formó en Alemania Oriental. ¿Con qué fuerza pudo adaptarse al trabajo en la Occidental?
A.D.: Ah, ese es un tema muy complejo. Vengo de una familia de artistas, estudié en una escuela muy buena, la Academia Konrad Wolf, pero apenas me recibí cayó el Muro, cambió todo, debimos aprender cómo era pagar un alquiler, pagar seguros, carecer de estabilidad laboral, etcétera, fue una época muy entretenida. Por suerte, durante un breve período hubo productores occidentales interesados en aprovechar el talento oriental. Así di con la persona indicada en el momento indicado. La escuela me enseñó todo lo que es importante para mí. Los primeros años debíamos hacer documentales. «Antes de encontrar su propia voz, salgan a escuchar la voz de la calle», nos decían. Desde entonces, antes de escribir una película hago una extensa investigación. Era una escuela muy organizada, y también bastante convencional. Así que empecé haciendo obras convencionales. Mi primer film, «Stilles Land», tierra silenciosa, tenía un guión rígido, todo estaba organizado, ya sabíamos de antemano lo que iba a pasar, y lo grave es que también lo sabía el público. No fue nadie al cine. La apreciaron después.
P.: ¿Era sobre el desconcierto ante la caída del Muro?
A.D.: Sí, la hice en 1992, todo estaba fresco, necesitábamos contar lo que nos había pasado, entonces tomé como figura un director de teatro que justo preparaba una puesta de «Esperando a Godot». En total hice tres sobre la vida en Alemania Oriental. Esa, otra sobre la relación de un miembro de la Stasi con su víctima, que tal vez no sea del todo una víctima, y una comedia absurda ambientada en los 70 donde dos estudiantes orientales cansados del plan de estudios secuestran al director de la escuela, inspirados en los terroristas occidentales que secuestraban empresarios y políticos. Ah, ya me volvieron las ganas de hacer otra.
P.: ¿Cómo sería?
A.D.: Colorida. Porque Hollywood nos ha impuesto que las dictaduras se pinten siempre de gris, que todo sea blanco o negro, la gente ande triste por las calles, los represores trabajen a tiempo completo, y en verdad ellos descansaban y hacían asado los domingos como cualquier vecino, la gente se interesaba más por el fútbol que por otra cosa, no estábamos tristes ni escondiéndonos, ni ir a Occidente era lo único que queríamos hacer. Podíamos bailar y andar con chicas también en Berlín Oriental.
P.: ¿Su mayor éxito sigue siendo «Verano en el balcón»?
A.D.: Sí, porque es más comedia, aunque no tan simple como parece. Toca temas pesados. Claro que los toca de modo liviano y entretenido. ¡Además tiene dos mujeres hermosas! Y también actúa mi mamá.
P.: Última pregunta, y pequeña sospecha, ¿cuál fue su primer premio?
A.D.: El del Festival Unica (Unión Internacional de Cine Amateur) que se hizo en Mar del Plata 1985. Yo era estudiante, y mandé mi primer corto, «Der Kleine Clown», el payasito. Pero el régimen no me dejó venir.
Entrevista de Paraná Sendrós


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