8 de abril 2011 - 00:00

Inercia expansiva al menos hasta octubre

A fin de año quien escribe afirmaba que 2011 sería una especie de reedición de 2010 en términos económicos (Ámbito Financiero, 24 de diciembre). El formato es mercadointernista: alto crecimiento, consumo privado como el motor de corto plazo, aumentos del gasto público por encima de la recaudación, dólar anclado y fuertes presiones salariales en el sector formal para no perderle pisada a la inflación como las características centrales del año en el que el kirchnerismo define su continuidad en el poder.

El primer trimestre confirma el pronóstico: la onda expansiva continúa. A saber: la recaudación tributaria crece el 37% interanual, y se sigue apoyando en un fuerte crecimiento nominal del IVA y de Ganancias. El gasto público aumentó el 30% en enero-febrero. El patentamiento de automóviles 0 km viene creciendo al 30% anual y prenuncia un nuevo récord de ventas. Los precios de los inmuebles crecen a tasas de dos dígitos en las principales ciudades y localizaciones. Corregidas por la inflación real, también las ventas en supermercados y en centros comerciales aumentan por encima del 10% anual. A pesar de las trabas, las importaciones aumentan el 45%, en tanto las exportaciones sólo el 27%. Y el financiamiento al consumo comanda el negocio bancario, muy por encima de las líneas dirigidas a la producción.

La inercia expansiva se apoya en un cuadro internacional todavía favorable, compuesto por el arrastre del gran 2010 brasileño, los mayores términos de intercambio desde la recuperación democrática y la enorme liquidez internacional derivada de los coletazos de la gran recesión de 2008-09.

Ahora bien: cuánto de la fortaleza de este escenario logrará mantenerse en 2011 es un interrogante que crece. Desde finales de 2010 se abrieron tres frentes de conflicto en el mundo. Por un lado, el temor a una nueva crisis del petróleo derivada de las turbulencias sociopolíticas del Medio Oriente y el norte de África, productoras de un tercio del fluido mundial. Luego, la tragedia de la tercera economía, Japón, que cuestiona cómo financiar la reconstrucción del país con una inyección fiscal que, se estima, no debe ser menor a 5 puntos del PBI. Además, la crisis de la deuda en Portugal hace resurgir nuevamente la discusión acerca de la sostenibilidad fiscal en países como Grecia, España o la misma Italia, aun cuando Alemania crezca a las tasas más altas desde su reunificación.

Estas noticias provocan un considerable aumento en la volatilidad de los precios de todos los activos financieros, incluidos los commodities. Ha retornado el apetito por «seguridad» (oro, bonos del Tesoro norteamericano) y esto seguramente perjudicará los flujos de capitales financieros hacia las economías emergentes. El dólar se ha apreciado un 4% en relación con el euro desde comienzos de 2011, y la perspectiva es que se mantenga en el entorno de 1,40 en los próximos meses.

Algunos «fundamentals», como los del petróleo, revelan que los precios probablemente queden instalados en las cercanías de los 100 dólares el barril en los próximos meses. Hay una fuerte recuperación de la demanda (en especial, de los Estados Unidos, un 20% del consumo mundial), caen los stocks y la velocidad para aumentar la oferta está en discusión, porque la producción no convencional (el presal brasileño, los petróleos de arena del Canadá, etc.) es mucho más costosa y lenta.

Un petróleo más caro equivale a mayores costos de producción, en particular en las economías desarrolladas, sus principales importadores. En esos lugares del mundo se enfrenta la difícil opción de tener que subir las tasas de interés para contener la inflación y, potencialmente, ahogar la recuperación.

Para Brasil, en tanto, las proyecciones de consenso indican que el PBI crecerá el 4,5%, 3 puntos menos que el año pasado. La producción industrial, muy afectada por el super-real, aumentaría apenas el 3% frente al 10% de 2010. En el Gobierno Dilma hay una clara preocupación por la inflación (que fue del 5,9% en 2010), y por eso tomó la decisión de avanzar en medidas macro prudenciales, como la suba de un punto (en apenas dos meses) en la tasa SELIC y en el recorte de R$ 50.000 millones del gasto presupuestado para 2011. Las evidencias del mercado de crédito dicen que éste ha reaccionado más de lo pensado a la acción del Gobierno en enero y febrero; si se suman el aumento en los precios de los alimentos y un incremento menor de lo previsto del salario mínimo (en línea con la señal fiscal), habrá una desaceleración en el consumo de las clases medias y populares que puede impactar sobre las exportaciones argentinas, concentradas en alimentos y automóviles.

Aun así, hay grandes chances de que la dinámica macro argentina siga por carriles similares a los de 2010, con elevado crecimiento (6% de piso) pero acumulando desequilibrios (inflación, complejo cierre de las cuentas externas, sostenibilidad fiscal, desempleo en «núcleo duro») que -con prudencia- pueden administrarse hasta las elecciones de octubre. El mundo, aun en el escenario descripto, todavía puede seguir dando noticias alentadoras, y la tracción de la política mercadointernista seguirá teniendo potencia.

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