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Isabelle Czajka: “El desencanto no es sólo francés”
Periodista: ¿El cine es placer o angustia para usted?
Isabelle Czajka: No lo sé... Creo que el placer del cine es poder transmitir algo, la angustia por ejemplo. Siempre fui asidua espectadora de cine, todo tipo de cine, y para mí el momento más placentero era el de la identificación, el de reconocer algo que veía en la pantalla con lo que yo sentía.
P.: ¿Qué la llevó a filmar «El año siguiente»? ¿Hay algo de autobiográfico en la vida de esta adolescente?
I. C.: No en el sentido de las cosas que le ocurren, aunque sí en el medio en el que vive. Yo también, de jovencita, viví en los suburbios, y lo que traté de transmitir con esta película es cierto tipo de frustraciones, cierto tipo de violencia que sufren las personas jóvenes que viven en este ambiente.
P.: ¿Violencia de qué tipo?
I.C.: No me refiero desde luego a la violencia física, sino a la violencia que puede resultar de la atonía, del paisaje idéntico entre un suburbio y el otro, la monotonía, la vida sin estímulo ni motivaciones. La chatura, el mismo tipo de negocios; justamente, ese paisaje gris que se va asentando sobre la vida sin horizontes de un joven...
P.: Y estamos hablando de los suburbios de París...
I.C.: Sí, a pocos minutos de donde estamos hablando. Yo pasé mi niñez en un suburbio típico del siglo XIX, que con la llegada de la modernidad fue despojado de sus características de entonces por la uniformidad del paisaje del que le hablaba antes. Para esos chicos, que por lo general viven en casas de pocos recursos, incapaces de ir al mar o a la montaña, la mayor expectativa de esparcimiento es ir al supermercado.
P.: Ahora bien, ¿el estilo que usted le imprime al film se contagia forzosamente de ese sentimiento que transmite al paisaje, o fue una elección estética suya?
I.C.: La película debía transmitir aquello de lo que estamos hablando, de modo tal que me era imposible salirme de la temperatura de ese ambiente y de los climas anímicos que viven los personajes.
P.: No hace mucho vimos en la Argentina una película, si bien diferente de la suya, con un ambiente y personajes similares, «Propiedad privada», con Isabelle Huppert. Aquí también es la madre, Ariane Ascaride, a la que se le plantean problemas. ¿Hay crisis del papel parental en la vida de suburbios que a usted la interesó transmitir?
I. C.: No busqué particularmente eso, pero es cierto que actualmente existe, y no sólo en los suburbios, una crisis en la transmisión de valores de una generación a otra. La generación de los padres está en profunda crisis, y muchas veces no encuentran qué tipo de valores transmitir, ni cómo, y la de los jóvenes, que están permanentemente sometidos a un discurso social y publicitario que acentúa, antes que otra cosa, el individualismo, están todavía en menos condiciones de recibir una transmisión. De ese choque surge inevitablemente la crisis que vivimos.
P.: ¿Cómo juega entonces esa crisis en «El año siguiente»?
I.C.: La desorientación de la joven llega a ponerse en paralelo con la ambigüedad de la madre. Ella también tiene su propio conflicto de reubicación, de encontrar su lugar en el mundo, de modo que muchas veces se mostrará incapaz de acompañar o interpretar la angustia que vive su hija, por más empeño que ponga en conseguirlo.
P.: Hace poco se celebraron los 40 años del Mayo francés. ¿Qué diferencias hay entre la juventud parisiense que retrataba el cine de los años '60 y el cine contemporáneo?
I.C.: No creo que pueda juzgarse en bloque el cine de aquel período, porque entre un director y otro hay fuertes diferencias. Yo, particularmente, tengo mis favoritos y mis menos preferidos. Una de las películas que más amo de aquella época en «Mes petites amoureuses» de Jean Eustache, aunque sea de entrados los años 70. En fin, supongo que la espontaneidad que se ve en aquel cine no se advierte en el desencanto de esta época. Aunque el desencanto no es, por supuesto, un fenómeno exclusivamente francés.
M.Z.


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