25 de mayo 2012 - 00:00

Islamistas se dicen ganadores de elección clave en Egipto

Mujeres esperan su turno en un centro electoral de El Cairo. La juventud, protagonista de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak, se mostró dispersa en la campaña.
Mujeres esperan su turno en un centro electoral de El Cairo. La juventud, protagonista de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak, se mostró dispersa en la campaña.
El Cairo - La islamista Hermandad Musulmana (HM) anunció ayer que de acuerdo con los primeros escrutinios su candidato, Mohamed Mursi, habría sido el más votado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales egipcias, aunque los datos oficiales recién estarán disponibles el fin de semana.

En una conferencia de prensa, el vicepresidente del Partido Libertad y Justicia -brazo político de HM-, Esam el Arian, explicó que el resultado en los más de 200 colegios donde ya había finalizado el recuento otorgaba la victoria a Mursi.

Sin embargo, el coordinador de la campaña, Salah Abdel Maqsud, recordó que hasta ahora los datos son provisionales, ya que fueron más de 3.000 colegios electorales habilitados en todo el país.

Uno de los principales dirigentes de la Hermandad, Mohamed Beltagui, se refirió en declaraciones a la prensa a la posibilidad de que el general retirado Ahmed Shafiq, el último primer ministro de Hosni Mubarak, llegue junto a Mursi a la segunda vuelta, lo que la convertiría «en un referéndum sobre la revolución». «Si finalmente Shafiq alcanza la segunda vuelta será como si a los egipcios les preguntasen si están con la revolución o si se arrepienten y prefieren volver al antiguo régimen», dijo.

Este «round» preocupa mucho a los activistas, ya que excluye a los candidatos menos polémicos, el laico y ex jefe de la Liga Árabe, Amr Mussa, y el pro islamista moderado Abdel Moneim Abul Fotouh, escribió en su página de Facebook la militante Nawara Negm. «La sangre correrá si Shafik o Morsi ganan las elecciones», agregó Negm.

Las mesas cerraron a las 21, hora local, luego que las autoridades electorales extendieran la votación una hora más debido a la participación significativa, que la Comisión Electoral nacional estimó en un 50% de los 50 millones de electores registrados. Pese al palpable fervor, los históricos comicios estuvieron marcados por la escasa claridad sobre las facultades con las que contará el futuro presidente y por la inexistencia de candidatos que representen a los sectores seculares y pro-democráticos que en enero de 2011 derribaron a Hosni Mubarak.

Esta situación tuvo su correlato en la desazón de estos sectores jóvenes, que manifestaban dudas sobre cuánta «esperanza» debían representar esta jornada. «La revolución no logró sus objetivos» señaló Dina Kassem en declaraciones difundidas ayer por la cadena BBC, mientras que otra joven, Assia Krim, se mostró menos optimista y dijo que «todo el mundo está decepcionado» ya que «las elecciones bajo un régimen militar y con tanques no son elecciones».

Tras décadas de comicios fraudulentos, 13 candidatos compitieron en estos disputadas elecciones, cuyo resultado será clave para la orientación que tomará el país de 82 millones de habitantes, un aliado de Estados Unidos y una de las dos naciones árabes que tiene relaciones con Israel.

Se prevé que las cifras sean difundidas este fin de semana y que ningún candidato alcance la mayoría absoluta que permita evitar una segunda vuelta, prevista el 16 y 17 de junio. El ganador se anunciará el 31 del mismo mes.

El Ministerio del Interior indicó que sólo registró violaciones menores, y la mayoría de los medios locales hablaron también de un «desarrollo normal» del proceso electoral. No obstante, distintas ONG denunciaron sobornos e influencias en la votación, tal como sucedió en las últimas parlamentarias en las que el sector islámico resultó vencedor. Estas irregularidades se registraron principalmente en grandes ciudades como El Cairo, Giza o Alejandría, afirmó la ONG.

Por su parte, el diario Al Masry al Youm denunció numerosas irregularidades de violación al llamado «silencio de campaña», es decir, la prohibición de que los partidos políticos o los candidatos pidan el voto durante la jornada electoral.

Agencias ANSA, EFE y DPA

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