19 de mayo 2014 - 00:00

Israel, más inquieto por reacción ultraortodoxa a la visita del Papa

Jerusalén fue empapelada con afiches en alusión a la histórica visita del papa Francisco a Israel, los territorios palestinos y Jordania.
Jerusalén fue empapelada con afiches en alusión a la histórica visita del papa Francisco a Israel, los territorios palestinos y Jordania.
Jerusalén - Una ceremonia profundamente religiosa con la cual el papa Francisco concluirá su peregrinaje a Tierra Santa, la misa en la sala del Cenáculo de Jerusalén, está en el centro de tensiones políticas de una intensidad insospechada.

En el último medio siglo, antes que él, otros tres papas en visita en Jerusalén rezaron en la sala de la Última Cena sin suscitar recriminaciones. Pero ahora elementos radicales en el judaísmo ortodoxo expresaron preocupación y también organizaron una manifestación de protesta ante el temor -desmentido por las autoridades- de que durante la visita del Pontífice, del 24 al 26 de este mes, Israel pueda ceder la gestión, aun en forma parcial, de aquel lugar de culto.

La razón de tanta hostilidad deriva del hecho de que en el piso inferior del edificio se encuentra una sinagoga, de aspecto humilde y con pocos bancos de madera, desde la cual se accede a una sala vacía donde según la tradición medieval se encontraría la tumba del rey David: el monarca que hace 3.000 años atrás se midió con Goliat para dar vida a un reino de importancia regional.

Desde la parte islámica se destaca que durante siglos en el mismo edificio estuvo activa una mezquita. La familia Dajani Daoudi, se agrega, ha sido su custodia desde 1534 al 1948, fecha de la fundación de Israel. Ese edificio es "wagf", es decir propiedad de los islámicos, según la familia Dajani Daoudi. En consecuencia, argumenta la prensa islámica, Israel no está en posición de discutir su estatus con el Vaticano.

Para alcanzar el edificio en el cual se concentran estas pasiones se debe pasar por las laderas del Monte Sión. Se llega así a un espacio abierto donde está expuesta una estatua del rey David, mientras toca una lira. En el pasado, el monumento fue dañado por judíos iconoclastas, contrarios por principio a la reproducción de formas humanas. Otros zelotes destruyeron finas cerámicas de la época otomana porque estarían en contraste -a su juicio- con el "carácter judío" del lugar.

Según el diario Haaretz, la Tumba del rey David se convirtió en los últimos años un polo de atracción para grupos radicales del judaísmo: entre ellos, colegas rabínicos ultraortodoxos, sectas mesiánicas, y ultras del Tag Mehir, el movimiento de los colonos, alejados de Cisjordania por el Ejército por motivos de seguridad. En tanto, en el Monte Sión aparecieron los primeros graffitis anticristianos.

En este contexto tuvieron gran resonancia en algunas sinagogas de Jerusalén las voces según las cuales sería inminente un gesto de apertura de Israel hacia la Iglesia: por ejemplo, el desarrollo en el Cenáculo de decenas de ceremonias al año en lugar de las dos que por norma se realizan anualmente. La semana pasada, judíos ortodoxos organizaron una manifestación de protesta para impedir que, según sus palabras, "sobre la tumba del rey David sea creado de hecho una Iglesia".

Las desmentidas oficiales fueron inmediatas y perentorias. Interrogado en el Parlamento, el canciller Avigdor Lieberman, aseguró que Israel no tiene intención de cambiar el estatus del Cenáculo.

"La Iglesia no reivindica la propiedad siquiera de un azulejo en el Cenáculo", dijo la profesora Isca Harani, una experta israelí en la materia. En este peregrinaje pidió sólo la autorización para la misa del papa Francisco.

Haaretz, a su vez, recogió el parecer de un rabino progresista Uri Reghev según el cual un acuerdo sobre el Cenáculo ("que no tiene ningún significado para el judaísmo"), beneficiaría a Israel: consentiría superar los contrastes del pasado y mirar finalmente hacia el futuro.

Agencia ANSA

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