- ámbito
- Edición Impresa
José Muñoz: el noir criollo con sabor a Chandler
El libro reúne las tiras sobre el detective que creó en los años 70 con el guionista Carlos Sampayo.
Muñoz. “El encuentro con Carlos Sampayo fue decisivo para nuestras carreras. Alack Sinner nos abrió un nuevo panorama”.
J. M.: Más allá de toda la simbología es el goce sensible, casi sensual, de aplicar negro sobre blanco. Con mi colega Jacques Tardi hablamos sobre el goce físico de poner el negro sobre el papel. Se le atribuye a Coleridge que en literatura impone la "suspensión de la incredulidad". Yo, cuando entro en una historia, anulo en mí la incredulidad, me sumerjo como en un sueño y parto en busca de ese tipo que me va a contar su historia. Y va apareciendo en un cuadrito un fragmento de mundo por donde entro, y pierdo la noción del tiempo y del espacio hasta que salgo y veo lo que escribieron las imágenes. Y me gusto cuando atrapo un motivo, una emoción.
P.: Su estilo tuvo maestros del narrar con imágenes como Alberto Breccia.
J. M.: Conocí la tribu de los grandes creadores de nuestra narrativa en imágenes dibujadas en la Escuela Panamericana de Arte, a la que fui de los 11 a los 13 años, mientras mi familia me pudo pagar los cursos, y mi maestro fue Breccia; yo estaba pegadísimo a él. El otro era un tano que se llamaba Pratt, Hugo Pratt. Simultáneamente estudiaba con el escultor italiano Humberto Cerantonio, que nos llevaba a ver cine expresionista, cómico, policial, de terror. Breccia, en ese tiempo, estaba comenzando a colaborar con Oesterheld, al que conocí después, y colaboré en revistas que él dirigía y hasta dibujé episodios de su "Ernie Pike", y colaboré con Francisco Solano López en "El Eternauta"; era el especialista en los copos de nieve mortal, me salían bárbaros. Breccia era un expresionista diurno que podía dialogar con Borges, y Solano el dueño de Buenos Aires. Obviamente, está Hugo Pratt derrochando talento, y reconociendo que Oesterheld fue decisivo en su formación como narrador. Pero también están los que hacían tiras cómicas, Divito, Calé, Palacio, Ferro, genios de la cultura popular. Esa fue la época de oro. Después todo cambió. La historieta comenzó a perder espacio de entretenimiento con la televisión, aunque ahora a cada rato cine y televisión tengan que echar mano a las historietas en busca de personajes, argumentos, ideas.
P.: Dos argentinos exiliados en Europa en los 70, que se conocieron por casualidad en Ezeiza, se juntan para trabajar una historieta y crean un emblema de la novela negra dibujada.
J. M.: Sampayo estaba en España, trataba de rajarle a la publicidad y escribía libritos para la editorial Bruguera, del tipo "Cómo aprender karate en veinte lecciones". A mí se me acababa el permiso de estadía en Londres. Me carteaba con Sampayo y me fui a verlo. Él de historieta no conocía nada, apenas las lecturas juveniles. Y de pronto apareció el acople: Marlowe, el policial, el jazz y el tango, la violencia y el rencor, la literatura y el cine, Nueva York, todos nuestros entusiasmos sobre la mesa. La historia empezó a surgir a través de nosotros, y sola también. Sinner empezó a aparecer, primero confusamente, hasta lograr la cara que conquistó su rostro definitivo, su misterio, las vidas que vivió. Logró ese "almismo" que reclamaba Macedonio Fernández. Para mí es un amigo de papel. No sé si Sampayo es el padre o la madre, nunca lo aclaramos.
P.: ¿En qué está ahora?
J. M.: En octubre va a aparecer en Francia "Faoubourg sentimental" y luego acá como "Barrio adentro", libro con dibujos míos y textos de Alejandro García Schnetzer.


Dejá tu comentario