7 de junio 2017 - 23:40

José Muñoz: el noir criollo con sabor a Chandler

El libro reúne las tiras sobre el detective que creó en los años 70 con el guionista Carlos Sampayo.

Muñoz. “El encuentro con Carlos Sampayo fue decisivo para nuestras carreras. Alack Sinner nos abrió un nuevo panorama”.
Muñoz. “El encuentro con Carlos Sampayo fue decisivo para nuestras carreras. Alack Sinner nos abrió un nuevo panorama”.
El detective neoyorquino Alack Sinner, personaje emblema de la novela negra dibujada, fue creado y desarrollado entre 1975 y 2006 por dos argentinos exiliados en Europa, el dibujante José Muñoz y el guionista Carlos Sampayo. Acaba de aparecer, por primera vez en castellano en un tomo de 700 páginas la novela gráfica "Alack Sinner", que conquistó numerosos lauros, publicada por Salamandra. Muñoz, que se formó junto a quienes forjaron la época de oro de la historieta argentina (Breccia, Pratt, Solano López, Oesterheld), ha creado historias y personajes (solo o con Sampayo, Jérome Charyn, Andreu Martin, entre otros) que llegaron al libro y han sido traducidos a doce lenguas. Muñoz vive entre Milán y París y visitó Buenos Aires para presentar "Alack Sinner", la obra que lo hizo internacionalmente famoso. Dialogamos con él:

Periodista: La "novela gráfica" o "literatura dibujada" que usted hace pasó por muchos nombres: historieta, cine en cuadritos, comic...

José Muñoz: "Figuración narrativa". Es que no hay una palabra que comprenda esta producción de historias. Yo quise realizarme con el dibujo narrativo, con la literatura dibujada, y pensé que la historieta, que me conquistó de chico, era el campo donde iba a dar mi batalla. Batallas ganadas, perdidas, empatadas. Encontré que esa era mi tela. En eso el encuentro con Sampayo fue decisivo para mí y para él, nos enriquecimos mutuamente. Con "Alack Sinner" se abrió un panorama a partir de las imágenes, las palabras y los silencios, la lágrima asomada y la perspectiva que se pierde en la melancolía de un paisaje de dureza expresionista.

P.: Usted y Sampayo se remitieron a la literatura para contar la historia del detective Alack Sinner...

J. M.: A la novela negra nacida en los treinta en Estados Unidos, a la muchachada de Hammett, Chandler y McCoy, viendo desarrollarse el gigantismo capitalista y denunciando el mal, disparos de ametralladoras y chorros de petróleo, ganancias extraordinarias y desempleados borrachos, concentraciones que mezclan orígenes étnicos y flappers en limusina.

P.: A la novela negra usted la encierra en el mundo oscuro de sus dibujos.

J. M.: Más allá de toda la simbología es el goce sensible, casi sensual, de aplicar negro sobre blanco. Con mi colega Jacques Tardi hablamos sobre el goce físico de poner el negro sobre el papel. Se le atribuye a Coleridge que en literatura impone la "suspensión de la incredulidad". Yo, cuando entro en una historia, anulo en mí la incredulidad, me sumerjo como en un sueño y parto en busca de ese tipo que me va a contar su historia. Y va apareciendo en un cuadrito un fragmento de mundo por donde entro, y pierdo la noción del tiempo y del espacio hasta que salgo y veo lo que escribieron las imágenes. Y me gusto cuando atrapo un motivo, una emoción.

P.: Su estilo tuvo maestros del narrar con imágenes como Alberto Breccia.

J. M.: Conocí la tribu de los grandes creadores de nuestra narrativa en imágenes dibujadas en la Escuela Panamericana de Arte, a la que fui de los 11 a los 13 años, mientras mi familia me pudo pagar los cursos, y mi maestro fue Breccia; yo estaba pegadísimo a él. El otro era un tano que se llamaba Pratt, Hugo Pratt. Simultáneamente estudiaba con el escultor italiano Humberto Cerantonio, que nos llevaba a ver cine expresionista, cómico, policial, de terror. Breccia, en ese tiempo, estaba comenzando a colaborar con Oesterheld, al que conocí después, y colaboré en revistas que él dirigía y hasta dibujé episodios de su "Ernie Pike", y colaboré con Francisco Solano López en "El Eternauta"; era el especialista en los copos de nieve mortal, me salían bárbaros. Breccia era un expresionista diurno que podía dialogar con Borges, y Solano el dueño de Buenos Aires. Obviamente, está Hugo Pratt derrochando talento, y reconociendo que Oesterheld fue decisivo en su formación como narrador. Pero también están los que hacían tiras cómicas, Divito, Calé, Palacio, Ferro, genios de la cultura popular. Esa fue la época de oro. Después todo cambió. La historieta comenzó a perder espacio de entretenimiento con la televisión, aunque ahora a cada rato cine y televisión tengan que echar mano a las historietas en busca de personajes, argumentos, ideas.

P.: Dos argentinos exiliados en Europa en los 70, que se conocieron por casualidad en Ezeiza, se juntan para trabajar una historieta y crean un emblema de la novela negra dibujada.

J. M.: Sampayo estaba en España, trataba de rajarle a la publicidad y escribía libritos para la editorial Bruguera, del tipo "Cómo aprender karate en veinte lecciones". A mí se me acababa el permiso de estadía en Londres. Me carteaba con Sampayo y me fui a verlo. Él de historieta no conocía nada, apenas las lecturas juveniles. Y de pronto apareció el acople: Marlowe, el policial, el jazz y el tango, la violencia y el rencor, la literatura y el cine, Nueva York, todos nuestros entusiasmos sobre la mesa. La historia empezó a surgir a través de nosotros, y sola también. Sinner empezó a aparecer, primero confusamente, hasta lograr la cara que conquistó su rostro definitivo, su misterio, las vidas que vivió. Logró ese "almismo" que reclamaba Macedonio Fernández. Para mí es un amigo de papel. No sé si Sampayo es el padre o la madre, nunca lo aclaramos.

P.: ¿En qué está ahora?

J. M.: En octubre va a aparecer en Francia "Faoubourg sentimental" y luego acá como "Barrio adentro", libro con dibujos míos y textos de Alejandro García Schnetzer.

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