27 de enero 2009 - 00:00

Julio Le Parc, un arte genuinamente interactivo

Todas las obras de Le Parc enfrentan al espectador con experienciasen las que las múltiples posibilidades de cambio contribuyen ademoler la noción tradicional de arte.
Todas las obras de Le Parc enfrentan al espectador con experiencias en las que las múltiples posibilidades de cambio contribuyen a demoler la noción tradicional de arte.
Nacido hace 80 años en Mendoza, Julio Le Parc vino a Buenos Aires siendo aún adolescente. Asistió a cursos nocturnos en la Escuela de Bellas Artes. Conoció el Grupo Arte Concreto Invención, liderado por Tomás Maldonado. A esta influencia sumó luego su experiencia de trabajador, como albañil y metalúrgico. Por esos años, recorrió distintas regiones del país y tuvo una participación activa en el movimiento obrero y estudiantil. A fines de 1958, se instaló en París, donde su vida artística estuvo caracterizada por una permanente acción política y estética.

En Superficie-color destaca el infinito potencial de variaciones. Se trata de sus primeras experiencias, de 1959, en las que utiliza todos los colores y compone una gama completa que intenta resumir las posibles y diferentes variaciones cromáticas.

«La noción de artista único e inspirado es anacrónica (.). La obra, estable, única, definitiva, irremplazable, va en contra de la evolución de nuestra época. Debe cesar la producción en exclusividad por el ojo culto (.). El ojo es nuestro punto de partida». Así lo declaraba, en 1961, el Manifiesto del GRAV (Grupo de Investigación de Arte Visual), cuya Acta de fundación Julio Le Parc firmó junto a Demarco, García Miranda, García Rossi, Molnar, Morellet, Moyano, Servanes, Sobrino, Stein e Yvaral, en 1960. El grupo se propuso desmitificar la obra de arte y convocar al público a una participación abierta.

En «Obra Abierta», de 1962, Umberto Eco señaló que «la apertura de la obra es garantía de un tipo de goce particularmente rico y sorprendente que persigue nuestra civilización como un valor entre los más preciosos, puesto que todos los datos de nuestra cultura nos llevan a concebir, sentir y por consiguiente, ver el mundo según la categoría de la posibilidad.»

Además del color en el espacio, en sus experiencias intervienen la luz, la transparencia, la multiplicación de la imagen y el movimiento real. Bajo la influencia de Mondrián, Albers y el constructivismo ruso, logra sistematizaciones en «Superficies», la primera experiencia con la que reaccionó contra la abstracción lírica, action painting, promocionada por el gran teórico estadounidense Clement Greenberg.

Sus obras con las « Contorsiones» (1967), que surgieron de los conjuntos de movimientosorpresa (1966), son cintas flexibles de plástico que se deforman con el movimiento de pequeños motores. Pero también utiliza cintas de acero inoxidable pulido sobre fondos rayados y blancos.

El juego de luces, sombras y reflejos es primordial en su serie de dibujos «Relieves» (1960), en los que aplica el principio matemático de las progresiones de un mismo elemento con cuatro posiciones distribuidas alternativamente sobre una superficie.

Los movimientos del espectador modifican las imágenes de los objetos en «Desplazamientos» (1963). Sus primeras placas curvas cuyo reflejo deforma las imágenes fueron posibles gracias a la utilización de lumalina, un elemento plástico cuya flexibilidad facilita la manipulación. En trabajos posteriores, el panel multiplica las imágenes del lado opuesto al espectador, quien a su vez también es «fraccionado», por el público que se encuentra del otro lado.

Nada más ajeno a este gran artista argentino, que obtuvo el Primer Premio de la XXXIII Biennale di Venezia, en 1966, que la concepción de obra de arte cerrada, estable y definitiva. En la obra entendida de este modo «todo está fijado por un sistema de signos y de claves que hace falta conocer de antemano para estar en disposición de apreciarlo», ha señalado el artista. Pero Le Parc procura enfrentar al espectador con experiencias en las que las posibilidades múltiples de cambio contribuyan a demoler toda noción tradicional acerca del arte, la obra y el artista. Sus temas fundamentales se condensan en «Luz» (1959), serie desarrollada en diversas experiencias de objetos, luces, ambientaciones y proyecciones. Así, en sus primeras realizaciones de esta serie utiliza la luz en cajitas para combinar y multiplicar, por medio de pantallas -placas de plexiglás en formas prismáticas-, cuadrados y círculos utilizando gamas de 14 colores. En otras obras, al iluminar alternativamente las imágenes laterales, crea secuencias visuales de situaciones en profundidad.

El público es convocado especialmente en las «Salas de juegos» (1964). A esta serie pertenece el «espejo en vibración», una placa de metal pulido que refleja la imagen de quien mira. Pero cuando con un interruptor se acciona un motor, el movimiento transforma la placa en cóncava y convexa, achicando y agrandando la imagen del espectador.

También realizó obras similares pero sin motor, es decir, juegos con elementos para manipular.

En 1968, Le Parc publicó el texto «Guerrilla Cultural», en el que cuestionaba el sistema cultural y señalaba la necesidad de replantear el papel del artista en la sociedad. Luego de la impugnación general que realizó en ocasión de los sucesos del denominado Mayo Francés de 1968, el artista fue expulsado de Francia. Su regreso sólo fue posible cinco meses después, cuando la medida fue suspendida gracias a múltiples pedidos del medio cultural. Pero a fines de ese año, se produjo la disolución del GRAV.

Durante 1969 -un año de transición-, Le Parc participó de asambleas públicas y en la campaña internacional de movilización de artistas. Al año siguiente, intervino en la realización colectiva «América Latina no oficial», en la Ciudad Universitaria de París, en la que mostraba las luchas populares en América Latina y denunciaba la opresión, la represión y la tortura.

En 1974, desarrolló tareas de solidaridad con el pueblo chileno por medio de «Viva Chile»: trabajos colectivos con un equipo de estudiantes de arte. Ese mismo año inició sus primeros ensayos sobre el tema «Modulaciones», conjunto que el artista continuó en Alquimias (1988), experiencias que se aproximan a la desmaterialización más que al objetualismo pictórico.

El hacer artístico de Le Parc está caracterizado por su actitud experimental: retoma obras y continúa series de trabajos, desarrollando una producción coherente. «Todo ello da un sentimiento a mi trabajo y en esa actitud me siento vivo, regenteando el contenido de lo ya hecho, confrontándolo a un devenir cotidiano, vivificando mi imaginación, atento a sutiles señales de mi entorno, configurando mi propio espacio mental, sondeando mi interior, auscultando mis reacciones visuales, recomponiendo imágenes olvidadas, encontrando mis medios expresivos, tratando de ser lo más libre posible.» Así considera el artista la inscripción del trabajo que desarrolla actualmente, dentro del conjunto de toda su obra.

Hace diez años, expuso una gran muestra retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la capital cordobesa.

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