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Julio Le Parc, un arte genuinamente interactivo
Todas las obras de Le Parc enfrentan al espectador con experiencias
en las que las múltiples posibilidades de cambio contribuyen a
demoler la noción tradicional de arte.
El juego de luces, sombras y reflejos es primordial en su serie de dibujos «Relieves» (1960), en los que aplica el principio matemático de las progresiones de un mismo elemento con cuatro posiciones distribuidas alternativamente sobre una superficie.
Los movimientos del espectador modifican las imágenes de los objetos en «Desplazamientos» (1963). Sus primeras placas curvas cuyo reflejo deforma las imágenes fueron posibles gracias a la utilización de lumalina, un elemento plástico cuya flexibilidad facilita la manipulación. En trabajos posteriores, el panel multiplica las imágenes del lado opuesto al espectador, quien a su vez también es «fraccionado», por el público que se encuentra del otro lado.
Nada más ajeno a este gran artista argentino, que obtuvo el Primer Premio de la XXXIII Biennale di Venezia, en 1966, que la concepción de obra de arte cerrada, estable y definitiva. En la obra entendida de este modo «todo está fijado por un sistema de signos y de claves que hace falta conocer de antemano para estar en disposición de apreciarlo», ha señalado el artista. Pero Le Parc procura enfrentar al espectador con experiencias en las que las posibilidades múltiples de cambio contribuyan a demoler toda noción tradicional acerca del arte, la obra y el artista. Sus temas fundamentales se condensan en «Luz» (1959), serie desarrollada en diversas experiencias de objetos, luces, ambientaciones y proyecciones. Así, en sus primeras realizaciones de esta serie utiliza la luz en cajitas para combinar y multiplicar, por medio de pantallas -placas de plexiglás en formas prismáticas-, cuadrados y círculos utilizando gamas de 14 colores. En otras obras, al iluminar alternativamente las imágenes laterales, crea secuencias visuales de situaciones en profundidad.
El público es convocado especialmente en las «Salas de juegos» (1964). A esta serie pertenece el «espejo en vibración», una placa de metal pulido que refleja la imagen de quien mira. Pero cuando con un interruptor se acciona un motor, el movimiento transforma la placa en cóncava y convexa, achicando y agrandando la imagen del espectador.
También realizó obras similares pero sin motor, es decir, juegos con elementos para manipular.
En 1968, Le Parc publicó el texto «Guerrilla Cultural», en el que cuestionaba el sistema cultural y señalaba la necesidad de replantear el papel del artista en la sociedad. Luego de la impugnación general que realizó en ocasión de los sucesos del denominado Mayo Francés de 1968, el artista fue expulsado de Francia. Su regreso sólo fue posible cinco meses después, cuando la medida fue suspendida gracias a múltiples pedidos del medio cultural. Pero a fines de ese año, se produjo la disolución del GRAV.
Durante 1969 -un año de transición-, Le Parc participó de asambleas públicas y en la campaña internacional de movilización de artistas. Al año siguiente, intervino en la realización colectiva «América Latina no oficial», en la Ciudad Universitaria de París, en la que mostraba las luchas populares en América Latina y denunciaba la opresión, la represión y la tortura.
En 1974, desarrolló tareas de solidaridad con el pueblo chileno por medio de «Viva Chile»: trabajos colectivos con un equipo de estudiantes de arte. Ese mismo año inició sus primeros ensayos sobre el tema «Modulaciones», conjunto que el artista continuó en Alquimias (1988), experiencias que se aproximan a la desmaterialización más que al objetualismo pictórico.
El hacer artístico de Le Parc está caracterizado por su actitud experimental: retoma obras y continúa series de trabajos, desarrollando una producción coherente. «Todo ello da un sentimiento a mi trabajo y en esa actitud me siento vivo, regenteando el contenido de lo ya hecho, confrontándolo a un devenir cotidiano, vivificando mi imaginación, atento a sutiles señales de mi entorno, configurando mi propio espacio mental, sondeando mi interior, auscultando mis reacciones visuales, recomponiendo imágenes olvidadas, encontrando mis medios expresivos, tratando de ser lo más libre posible.» Así considera el artista la inscripción del trabajo que desarrolla actualmente, dentro del conjunto de toda su obra.
Hace diez años, expuso una gran muestra retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la capital cordobesa.


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