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Juventus Lyrica inicia su 2011 con “Il Trovatore” de Verdi
Darío Sayegh se alternará en el papel de «Manrico» con Fermín Prieto, y la soprano chilena Macarena Valenzuela hará lo propio con Sabrina Sirera en el de «Leonora».
La ópera de Verdi (1853), basada en el drama homónimo de Antonio García Gutiérrez y con libreto de Salvatore Cammarano (completado por Leone Bardare) tiene puesta en escena de Ana DAnna y dirección musical de Antonio Maria Russo. Darío Sayegh y Fermín Prieto encarnan a Manrico, Macarena Valenzuela y Sabrina Cirera a Leonora, Laura Cáceres a Azucena, Fabián Veloz y Christian Maldonado al Conde de Luna, conformando así un elenco inusual de artistas jóvenes para una ópera de gran exigencia vocal. Las demás funciones serán el domingo a las 17.30, y el jueves 14 y sábado 16 a las 20.30.
Dialogamos con Sayegh y Valenzuela (soprano chilena que se perfecciona en la Argentina).
Periodista: Manrico y Leonora son roles que habitualmente abordan cantantes de más edad. ¿Los asusta el desafío de abordarlos en este momento de sus carreras?
Darío Sayegh: No, al contrario. Juventus Lyrica fue precursora, rompió las estructuras, yo soy un producto ciento por ciento de esta institución, lo probé y sé que va a estar bien. Yo no creo mucho en el tema de las edades sino en el de las calidades, si se tiene la voz y el color para cantar Otello a los 36 años, hay que hacerlo.
Macarena Valenzuela: Pese a que somos jóvenes no estamos sobrepasados: todo depende de la voz, de la preparación, y de lo que se esté dispuesto a enfrentar. En mi caso me siento muy cómoda. La Leonora es uno de los roles que me puse a estudiar hace muchos años, cuando no estaba tan preparada, pero me sirvió. No es un rol emotivamente tan intenso como Traviata, que a mí me tocaba muy profundamente una historia personal, y el cuarto acto casi no lo pude terminar nunca hasta el día de la función aquí con Juventus. En cambio esto es canto, es otra cosa.
D.S.: Manrico es uno de los roles que siempre soñé cantar. Había estado a punto de hacerlo dos veces antes pero ahora me agarra en mi mejor momento de maduración vocal e intelectual. Es muy intenso, muy fuerte en su relación con la madre y con Leonora, me obliga a estar metido pero a la vez no tener que desbordarme. Es uno de los roles más lindos para cantar, la música de Verdi es impagable, demás, con Macarena ya trabajamos y eso facilita todo, y Laura Cáceres y Fabián Veloz son dos profesionales de alto nivel. Con compañeros que ayudan todo el tiempo realmente da ganas de venir a ensayar y de trabajar para dar lo mejor. Además desde lo musical, especialmente con la presencia de Antonio Russo, ésta es una compañía que cuida mucho al cantante, si hay un error se lo marca para mejorar.
P.: ¿Cómo es el trabajo con Ana DAnna?
M.V.: Ella te deja expresarte, y sobre lo que uno hace ella trabaja, no es que nos muestra una forma específica de hacer, ella desarrolla el concepto que uno trae de acuerdo a la comodidad de cada uno. Se actúa mucho desde la verdad, alejado del estereotipo de la ópera, se busca algo mucho más natural.
D.S.: Con ella siempre se va de mayor a menor: se ve primero el personaje en su globalidad y después los detalles. Nos da directivas dentro de su concepto pero también dentro de nuestras condiciones. Lo mejor es que siempre son puestas originales, nunca copiadas de algo que ella haya visto.
P.: ¿Se recurre para la preparación actoral a la obra de García Gutiérrez?
D.S.: Ana todo el tiempo nos habla de ella para que la asimilemos bien, más allá de que alguno haya investigado por su cuenta,.
M.V.: Es interesante conocer esa obra porque tal vez el libreto de la ópera de por sí no se entiende muy bien, hay que suponer ciertas cosas.
P.: ¿Qué diferencia sus Leonora y Manrico de otros?
M.V.: Esto de lo que hablaba, la espontaneidad. A mi personaje, por ejemplo, se lo está trabajando desde el amor verdadero, no desde la cantante rígida, la señorona que es habitualmente: aquí es una niña de 15 años enamorada, que al final crece en su madurez emocional hasta tomar la decisión de matarse por amor.
D.S.: En mi caso se trabaja desde lo humano, como un muchacho con mucha sensibilidad, no desde el guerrero. La emoción se tiene que notar, muchas veces él afectivamente está quebrado, por momentos la madre lo reta y él es como un niño, y entonces hay un trabajo interno muy grande para que eso se pueda transmitir.
Entrevista de J. del C.

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