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Kirchner-opositores y la sociedad de los pactos efímeros
Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Sergio Massa y Hugo Moyano.
Ese episodio -sobre un diálogo improbable, pero no imposible- es la expresión extrema de la incertidumbre del planeta político donde socios vitales de hoy pueden ser los enemigos del mañana y un actual rival mutar, en meses (o semanas), en aliado perfecto.
Los chispazos entre De Narváez y Mauricio Macri son la postal perfecta de esa sociedad de pactos -o duelos- efímeros. No la única: críticos feroces de Daniel Scioli, como Sergio Massa, se neutralizan ante la opción de que el gobernador salte al ring nacional.
La hipótesis que despabiló el patagónico cuando en Ferro abrazó el concepto de trasvasamiento generacional, eso que en el peronismo llaman Plan B -Scioli candidato a presidente-, sembró una curiosa empatía de otros caciques bonaerenses, como Aníbal Fernández y Julián Domínguez.
En el PJ, al borde de la herejía, algunos se ilusionan con que De Narváez pueda saltar a la competencia nacional con lo que, suponen, la provincia se vuelve «ganable» al desaparecer el principal fantasma electoral, aquel que derrotó a Kirchner el 28 de junio.
Si, además, Scioli se entrevera en esa misma batalla, Buenos Aires se convierte en campo abierto, una tentación para Massa, Domínguez -¿se vienen las pintadas Julián 2011-, Aníbal F., Pablo Bruera o Alberto Balestrini.
Días atrás, frente a sus íntimos, el gobernador pidió cautela sobre la versión de un guiño del patagónico para disputar la sucesión de Cristina de Kirchner y mandó un mensaje hacia adentro del peronismo:
«Si yo tengo que repetir acá, quiero que mi compañero de fórmula sea Alberto», dijo en referencia a Balestrini.
«Lo peor que nos puede pasar es distraernos con eso, Daniel -se sacrificó un ministro y confesó sus temores-. Lo nacional es humo. Y si nos descuidamos, en unos meses vamos a tener tres o cuatro candidatos caminándonos la provincia».
El lanzamiento de Hugo Moyano, aun como candidato ficcional -es, apenas encima de Luis D'Elía, el dirigente con peor imagen-, justifica la prevención del funcionario sciolista.
Aunque es difícil resistirse a los encantos. Un gobernador peronista, que no es del Sur, susurró días atrás al oído de Daniel Scioli que debe comenzar a «caminar» el país para ser candidato a presidente. No es, se afirma, el único que transmitió su ok.
Tableros
Scioli y De Narváez generan, según el tablero donde se paren, castigos o bendiciones. Eduardo Duhalde aplaude al empresario si pelea en Buenos Aires -fantasea con que sea su candidato a gobernador-, pero lo desprecia si avanza sobre la grilla presidencial.
Lo mismo ocurre con Felipe Solá a pesar de que en las últimas horas, a instancia de Helena Chávez, su pareja, comenzó a sonar en el radar del ex gobernador la posibilidad de volver a La Plata, alternativa que el felipismo se apura a descartar enfáticamente.
A Chávez se atribuye la interpretación de que, si De Narváez puede competir en la nacional, se queda sin candidato a gobernador bonaerense y que ese casillero podría ser ocupado por Solá, que no encuentra destino ni tarea en la frágil sociedad de Unión-PRO.
Macri y De Narváez atraviesan, de hecho, la peor hora: nadie, en los entornos de ambos, logra convencerlos de que aplaquen su furia mutua. El porteño denuncia una traición; el empresario estalló cuando leyó las declaraciones de que la Corte volteará su aventura presidencial.
Caminos separados
Ayer, a Horacio Rodríguez Larreta no le quedó otra que admitir que ambos dirigentes transitan «por caminos separados», pero expresó su deseo de que logren restablecer una alianza estratégica que los haga formar parte de un mismo espacio político y electoral en 2011. (Ver nota en pág. 13.)
Macri se niega a entender que desear en público el fracaso de la declaración de certeza de De Narváez a la Corte implica asumir el temor. El empresario no puede dominar sus impulsos y castiga a su ex socio con lo que puede estar dañando a su futuro candidato a presidente.
En esencia, aunque Gustavo Ferrari dedica las 24 horas de su día al capítulo Corte -planteo que sería elevado en abril o mayo de 2011-, De Narváez sabe que el tribunal puede desestimarlo por abstracto o hacerlo cuando sea demasiado tarde.
Una demora hasta que esté vigente el cronograma electoral -hasta tanto puede ser considerado abstracto- puede convertirse en una emboscada que obligue al empresario a desistir, como ya comenzó a evaluar, de competir por dentro del peronismo.


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