Que los bancos centrales remarquen su confianza en la salud de la economía, y en una próxima mejoría, confirma lo que las cotizaciones bursátiles récord presuntamente ya sabían.
Janet Yellen
¿Qué parte no se entendió? La banca central bajó línea. Por escrito. Ya no se trata de un puñado de expresiones de ambigüedad finamente calibrada. Ningún teléfono descompuesto. Hay que leer las minutas de las últimas reuniones de la Fed y el BCE. Así, las declaraciones previas de Janet Yellen y Mario Draghi, sus respectivos titulares, y las de Mark Carney (Banco de Inglaterra) y Stephen Poloz (Banco de Canadá), calzan en la horma de un mensaje común. La economía mejora, la merma de la inflación es un fenómeno temporario (al igual que cualquier suspiro de la actividad), y, con ese trasfondo alentador, las políticas monetarias se aprestan a reducir la dosis de estímulo. Cada cual a su modo y con sus tiempos, pero todos, por primera vez, apuntan en la misma dirección. La cofradía es amplia. El Riksbank sueco y el Banco de la Reserva de Australia, aunque se mantuvieron de brazos cruzados, sostuvieron en sus reuniones el mismo Manifiesto. El discurso atronó potente. Que lo digan los bonos en franca retirada. O el Banco de Japón que debió intervenir para demostrar que no forma parte de la conspiración. Sólo así pudo preservar la tasa larga en yenes en el entorno de cero tras un áspero entrevero.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
¿Dónde quedó el pesimismo que trasuntaban los bonos? En el olvido. No le creyeron a Yellen cuando subió la tasa el 14 de junio. Tuvo que venir Draghi a torcerles el brazo. Y vaya que marcó una diferencia. La tasa de los bunds alemanes a diez años se duplicó con holgura: de 0,25% a 0,57%. Y la de los Treasuries, que tomó la decisión de Yellen como un error, hizo la venia y escaló un cuarto de punto a 2,39%. ¿Cómo respondió la curva de rendimientos en los EE.UU.? Desoyó a Yellen pero se empinó urgente con Draghi y su nuevo credo. De diciembre al 26 de junio se acható de 130 puntos base a 79, y ahora regresó a 97. Conste, dicho sea de paso, que el tramo corto de la curva, hasta los dos años, elevó sus rindes a los máximos de los últimos ocho años. ¿Qué parte no se entendió? Ninguna. Un pelotón de fusilamiento no hubiera acabado más rápido con la rebeldía.
¿Y en qué posición queda la Bolsa? Levemente maltrecha (aunque sin la odiosa incredulidad de los bonos compartiendo la escena). Un "bond tantrum" -un revolcón de los bonos- se sabe cómo comienza, pero no qué correntada arrastra. Los hedge funds, sentados en grandes posiciones en renta fija, apenas si redujeron su exposición. Son un blanco fácil. Nuevas subas en la tasa larga no serán inocuas (y Dios quiera que no se aceleren). Conviene no quitarse el casco. Los fondos quants amasan las pérdidas más grandes de los últimos diez años en renglones como el "trading" administrado de commodities y las estrategias de "paridad de riesgo". Además hay peligro de "flash crash" después de tres episodios al hilo con el ethereum, el oro y la plata. Y los emergentes volvieron a estar en la mira (los inversores jalarán el gatillo en función de la tasa larga y la velocidad del ascensor).
Que los bancos centrales remarquen su confianza en la salud de la economía, y en una próxima mejoría, confirma lo que las cotizaciones bursátiles récord presuntamente ya sabían. Que a la par prometan la reversión del estímulo, aunque sea prudente y, en la práctica, un asunto a ejecutar de 2018 en adelante, es materia delicada a observar con atención. Queda claro que si los bonos tenían razón, y la banca central se equivoca, lo que les espera a las acciones es una Doble Nelson. Pero aún si Yellen y sus amigos están en lo cierto subsiste un problema. Las minutas de la Fed citaron el temor de muchos por la alta valuación de la Bolsa.
Nunca más oportuna la temporada de balances. ¡Aleluya! Y es la de mejor prólogo en años. Bienvenida porque es la Tierra Prometida. Ganancias creciendo a doble dígito (o muy cerca) con una sólida base de aumento en las ventas es lo que el doctor recomienda para afrontar amenazas en tantos frentes. Para escapar de un encierro no hay llave más confiable que los mejores fundamentos.
Dejá tu comentario