25 de abril 2012 - 00:00

La bolsa de la feria

  • Los responsables de la Feria del Libro no la tienen fácil en estos días. Apenas inaugurada la 38ª edición, comenzaron los pases de facturas por las deficiencias que, por segundo año consecutivo, se advierten en su funcionamiento. Las quejas de los expositores apuntan al presidente de la Fundación El Libro, Gustavo Canevaro, y a la directora de la Feria, Gabriela Adamo, que llevan poco más de un año de gestión. Editores y libreros comentaban de stand a stand que en la edición anterior funcionó la excusa de que ambos directivos acababan de asumir sus cargos y se les disculparon gruesos errores, como la impericia en la organización de la visita del escritor peruano Mario Vargas Llosa, que acabó convertida en un mayúsculo aquelarre.

  • Pero en esta edición los expositores ya no son tan condescendientes y, en primer lugar, deploran la cantidad y el escaso entusiasmo comprador del público que concurrió en los primeros días. No dan las cuentas, dicen, en un acontecimiento que se precia de recibir en tres semanas más de un millón de visitantes, es decir, unos 50.000 por día. Este lento despegue de la Feria se atribuye, entre otras causas, a la errónea -y, según algunos, inexistente- estrategia de comunicación, responsable, por ejemplo, de que por primera vez las invitaciones para la inauguración salieron demasiado tarde y una parte importante de los invitados no las recibió a tiempo, dejando un tendal de ausentes y ofendidos.

  • Coincidentemente, periodistas de revistas, radios, televisión se quejan de que, a contrapelo de los buenos hábitos de antaño, este año han dejado prácticamente de recibir acreditaciones e información sobre las novedades y la mayoría ignora a quién dirigirse para obtenerla. Quienes recurren a la página web de la Feria (www.el-libro.org,ar) para acceder a las noticias, se encuentran con notas sobre temas tan apasionantes como «Nuevos uniformes para el personal de la Feria Internacional del Libro», subida el 9 de abril.

  • En un comentario sobre los «Invitados internacionales» se dice «este año contamos con varias visitas de lujo: el filósofo italiano Gianni Vattimo, el escritor mexicano Carlos Fuentes, el narrador israelí David Grossman y el escritor rumano Norman Manea, entre otros», y el filósofo posmoderno italiano, que ha tomado una posición de cercanía de la religión cristiana (que le ha llevado a discusiones, en el sentido borgesiano, con René Girard), Gianni Vatttimo, no figura en el listado en donde se informa de las personalidades extranjeras que visitan la Feria. Por tanto, Vattimo (que es un adicto a Buenos Aires), ¿viene o no viene?

  • Uno de los asuntos que mayor malestar provoca entre los expositores es que la Feria haya albergado el viernes último las llamadas Conferencias TOC (Tools of Change), en las cuales especialistas, en su mayoría extranjeros, explicaron a los pocos privilegiados que accedieron a abonar 499 dólares el panorama futuro del libro a la luz de las nuevas tecnologías. Cuando uno de estos expertos se entusiasma hablando de un aparatito que pesa 250 gramos, cabe en un bolsillo y es capaz de albergar una biblioteca entera, a cualquier librero o editor argentino, que son quienes sostienen la Feria del Libro, se le erizan los pelos de la nuca, graficó un veterano expositor. Esta controversia apenas acaba de comenzar y promete futuras batallas con inciertas bajas.

  • La frase que se suele escuchar que se repite muy seguido en los stands es «Volvé Martha Díaz. Perdonanos», referida a quien fue directora de la Feria desde su primera edición en 1975 hasta hace dos años.

  • Otro situación que ha incomodado es la falta de interés de algunas embajadas, por lo menos esa es la justificación que realizan algunos editores, por promocionar a los autores que visitan el país. Cuando se plantea una entrevista al franco- marroquí Daniel Pennac, por caso, explica que se organizaron dos entrevistas y ya han sido concedidas. En el caso de Carlos Fuentes se dijo que sólo habrá (tendrá que verse) un encuentro colectivo con la prensa. Nada se sabe sobre qué sucederá con uno de los nombres clave de esta Feria, la hispano-estadounidense Sandra Cisneros.

  • Como una caso contrario, han llegado a los periodistas especializados en libros la posibilidad de entrevistar a Gay Talese, claro que para eso hay que irse a la Feria del Libro de Bogotá. De paso, el Grupo Prisa, que edita a Talese, uno de los padres del Nuevo Periodismo, podría haberlo traído tambien a Buenos Aires.

  • Las ofertas, uno de los atractivos de la Feria, son pocas, y en general pertenecen a librerías dedicadas a saldos como son, por caso, Dickens o Libertador, donde no dejan de haber hallazgos de buenos libros a buenos precios. Pensando que una gran mayoría de los asistentes a la Feria, según han sostenido algunas encuestas, no visitan librerías y este es el momento anual dedicado a recorrer una megalibrería, esos stands de ofertas le dan la posibilidades de salir con algún libro, teniendo en cuenta que en algunos casos los libros pueden ser, sobre todo para ese nivel de lector, demasiado caros.

  • Otro tipo de visitante es el que va esporádicamente a las librerías, en ese caso suele buscar en los stands de los sellos editoriales libros que o había podido conseguir o descubrir alguna mesa de ofertas. Los lectores consumados, y habitúes de la Feria son expertos cazadores de perlas y ya saben donde ir para encontarlas, un ejemplo es el segundo stand de la editorial Fondo de Cultura Económica, donde se encuentran oportunidades extraordinarias a un 10 o 20 por ciento de su costo.


  • Con una tendencia que se ha venido estableciendo como una constante en los últimos años pareciera que la llegada de visitantes tiende a amontonarse en los días finales de la Feria, cuando está por concluir. Por el momento la cantidad de asistentes ha tenido una lenta evolución, dando una cierta esperanza y, hasta, un cierto entusiasmo, sobre todo para algunos expositores del Pabellón Verde, en los días de fin de semana y después de las seis de la tarde.
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