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12 de octubre 2021 - 00:00

La Bolsa y la política (III)

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Una nueva jornada de descanso y como viernes la mejor referencia sobre lo que hubiera pasado la proveyó el comportamiento de los ADR en Nueva York. Escapando al malhumor del mercado norteamericano, se anotaron 11 alzas frente a 9 bajas y un sin cambios, con una suba promedio de 1,79% (contrapesado -1,43% de la mano del -3,43% de los títulos de Mercado Libre). El operado fue de u$s845 millones, esto es 17% arriba del diario del año. Las principales alzas, CEPU (11,53%), PAMPA (9,93%) y EDENOR (9,17%); las bajas, MELI, GLOB (-1,21%) e YPF (-1,14%). La semana pasada iniciamos una serie de comentarios que grafican el peligro que históricamente ha significado para el mercado de capitales argentino -y a veces para los propios involucrados- el alineamiento con el gobierno de turno. Un caso paradigmático en el siglo XX fue el del presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, José P. Hernández, cuya obsecuencia con el primer Gobierno peronista derivó desde lo institucional en el primer gran crack de la Bolsa local, el de 1949 (Globo y Pesca) y en lo personal en el ridículo de retar a duelo al editor del Economic Survey Rodolfo Katz -un caso hoy olvidado pero que llegó a la prensa internacional-, solo para “borrarse” con una mala excusa cuando vio que el otro no se acobardaba. Saltando al siglo XXI, nos tomamos el atrevimiento de revisar las peripecias de otro personaje, sobre quien, cada vez que fue objeto de ataques maledicentes o injustificados, en los momentos más difíciles, cuando “las papas quemaban” y “los amigos” se hacían los sotas o daban vuelta, en esta columna no dudamos en defender como no lo hizo ningún otro medio y que, de corresponder, volveríamos a hacerlo. Esto, no por simpatías o cuestiones personales (alguna vez desde el Regulador deslizaron que estábamos siendo pagados por este personaje, lo que denunciamos públicamente -en la CNV macrista, mutis-) sino porque independientemente de las personas, lo que se ponía en juego en cada uno de estos casos eran la verdad y al mercado de capitales argentino. Debiera quedar claro entonces, al menos para los no-necios y los no-obsecuentes, que más allá del valor de las veleidades políticas de nuestro amigo como ejemplo de los problemas que acarrea para el mercado la politiquería, que aquí no hay un caso de “Schadenfreude” y que en nada cuestionamos ni hacemos referencia al carácter u honor de nadie. Seguimos mañana.

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