23 de julio 2014 - 00:00

“La censura es cada vez más flexible en China”

Mai Jia: “Reconozco que he tenido una gran influencia de Borges. Su manera de ver el mundo me ha llevado a fijarme en personas que tienen un don especial”.
Mai Jia: “Reconozco que he tenido una gran influencia de Borges. Su manera de ver el mundo me ha llevado a fijarme en personas que tienen un don especial”.
Se dice que en 2002 con su ópera prima "El don", Mai Jia inauguró en China el género de thriller que une ciencia con espionaje, novela que se convirtió en long seller que lleva 5 millones de libros vendidos en su país, y conquistado los mayores premios. Ahora el éxito de Mai Jia ha comenzado a extenderse internacionalmente con la traducción de sus obras; en español la acaba de publicar Destino. Pero "El don" es más que un thriller, es una novela con una fascinante estructura, con una original mezcla de géneros, que plantea cuestiones como si el exceso de genio conduce irremediablemente a la locura o si el azaroso destino es quien tiene definitivamente la última palabra. Desde entonces Mai Jia lleva publicadas las novelas "En la oscuridad", "El mensaje", "Al filo de la navaja" y la trilogía "Susurros en el viento", que han superado los 100 millones de lectores on line y cuenta con 16 millones de seguidores en las redes sociales. Mai Jai, siguiendo una tradición china, es el seudónimo de Jian Benhu ("familia de trigo"), nacido en 1964, se graduó en Letras, es novelista, guionista de cine y televisión y desde el año pasado presidente de la Asociación de Escritores de Zhejiang. En su breve visita a Buenos Aires, dialogamos con el máximo exponente de la literatura china actual.

Periodista: Ante todo, una curiosidad: ¿qué pasa con la censura en China?

Mai Jia: Antes existía en China un sistema de censura más estricto, ahora es cada vez más flexible. El resultado es que "El don" pudo salir, cosa que hacer treinta años hubiera sido imposible pensarlo. Ahora se ha publicado como novela, y se ha adaptado al cine y a la televisión. Realmente tengo mucha suerte en eso. Podría decir que un buen escritor no debe temer a la censura, pero también que China está cambiando mucho. Muchas veces en la opinión de la prensa extranjera se piensa que el sistema de censura es muy terrible en China, pero en la práctica no es así. En los últimos treinta años, China ha cambiado mucho. Hay un cambio extraordinario respecto a la economía y la vida de la gente. Antes la economía de China estaba en quiebra, había extrema pobreza, comparada con esa época ahora estamos en el paraíso.

P.: ¿Por qué decidió contar la historia de alguien fuera de lo común, de alguien que tiene el don de la matemática? Usted suele mencionar a Borges que, como usted, contó de personas con un don especial que se le vuelve un drama, como en "Funes, el memorioso".

M.J.: En la literatura muchas veces buscamos un personaje insólito. Un genio, un tonto, alguien fuera de lo normal puede ser protagonista de una obra. Muchos escritores han utilizado este método, por ejemplo William Faulkner. En mi caso quería contar la historia trágica de un genio. Reconozco que he tenido una gran influencia de Borges. Leí muchas veces sus cuentos, poemas y ensayos. Borges no sólo es uno de mis ídolos sino que lo siento como un pariente, un ser querido. La manera de ver el mundo de Borges me ha llevado a fijarme en personas que tienen un don especial, eso me ha ayudado en la creación de Rong Jinzhen, el protagonista de "El don".

P.: ¿Su novela es más una novela de espías, que un thriller?


M.J.: Todo lo de espionaje, lo de thriller, es más un envoltorio, un truco, que me permitía explorar los temas de siempre de la gran literatura, la profundidad del mundo interior del ser humano y los límites de sus sentimientos y su racionalidad. Busqué el punto de equilibrio entre una novela popular atractiva, que no se pudiera dejar de leer, y una obra de calidad y de complejidad literaria.

P.: ¿Es por eso que decidió mostrar a su genio de la matemática tanto el azaroso mundo familiar como la historia de China desde 1920 hasta hoy?

M.J.: Como mi intención fue crear un personaje insólito mi obligación como novelista era darle verosimilitud, para eso tenía que preparar el terreno. En una novela banal el personaje puede irrumpir del modo que el autor quiera. En literatura seria se tiene que contar de dónde sale, que no nació de la tinta. Yo tenía que inventar toda la historia. Contar la saga familiar de donde proviene Rong. Eso es importante porque esa familia tiene que ver con el mundo de la matemática, y el de la interpretación de los sueños. Sabiendo eso al lector le resulta creíble que de allí surja un genio que es la cristalización de generaciones.

P.: Curiosa cristalización. Rong desciende de la oveja descarriada de la familia, un asesino, y una prostituta, pero concentra en sus genes la genialidad matemática de sus ancestros.

M.J.: Fue mi secreto. Busqué fabricar un híbrido, un monstruo, que así como tiene una parte racional sobresaliente tiene una parte salvaje, irracional. Su nacimiento condiciona su destino.

P.: A su novela, en algún aspecto, se la puede relacionar con la película "Una mente brillante" que en 2001 ganó cuatro Oscar.

M.J.: Se puede buscar cierta similitud con esa película porque los protagonistas son matemáticos criptógrafos y tienen un desenlace trágico. Quizá hay una cercanía en que son dos formas de enfrentar la pregunta sobre dónde termina el genio y comienza la locura. Pero no tuve influencia de esa película porque cuando la vi hacía tiempo que estaba publicado mi libro, que me llevó once años escribir. También me preguntan sobre la relación que tiene "El don" con el matemático y espía inglés Alan Turing. Cuando escribía no pensé ni en John Forbes Nash ni en Alan Turing. Creo que son meras coincidencias. Matemática y literatura son disciplinas que no tienen nada que ver, salvo en cierta vinculación a partir de la filosofía. La filosofía es la madre de la literatura. Por otra parte, matemática, música y poesía se alimentan de la imaginación. En mi caso, tuve que aprender matemática para poder describir a Rong con mayor verosimilitud.

P.: Cuándo Rong es reclutado por el Servicio Secreto Chino y se le impone descifrar dos códigos de espionaje que nadie ha logrado, ¿en que interviene el autor ante eso?

M.J.: Sus retos son mis retos. Tengo que inventar los desafíos y solucionarlos. Eso hizo que me llevara tanto escribir "El don". Tuve que planificar cómo Rong era llevado en 1956 a la ultrasecreta Unidad 701 para desencriptar los códigos empleados por los países enemigos para intercambiar mensajes. Tiene que descifrar los códigos Púrpura y Negro que tienen tan alto grado de dificultad que los mejores matemáticos reclutados para eso no pudieron resolverlos. Eso me llevó a vivír la tortura de escribir y reescribir mucho. Durante mis días en la academia militar tuve que trabajar en el área de criptografía y allí supe que el talento es algo que no se puede forzar. Para tener la capacidad de contar una historia con sensibilidad literaria, de entrar en la mente de los personajes, se necesita tener talento. En mi caso creo que logré inventar en China un nuevo tipo de novela donde la intriga no empalideciera el dilema humano. Estoy muy contento con la repercusión que ha tenido "El don" porque el escritor aspira al reconocimiento de los lectores, eso lo compensa de los sacrificios realizados. Por otro lado el éxito trae la presión de la expectativa de las nuevas obras, que a la vez es más exigente, y se tiene miedo de no poder responder a lo que ya me reclaman los lectores.

P.: ¿Haber sido usted periodista lo llevó a hacer en su novela que Rong se conociera por las entrevistas que se le realizan a gente que lo conoció? Y para completar, al final el reportero entrega hasta el diario que escribía Rong.

M.J.: Las búsquedas del periodista otorgan verosimilitud a los testimonio sobre Rong. Este se vuelve un ser verdadero, alcanza carnadura, a través de las palabras de los otros, y de sus propias palabras.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.J.: En China después de este primer libro, salieron cuatro libros más: "En la oscuridad", "El mensaje". "Susurros en el viento" y "Al filo de la navaja". Todos tienen algo que ver con el mundo de "El don", pero un escritor siempre busca algo nuevo y estoy intentando cambiar, pero estoy en pleno proceso de trabajo de una historia de amor.



Entrevista de Máximo Soto

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