La economía detrás de las elecciones

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En el primer trimestre de 2003 la economía argentina empezó a crecer fuerte e ininterrumpidamente, después de 17 trimestres consecutivos de contracción que llevaron a una caída acumulada del producto de casi el 20%.

En el segundo trimestre de 2003, cuando asumió Néstor Kirchner de la mano de Eduardo Duhalde, el producto estaba creciendo al 8% en relación con igual trimestre del año anterior. Cuando llegaron las elecciones legislativas del tercer trimestre de ese año, la economía crecía al 10% anual. Para 2005 el crecimiento acumulado era del 30% y para 2007, ya sin Roberto

Lavagna como ministro de Economía, el crecimiento acumulado desde el 2003 era de más del 50%.

En este contexto de recuperación y crecimiento espectacular, más allá de si ello no fue mérito del Gobierno sino del ajuste de 2002 y de las óptimas condiciones internacionales, Kirchner triunfó en cuanta elección nacional hubo. Ganó la carrera presidencial en 2003 y, con Cristina como candidata, en 2007. Además, el peronismo que respondía al matrimonio presidencial barrió en las sucesivas elecciones legislativas nacionales de 2003, 2005 y 2007. El Gobierno nacional pudo hacer y deshacer a su capricho, al contar con una mayoría propia en un Congreso que controló sin fisuras a través de los líderes de su mayoría en diputados (Agustín Rossi) y senadores (Miguel Pichetto), por lo menos hasta el conflicto con el campo por la Resolución 125/08.

Terreno negativo

En vista de este desempeño de la economía, el éxito político que tuvieron los Kirchner hasta 2007 no resulta sorprendente. Pero en el segundo mandato del matrimonio presidencial no sólo se desaceleró el crecimiento, sino que según datos de analistas privados entró en terreno negativo este año (en contraste, el Gobierno acaba de anunciar un 2% de crecimiento en el primer trimestre, habiendo antes descalificado por tendenciosas las proyecciones negativas de crecimiento del FMI para 2009).

En vista de esta adversa realidad económica, tampoco es sorprendente que ahora haya caído el apoyo de los votantes al «modelo» presidencial. Más que un rechazo al estilo presidencial, que desde siempre molestó a unos pocos, una gran mayoría percibe ahora serios problemas de gestión. La ciudadanía nunca entendió bien qué era la «la matriz de acumulación diversificada con inclusión social», pero sí tuvo bien en claro las tasas chinas de crecimiento ya que éstas se tradujeron en mayores salarios, más empleo y menos pobreza. Pero los vientos han cambiado. No en las cifras del INDEC, que siguen mostrando a Cristina en el país de las maravillas, pero sí en los datos duros de los analistas que muestran que el emperador se está quedando desnudo.

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