17 de noviembre 2016 - 00:00

La hostilidad con los medios se traslada ahora a la Casa Blanca

Durante toda su campaña, el empresario desdeñó al periodismo, que, a su vez, se volcó masivamente a favor de Hillary Clinton. Desde los comicios, montó un bloqueo informativo.

BLANCO.  The New York Times “está molesto porque quedó como un tonto por su cobertura sobre mí”, escribió ayer el presidente electo.
BLANCO. The New York Times “está molesto porque quedó como un tonto por su cobertura sobre mí”, escribió ayer el presidente electo.
Washington - Tras su asombrosa victoria en las elecciones de EE.UU., el nuevo presidente electo, Donald Trump, sigue conservando un viejo hábito: un desprecio a la prensa que amenaza con instalarse en la Casa Blanca y provoca inquietud en el país.

Trump tildó a los medios (los críticos con él, que son la mayoría) de "deshonestos", "repugnantes" y "basura" en los actos de su incendiaria campaña política, pero el triunfo en las urnas no sirvió de bálsamo para silenciar los tambores de guerra.

Sólo dos días después de imponerse a la demócrata Hillary Clinton en los comicios del 8 de noviembre, el magnate republicano cargó sin miramientos contra los periodistas, a quienes acusó de alentar las protestas contra el resultado electoral que sacudieron las calles de numerosas ciudades estadounidenses. "Acabo de tener unas elecciones presidenciales muy abiertas y exitosas. Ahora, manifestantes profesionales, incitados por los medios, están protestando. ¡Muy injusto!", escribió en su hiperactiva cuenta de la red social Twitter.

Al día siguiente, con motivo de su primera entrevista televisiva como mandatario electo con Lesley Stahl, de la cadena CBS, Trump ninguneó a los medios.

"Creo que la prensa demostró que es mucho más débil de lo que piensa la gente. Nadie fue jamás golpeado por la prensa como yo. Y aquí estoy", comentó quien llegó a negar las credenciales de prensa para sus actos de campaña a medios tan reputados como Politico, The Washington Post o BuzzFeed.

Y ya ayer, Trump atacó en Twitter a The New York Times, al que acusó de publicar noticias "totalmente falsas" sobre el proceso de transición a la Casa Blanca, que el diario describió como "caótico" por desacuerdos y despidos en el equipo a cargo de ese traspaso.

"Está realmente molesto por parecer tonto en la cobertura que hace de mí", agregó el magnate, quien el pasado domingo tuiteó que el periódico perdía "miles de suscriptores" por su "cobertura muy pobre e inexacta del fenómeno Trump".

Aparte de sus diatribas contra el llamado "cuarto poder", el multimillonario causó malestar por impedir que los periodistas viajaran con él mientras se desplazaba de Nueva York a Washington el pasado jueves para reunirse con el presidente de EE.UU., Barack Obama.

Trump violó así una tradición arraigada en el país, según la cual un "pool" de reporteros acompaña en sus viajes tanto al presidente como al mandatario electo, a fin de que los ciudadanos conozcan el paradero del jefe del Estado.

El presidente de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Jeff Mason, reprochó que "esa decisión podría dejar a los estadounidenses ciegos sobre su paradero y bienestar en el caso de una crisis nacional". En 2001, por ejemplo, la ciudadanía supo -gracias al "pool"- que el entonces presidente, George W. Bush, recibió en una escuela de Florida la noticia de los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington.

Ante el alud de críticas, Hope Hicks, vocero de Trump, emitió un comunicado: "Esperamos operar un 'pool' tradicional y deseamos desarrollar nuestros planes en un futuro próximo".

El equipo de transición del empresario tampoco facilita su agenda diaria, como pasó en anteriores traspasos presidenciales, para desazón del grupo de periodistas que intenta cubrir en la Torre Trump de Nueva York las continuas idas y venidas de personas de confianza del multimillonario para confeccionar su gabinete.

Ocho días después de las elecciones, Trump tampoco ofreció una rueda de prensa para dar explicaciones de cuestiones como el polémico nombramiento como estratega principal de su Gobierno de Steve Bannon, criticado por sus comentarios racistas y misóginos.

Tras ganar las elecciones de 2008, Obama, por citar un caso, dio su primera conferencia de prensa en calidad de presidente electo el 7 de noviembre, tres días después de los comicios.

Según pudo comprobar Stahl en su entrevista, el "rencor (de Trump) hacia la prensa es total, vivo y profundo", incluso después de su reconfortante victoria.

Agencia EFE

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