4 de junio 2009 - 00:00

La idea daba para más, pero entretiene

«Adventureland» parte de una idea brillante y tiene buenas actuaciones, pero a partir de la mitad empieza a desbarrancarse hacia una comedia adolescente convencional.
«Adventureland» parte de una idea brillante y tiene buenas actuaciones, pero a partir de la mitad empieza a desbarrancarse hacia una comedia adolescente convencional.
«Adventureland» (EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: G. Mottola. Int.: J. Eisenberg, R. Reynolds, K. Stewart, M. Starr, Paige Howard, K. Wiig, B. Hader, M. Levieva.

La premisa es brillante, y el primer tercio de la película también. Un nerd adolescente bastante patético aún no termina de festejar su graduación cuando su novia lo abandona al enterarse de que el es virgen. Inmediatamente después, sus padres le explican que en realidad no podrán pagarle el viaje a Europa junto a sus amigos que le habían prometido, ni mucho menos costear su entrada a la universidad de Columbia, donde ya estaba aceptado. Corre la década de 1980 en Pittsburgh, y al protagonista no le queda más remedio que aceptar que deberá juntar fondos para sus estudios trabajando en lo único posible, hacer cualquier tarea en el deprimente parque de diversiones local, Adventureland.

Desde el indolente gerente hasta el último eslabón de la cadena jerárquica (uno que organiza el estacionamiento con una sonrisa imperturbable), todos los empleados son un verdadero catálogo de perdedores ridículos, a veces totalmente impresentables, aborrecibles o más o menos queribles. Lo mejor es la presentación de estos personajes y de cada detalle del decadente parque, con juegos mecánicos pésimos que aburren a los más chiquitos y hacen vomitar a adultos y adolescentes -generalmente pasados de marihuana y alcohol-, sin hablar de las estrategias tramposas para evitar que alguien pueda ganar los peluches de osos pandas del puesto de tiro al blanco.

La música de Velvet Underground y Lou Reed acompaña desde la secuencia de títulos las formidables imágenes que logra Greg Mottola, el mismo de la superior «Supercool», que a diferencia de «Adventureland», nunca perdía el tono ácido y corrosivo que aquí va desapareciendo notablemente hacia la segunda mitad del film. Mitad dominada por el triángulo amoroso entre el protagonista (Jesse Eisenberg), una chica rica que trabaja en el parque para humillar a aus padres (Kristen Stewart) y el encargado de mantenimiento del lugar (Ryan Reynolds), músico cool y supuesto amigo de Lou Reed. Pero incluso las características sórdidas de este triángulo se van disolviendo hacia un final digno de la más convencional comedia romántica teenager del Hollywood mainstream.

Una pena, porque las excelentes actuaciones de todo el reparto (especialmente la de actores secundarios como Bill Hader, el manager de Adventureland), la antológica banda sonora ochentista seleccionada por el grupo Yo La Tengo y la estética del parque de diversiones realmente daban para mucho más.

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