La náutica según Pérez-Reverte

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Arturo Pérez-Reverte «Los barcos se pierden en tierra» (Bs.As., Alfaguara, 2012, 376 págs.)

Del autor de «El Club Dumas» se sabe que es un apasionado por el universo del mar, lo ha estudiado y navegado; es escenario de muchas de sus obras. En este libro ordena sus artículos ligados a la náutica publicados entre 1994 y 2011, a los que suma algunas historias inéditas. Relata con entusiasmo, nostalgia, humor y espíritu crítico hechos históricos, batallas legendarias, emocionantes anécdotas, continuando la línea de su libro «Patente de corso». Muestra los conocimientos de la historia de la marina y los marinos, que logró tras investigar en bibliotecas europeas, algo que proviene de su extensa labor como periodista. Señala que así descubrió diferencias entre cómo interpretan los encuentros bélicos en el mar España, los peninsulares y los «perros ingleses», como llama a los marinos británicos. Se regocija de que el almirante Nelson no fue invencible, que el 25 de julio de 1797, en un intento fallido de una escuadra comandada por «El inglés» de invadir Tenerife «se fueron con el rabo entre las piernas dejando 44 muertos por las armas, 123 heridos y 5 desaparecidos, amén del brazo con el que Nelson le palmeaba la retambufa a lady Hamilton». En otro nota dice que el Titanic «no era un barco honrado», porque la tripulación era más de mayordomos, camareros y cocineros, que de marineros.

Los marinos actuales no salen bien parados cuando los compara a los del pasado. Reprocha con su clásico estilo altanero y deslenguado a políticos y funcionarios el que constantemente toman decisiones sin sentido sobre la caza indiscriminada del atún rojo, la piratería contemporánea en las costas de Africa, y la prevenciòn del contrabando por mar, entre otras cosas.

Recuerda de la Argentina cuando navegó al sur del Cabo de Hornos viendo por primera vez ballenas y deseando que los balleneros noruegos y japoneses se hundan. Y también el bar Sunderland de Rosario, frente al Paraná, con «los fantasmas de Osvaldo Soriano fumando el último cigarro, y la voz guasona y cálida del negro Fontanarrosa contando el último partido de Rosario Central». En Montevideo descubre por casualidad la novela «La cacería» del uruguayo Alejandro Paternain «digna de figurar junto a lo mejor de Patrick OBrian, C.S. Forester y Alexander Kent» por ofrecer «una epopeya ruda e inolvidable».

En estas notas está tanto el narrador que logra best sellers, el periodista temperamental y combativo, como el navegante responsable y riguroso cuando de andar por el mar se trata. Las notas a mano alzada lo llevan a ser divertido en anécdotas como la de «cazar» veleros extranjeros «atacándolos» con el suyo o al describir a los navegantes «domingueros» en calas llenas de basura flotante con fondeos cruzados, bandera pirata y mùsica «bakalao» a la hora de la siesta. Una obra menor que puede entretener no sólo a los que son fanáticos de las olas y la velas.

E.R.

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